El destino de María Astorgano, (León, 1974) parecía estar escrito desde su nacimiento: de niña comenzó a esquiar en la Estación Invernal de San Isidro, compitió y conquistó distintos campeonatos regionales en su etapa como corredora de la FDICyL y hoy es directora técnica de su propio club y cnico deportivo superior de esquí alpino, entrenando a jóvenes promesas de la nieve.

Esta leonesa de gran sonrisa e inagotables energías también alcanzó puestos institucionales de gran responsabilidad como gestora pero, sin duda, su mayor logro profesional fue la creación, junto a su hermano Manuel, del Club de Esquí MAF, del que es orgullosa directora técnica e incansable relaciones públicas. A ellos, su «gran familia deportiva», les contagia cada día su pasión por el esquí alpino y el trabajo en equipo.  ¡Hoy os traemos las inspiradoras reflexiones de esta deportista todoterreno apasionada por la nieve y por sus niños, sus «pequeñas balas rojas»!

«Para mí no existen los deportes individuales. Detrás del deportista siempre hay un equipo, es decir, una familia»
María y su familia al completo eran habituales de las pistas de San Isidro. Fuente: María Astorgano

María Astorgano aprendió a amar la nieve en familia, «ellos fueron los “culpables” de mi pasión por la montaña y por la nieve», afirma.  Cuando apenas contaba con unos meses de vida, sus padres ya la subían a la Estación Invernal de San Isidro, en León, donde más tarde empezaría a esquiar, guiada por ellos. «Íbamos mi hermana, mi hermano, mis padres y yo, al Hostal Pico Agujas que aún saluda a todos los amantes de la estación nada más llegar a ella. Mi padre era un enamorado de León y sus montañas y, sobre todo, del oro blanco, aquella nieve que nos cubría con metros y metros… ¡Qué buenos años!», recuerda.

Cuando cumplió cuatro, sus padres decidieron apuntarse al club de esquí de la estación, donde la leonesa viviría experiencias inolvidables. «Recuerdo a mi madre haciendo punto frente de la chimenea de nuestro apartamento. Yo llegaba emocionada y le contaba lo bien que lo había pasado», comenta. Allí, María haría grandes amigos entre entrenadores y compañeros, algunos de los cuales hoy son deportistas con los que ha compartido parte de su trayectoria. En aquel entonces, María no podía sospechar que toda su vida giraría en torno a la nieve: «Solo quería esquiar, tener perros, gatos, caballos y, eso sí, vivir en San Isidro», concluye.

A la hora de elegir sus estudios, decidió seguir el consejo de sus padres y estudiar Derecho pero, tras tres años en la Universidad, dio el paso de cambiarse a la Facultad de Educación para estudiar la rama deportiva. La joven combinaba su carrera con las competiciones de esquí: «Pertenecía al equipo de la Universidad de León, con los que asistía a Campeonatos de España Universitarios. ¡Cómo lo pasábamos!», dice sonriente. Y, por si fuera poco, en esos años comenzó también sus estudios para ser técnico deportivo de esquí alpino. ¡Era realmente complicado compatibilizarlo todo! 

«Una directora técnica debe ser una líder que acompañe y ayude a su equipo. Debes tener mano izquierda pero que tu derecha nunca se dé por vencida»
El trabajo y la diversión van de la mano en la vida de María. Fuente: María Astorgano

Su carrera deportiva fue una de las mejores experiencias de su vida. Para ella, el deporte conlleva muchos valores que son fundamentales en su vida: «Esforzarse, sacrificarse, superarse, aceptar las derrotas, la empatía, el respeto, la solidaridad, el compañerismo…. Y, por supuesto, el trabajo en equipo. ¡Para mí no existen los deportes individuales! Detrás del deportista siempre hay un equipo, una familia», sentencia. Con este espíritu luchador, María compitió como corredora de esquí alpino de la FDICyL, conquistando títulos como el de campeona de Castilla y León, Asturias y Cantabria durante varios años. Además, fue medalla de bronce SL en la Copa de España en la categoría Ciudadanos. 

El mejor momento de su trayectoria deportiva lo vivió en un Campeonato de España que disputó en Astún, Huesca. «No se me olvidará la sensación en la vida. Salía en primera serie, eso es muy bueno para nosotros, y quedé de primera. ¡Era campeona de España a falta de una manga! Fue una sensación increíble y mi entrenador, Don Paco Bercial, lloraba de emoción», recuerda. Sin embargo, aquella experiencia maravillosa sufrió un giro inesperado: «Llegó la segunda manga y, a falta de 6 puertas, hice un caballito– un error en el que sus pies pasaron uno a cada lado de la baliza en lugar de sortearla – «y toda aquella ilusión y adrenalina se desvanecieron. Esta vez Paco lloraba de pena e impotencia y yo a lágrima tendida, en la meta, intentando animar a mis compañeros pero con el alma por los suelos….¡Fue el peor momento de mi carrera!», explica con resignación. 

Sociable y llena de energía, a día de hoy, María puede presumir de un perfil versátil y todoterreno. Desde hace unos 20 años, es entrenadora nacional, «ahora se llama técnico deportivo superior de esquí alpino», nos aclara. «Hoy me pilláis yendo al Trofeo Apertura Copa de España U16 con seis deportistas». Además, combina esta actividad con la de comercial de marcas deportivas internacionales de nieve y los distintos puestos institucionales que ha ido alcanzando a lo largo de su trayectoria, como el de responsable del Área I+D+i dentro de la Junta Directiva de Real Federación Española de Deportes de Invierno. ¡Un gran reconocimiento a su gestión! «Todo gira en torno a mi pasión, por la nieve, las montañas, el deporte… Compaginarlo es perfecto pero agotador: no paro 7 días a la semana durante más de 7 meses», confiesa con entusiasmo. Por suerte, su hijo Hugo, de 10 años, es un apasionado de la nieve. «¡Me lo ha puesto fácil!», dice entre risas.

La deportista leonesa, transparente y cercana, explica que los dos momentos más felices de su vida fueron el día que nació su hijo y el 23 de abril de 2009, el día que fundó el Club de Esquí MAF, su «familia de la nieve». 

«El MAF no es un proyecto en mi vida, es MI VIDA y mi familia, tanto de sangre como deportiva. Todo gira entorno a mis niños, mis pequeñas balas rojas, y sus familias. Soy afortunada y feliz»
Sus "pequeñas balas rojas" son el mayor orgullo de María y su equipo en el Club de Esquí MAF. Fuente: IG MAF

El nacimiento de su club de esquí tuvo lugar tras cuatro años como directora técnica del Centro de Tecnificación de Castilla y León de Deportes de Invierno. En él trabajó intensamente pero también descubrió que ciertos intereses políticos no le permitían luchar como quería por los niños deportistas. «No lo dudé: dimití», sentencia. Y así, encontró el espacio necesario para crear su propia escuela, el MAF: «No es un proyecto en mi vida, es MI VIDA y mi familia, tanto de sangre como deportiva. Para mí, todo gira en torno a mis niños, mis pequeñas balas rojas, y sus familias. Soy afortunada y feliz«, reconoce con alegría.

En este proceso, tuvieron mucho que ver su hermano Manuel, sus amigos Agustín Flórez, Miguel Ruíz y sus padres. «Hice a mi padre el más feliz del mundo viéndome disfrutar con mis niños en familia, con mi hermano siempre a mi lado», explica. Como directora técnica tiene muchas responsabilidades: «Yo marco la línea técnica a seguir por mi muy querido y GRAN cuerpo técnico, pero soy una más. Al final, todos somos todo: técnicos, conductores, enfermeros, psicólogos, amigos, acompañantes, comerciales, repartidores, dietistas, entrenadores físicos… Somos versátiles, involucrados y apasionados», explica con orgullo. Y añade una de las claves de su cargo: «Una buena directora técnica debe ser una líder que acompañe y ayude a su equipo. Debes tener mano izquierda pero que tu derecha nunca se dé por vencida», subraya.

La visión de María para su escuela, sin embargo, va mucho más allá de lo deportivo. En su web, www.mafesquiclub.com, destaca un objetivo por encima del resto: «Queremos que todos nuestros deportistas sean un modelo a seguir, tanto por su nivel de esquí como por su comportamiento y valores educacionales». Unos valores, en su caso, íntimamente relacionados con el deporte y con la familia. ¡La de sangre y la deportiva!

Un equipo que trabaja duro, ¡pero siempre con alegría! Fuente: María Astorgano

María y su equipo trabajan cada día, de sol a sol, para transmitir a sus alumnos su fuerza, su alegría y su pasión por la nieve. Una tarea ardua que se ve recompensada al «ver esas caritas cuando llegan a meta y consiguen su objetivo, cuando su ilusión se plasma en una medalla, en un logro. Al ver sus ojos cuando me dicen: Gracias, ahora también es mi pasión”, explica.

A ellos, los llena de consejos sobre esquí alpino pero también sobre la vida: «Se tú mismo, que no te frene nada ni nadie», repite. Parece que quisiera agradecer los buenos consejos que ella misma recibió años atrás: «Mi padre nunca se cansaba de decirnos: En esta vida hay que ser justo, muy justo, le duela a quien le duela, aunque sea a ti. Lo llevo grabado a fuego en mi cabeza y mi corazón», confiesa.  Ella, tan amante del deporte en familia, ha logrado hacer crecer la suya hasta límites insospechados, rodeada de este ambiente deportivo, optimista, de esfuerzo y superación. ¡Gracias por tu ejemplo, María, y mucha suerte para ti y tus pequeñas balas rojas!

María disfruta con su hijo en San Isidro, poco antes del primer confinamiento de 2020. Fuente: María Astorgano

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