Un accidente laboral le cambió la vida para siempre y le abrió las puertas a un periplo lleno de superación y valentía. Rakel Mateo (Mungia, Euskadi, 1975), es una increíble paratriatleta de 46 años que superó una limitación física en una pierna para hacerse un lugar entre los principales exponentes del paratriatlón mundial. La atleta sufrió la amputación de su pierna tan solo seis meses antes de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, pero su tenacidad le hizo luchar con todas sus fuerzas para lograr, no solo la clasificación, sino también un séptimo puesto en su categoría, con el diploma olímpico que le acompaña.

Hoy conoceremos la historia de esta asombrosa mujer que es capaz de afrontar situaciones de gran dureza con una sonrisa gracias a su espíritu resiliente y su lema: «No me gustan los dramas». Los contratiempos surgen una y otra vez, pero ella no ha dejado de sobreponerse. Es un ejemplo de lucha, disciplina e inteligencia. ¡Pura inspiración dentro y fuera del deporte!

Un accidente laboral le dejó una limitación física en su pierna izquierda. Ella la superó para hacerse un lugar entre los principales exponentes del paratriatlón mundial
Años después de su accidente, Rakel retomó la actividad deportiva y descubrió que le apasionaba la competición. Fuente: IG @rakelmateo13

Todo transcurría de forma tranquila en la vida de Rakel, mientras se recuperaba de una anorexia nerviosa que había sufrido durante diez años. Sin embargo, un día de agosto de 2001, ocurrió algo inesperado en su vida  que la cambió por completo: le cayó en la pierna izquierda un bidón de unos 100 kilos que manipulaba en el supermercado en el que trabajaba. En un primer momento, simplemente le pusieron una escayola porque pensaban que tenía esguince de rodilla y tobillo, pero, desafortunadamente, eso no era lo único que le ocurría. Pronto quedó de manifiesto que tenía una grave lesión que no le permitía andar bien y le generaba caídas constantes, lo que suponía el peligro de agravar la lesión que ya tenía. Por ese motivo, unos años después le operaron para mejorar su calidad de vida y tratar de solucionar su problema. Tras esta, le quedaron lesiones neuropáticas que le impedían doblar la pierna y levantar los dedos de los pies, una secuelas graves que le ocasionaron terribles dolores y le obligaron a andar con muletas durante muchos años. En todo este tiempo, ha tenido que someterse a diversos tratamientos y tomar innumerables medicaciones para quitar el dolor y continuar con su vida. Una situación terrible que, lejos de hundirla, hizo que emergiera toda la determinación, fuerza y valentía de Rakel. 

Tenía claro que necesitaba un refugio, una manera de sentirse mejor, y pronto lo encontró: el deporte. Antes del accidente, Rakel montaba en bici e iba a nadar y correr de vez en cuando. Tras un largo tiempo de rehabilitación, un día se subió a la bici de su hermano. ¿Por qué no intentarlo de nuevo? Se ató la pierna al pedal izquierdo y se lanzó a pedalear de nuevo sobre una bicicleta. Esto le hizo sentirse libre: podía desplazarse a gran velocidad y prescindir de sus muletas, aunque fuera por un rato. Poco a poco, fue recorriendo distancias mayores, hasta que logró salir de su ciudad, Mungia. En aquel momento supo que aquello no había hecho más que empezar. Su siguiente reto fue volver a nadar y a correr. En 2013, participó en el campeonato de triatlón de Zumaia y se dio cuenta de que aquello le apasionaba. En 2014, lograba ya ubicarse entre las mejores de España, ¡e incluso del mundo! Ganó el Campeonato de España de paratriatlón y del mundo en paraduatlón, y fue medalla de oro en las Series Mundiales de triatlón en Madrid en la categoría PT2.  Poco a poco, su palmarés fue creciendo hasta llegar a cumplir un gran sueño: clasificarse para los Juegos Paralímpicos de Río 2016. En aquella cita olímpica, justo una hora antes de competir, le comunicaron que la rueda trasera de su bici perdía aire. Sin apenas tiempo, una persona del equipo técnico le ayudó a encontrar una rueda de repuesto y no solo pudo competir, sino que terminó en octava posición. Tras aquello, Rakel pensaba ya en retirarse pero todo cambió cuando el hombre que le había ayudado, su ángel de la guarda, le hizo llegar una bicicleta de competición a su casa. Este regalo la emocionó y, aunque trató de contactar con él para darle las gracias, nunca consiguió localizarlo. Sin embargo, aquello le hizo tener un nuevo horizonte: Tokio 2020.

En 2014 ganó el Campeonato de España de paratriatlón y del mundo en paraduatlón, y fue medalla de oro en las Series Mundiales de triatlón en Madrid en la categoría PT2
Reinventó su forma de correr, nadar y andar en bicicleta para lograr competir y hacerse con un palmarés envidiable. Fuente: IG @rakelmateo13

El siguiente contratiempo llegó con la pandemia porque los Juegos Olímpicos se retrasaron y su madre enfermó de coronavirus. Una vez más, Rakel no iba a rendirse. No dejó de entrenar como pudo durante todo ese tiempo, a pesar de que su pierna cada vez fallaba más y se caía con mucha frecuencia. Sus dolores iban en aumento y llegaron a ser insoportables, como sucedió en el Mundial de Australia, en el que llegó a la meta arrastrándose del dolor. Llegó un momento en el que los médicos le dijeron que la única manera de mejorar su calidad de vida era amputar la pierna por encima de la rodilla, pero era una decisión que debía tomar ella. Tras meditarlo mucho, Rakel decidió que la amputación era lo mejor para ella. El 17 de febrero se llevó a cabo la operación de la que se recuperó satisfactoriamente. ¡Solo faltaban 6 meses para el inicio de Tokio 2020!

Hubo quien, en ese momento, le preguntó: “¿Y ahora qué vas a hacer?” A lo que ella respondió sin titubear: “Ahora, Tokio 2021”. Habló con la Federación y con el COI y les dijo que quería intentar competir en los Juegos. No quería pensar después qué hubiera pasado si hubiera ido o lamentarse por no haberlo hecho. Para entonces, el dolor se había reducido considerablemente, había pasado de tomar 19 pastillas diarias a dos y no tenía que usar muletas. Para ella, era todo un logro poder bajar la basura o llevar un paraguas. Ante una situación complicada, supo ver todo lo bueno que le había traído la operación, a pesar de que supusiera la pérdida de su pierna.

Debido a los dolores, Rakel decidió que la amputación era lo mejor para ella. Dio el paso a solo 6 meses de acudir a Tokio 2020 y tuvo que empezar de cero
Irene fue una jugadora valiente y carismática que demostró que el buen fútbol no entiende de géneros. Fuente: Wikipedia

El 14 de julio de este año, ya recuperada de la operación, le pusieron una prótesis. El trabajo que realizó en esos meses para aprender a vivir con ella, rehabilitarse y tratar de clasificarse para Tokio fue sobrehumano. Tocaba empezar de cero: una bici distinta, nadar y correr de manera diferente. Sin duda, ¡un reto en toda regla! Nadando notó una mejoría, en cuanto a la bici, había ciertos cambios en el equilibrio a los que se tenía que habituar. La carrera era lo más delicado, ya que el muñón aún estaba sensible y solo podía llevar una prótesis rígida porque su pierna no estaba preparada para sostener la tensión de una rodilla articulada.

Cuando consiguió clasificarse para las paraolimpiadas, empezó una etapa de duros entrenamientos. Fue una carrera a contrarreloj en la que había que tomar muchas decisiones y adaptarse rápido para conseguir llegar en la mejor forma. Rakel fue muy realista en todo momento con su situación y sus opciones a una medalla. Al principio, se conformaba simplemente con estar. Después pensaba en poder terminar la carrera y, al final, en hacerlo en la mejor posición posible. En todo ese tiempo el apoyo de su familia fue imprescindible, sobre todo, el de su sobrina Maider, que es su motor y su mayor fan. Ella define a Rakel como una persona “buena, de buen corazón, maja y muy trabajadora”. El 28 de agosto la paratriatleta compitió en Tokio 2020 quedando la séptima y consiguiendo así un diploma olímpico. Una vez más, lo había conseguido.

Rakel luchó por clasificarse para Tokio 2020 y logró mucho más: un séptimo puesto y un diploma olímpico 
A seis meses de la amputación de su pierna, Rakel no pudo competir al 100%, y sin embargo logró un resultado fantástico en Tokio 2020. Fuente: IG @rakelmateo13

Tokio, además, le deparaba un reencuentro emocionante. Alguien se acercó a ella y tocó su espalda. Al girarse, Rakel descubrió a aquel hombre generoso que le había regalado su bicicleta de competición, haciendo posible su participación en las Olimpiadas. ¡Por fin pudo agradecerle su gesto! Y no fue el único «ángel de la guarda» que encontró en los Juegos. La empresa Ottobock le regaló una rodilla articulada para su prótesis. Ella misma lo contaba así en sus redes sociales: “Vuelvo a casa con un regalo que no esperaba, una rodilla articulada para mi prótesis de carrera, un sueño aunque algo diferente, pero lo más parecido a correr como cuando era niña”. Y así, con su nueva prótesis y recuperando las sensaciones de la infancia volvió a Mungia y el pueblo entero la recibió con un hermoso homenaje, algo que, unido a la nueva prótesis, le dará fuerzas para luchar por su siguiente objetivo: París 2024.

Y siempre, por encima de todo, el lema que le ha permitido ser feliz a pesar de lo que le haya ocurrido: «De todo lo malo se aprende, no hay que ver las cosas como un drama». Gracias, Rakel, tu valentía y perseverancia son una increíble lección de vida de la que todos podemos aprender. ¡Te veremos en París 2024!

Fuente:IG @rakelmateo13

Portada: Facebook Rakel Mateo

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