Alfonsina Strada (Italia, 1891), conocida en su tiempo como «el diablo con falda», fue una pionera del ciclismo femenino que se atrevió a cuestionar, hace casi 100 años, la absurda segregación existente en este deporte a nivel profesional. En un tiempo en el que ver a una mujer en bicicleta hacía dudar de su moral, su gran logro fue ser la única ciclista de la historia que logró competir en el Giro de Italia hasta el día de hoy. Esta deportista apasionada, competitiva y valiente se labró una reconocida trayectoria como deportista profesional, poniendo a prueba todos los cánones y prejuicios de su época, y luchó para hacerse un hueco en un entorno que, en aquel momento, estaba destinado solo a los hombres.

El ciclismo existe como deporte olímpico desde las primeras Olimpiadas de la era moderna en Atenas 1896, sin embargo, y aunque hoy nos parezca increíble, no fue hasta 90 años después, en los Juegos Olímpicos de 1988, cuando se incluyó a las mujeres en las pruebas de ciclismo de ruta y pista. El Giro de Italia, una de las pruebas de ciclismo más famosas del mundo, es una de las tres citas del World Tour, en las cuales aún hoy no se permite competir a mujeres. En este escenario, queda aún más patente que el logro de Alfonsina fue un hito sin precedentes para el deporte femenino mundial. Hoy descubriremos la apasionante historia de una luchadora sobre ruedas que lo dejó todo claro con una sola frase: «Nadie puede detener mi bicicleta». 

Su madre descubrió que participaba en carreras de bicicletas y le dijo que no lo haría más bajo su techo: a los 14 años, Alfonsina se casó con Luigi Strada, que se convirtió en su entrenador
Una mujer decidida que lo dio todo por el ciclismo y logró alcanzar su sueño. Fuente: IG

Alfonsa Rosa María Morini fue el nombre que recibió al nacer. Sus padres eran analfabetos y trabajaban en el campo en la Emilia, una región italiana nororiental, de donde procedían. Su padre tenía una bicicleta vieja, pero que aún funcionaba.  La pequeña Alfonsina decidió quedársela y aprendió a montar en ella. Fue un amor a primera vista: la joven ya no se bajaría más del vehículo de dos ruedas y subida sobre ella conseguiría increíbles hazañas. Antes de cumplir los catorce años ya había participado en varios concursos sin que sus padres se enterasen, ganando por igual a niños y niñas. Alfonsina sabía muy bien que debía esconderse, ya que cuando su madre descubrió que estaba participando en aquellas carreras, le dijo que si quería seguir haciéndolo, debía casarse e irse de casa. Ella no lo dudó: en 1905, con solo catorce años, se casó con el mecánico Luigi Strada y se mudó con él a Milán. Como regalo de bodas, él le regaló una bicicleta, tal y como ella le había pedido, y se convirtió en su entrenador a partir de ese momento.   

En 1907 se instalaron en Turín, ya que allí el ciclismo era un deporte conocido y las mujeres ciclistas no eran motivo de escarnio, como ocurría en otras muchas zonas. En la Italia de principios de siglo, Giuseppina Carignano era considerada la “mejor ciclista italiana”, pero muy pronto Alfonsina le arrebataría ese título gracias a las innumerables victorias que logró cosechar. Allí mismo, en Turín, conoció a Carlo Messori, un paisano suyo de la región Emiliana, que la convenció para competir en el Gran Premio de San Petersburgo, en Rusia, en 1909. Allí viajaron los dos intrépidos deportistas y Strada volvió con una medalla que recibió del mismísimo Zar Nicolás II. 

En 1911, «El diablo con falda» logró  un nuevo récord mundial de la hora para mujeres, que permaneció ocho años imbatido
Una mujer en bicicleta se consideraba ridícula y extravagante, pero esto no supuso un obstáculo para Alfonsina. Fuente: IG

Solo dos años más tarde, en Moncalieri, llegaría un gran hito en la carrera deportiva de esta increíble mujer. Allí estableció un nuevo récord mundial de la hora para mujeres (la distancia mayor recorrida en una hora). Durante sesenta minutos recorrió 37,192 kilómetros, con los que superó la marca establecida ocho años antes por la francesa Louise Roger. Este récord se mantuvo imbatido durante ocho años.

En 1912, empezó a competir en pista de manera estable y muy profesionalizada, consiguiendo éxitos y haciéndose poco a poco más conocida en el entorno del ciclismo. En 1917, en medio de la Primera Guerra Mundial, Alfonsina se presentó en la redacción de la Gazzetta, el periódico deportivo más antiguo de Europa, y solicitó su participación en el Giro de Lombardía. No había ninguna norma que le impidiese su registro en esta prueba deportiva, así que fue inscrita como aficionado de segunda clase sin que se pudiera hacer nada por evitarlo. Armando Cougnet, el dueño, no pudo negarse aunque se tratase de una mujer. El 4 de noviembre de 1917 se celebró la carrera en Milán y participaron 43 corredores, entre ellos Gaetano Belloni, Philippe Thys, Costante Girardengo y Henri Pélissier, deportistas que terminarían convirtiéndose en leyendas del ciclismo mundial. La llegada fue en Milán, en el parque Trotter. Strada fue la última de las que completaron la línea de meta, a una hora y media del ganador y junto con otros dos ciclistas, Sigbaldi y Augé. Ella terminó la carrera, hubo veinte corredores que no llegaron a la meta y la abandonaron. Alfonsina había escrito su nombre en la historia: era la primera vez que una mujer se medía con hombres en una carrera ciclista de ruta. 

Fue la primera mujer en competir con hombres en una carrera ciclista de ruta: el Giro de Lombardía, en 1917. Cruzó la meta entre los tres últimos corredores y al año siguiente lo hizo entre los 20 primeros
Alfonsina se adelantó a su tiempo y consiguió grandes logros contra todos los pronósticos. Fuente: IG

Su participación en una carrera tan importante causó un gran revuelo social, se consideró una excentricidad que la corriera, por lo que tuvo que soportar todo tipo de comentarios. Ella se remitía a sus resultados y argumentaba: «Os demostraré si las mujeres pueden montar en bicicleta igual que los hombres». Sobre todo, era una mujer decidida y las críticas no iban a frenarla: en 1918 se inscribió en la carrera que cubría la distancia Milán-Módena. Por desgracia, tuvo que abandonarla porque sufrió una caída. Pero este contratiempo no la desmotivó: lejos de ser un motivo para apartarse de su deporte, le hizo entrenar con más ganas. En noviembre de ese año volvió a participar en el Giro de Lombardía en la que participaban 49 hombres. De ellos, solo 36 aparecieron en la línea de meta. Una de esas 36 personas fue Alfonsina, que quedó, en esta ocasión, entre los veinte primeros a solo 23 minutos del vencedor.   

En medio de todos estos logros deportivos, Alfonsina apuntaba más y más alto. Su sueño era medirse con los mejores en la carrera más importante del país. Su objetivo estaba claro: quería participar en el famoso Giro de Italia. Debido a sus éxitos en las competiciones en las que participaba, Emilio Colombo y Armando Cougnet, máximos responsables de la Gazzetta dello Sport, le dieron permiso para inscribirse en el Giro de 1924. Tuvo la suerte de que justo en ese momento se había abierto la competición a ciclistas individuales. Las reservas con la participación de una mujer eran más que evidentes y su nombre no fue aceptado definitivamente hasta solo tres días antes del inicio de la carrera. La carrera no prohibía que las mujeres participaran puesto que ni siquiera contemplaba que pudiera darse la posibilidad.  Tan delicada era la situación, que los organizadores la inscribieron con el nombre de “Alfonsino” o “Alfonsín” para despistar y que no se supiese que era una mujer hasta el último momento. Tras una trayectoria impecable como ciclista profesional, por fin Alfonsina pudo formar parte del Giro de ese año con el dorsal 72 y entrar para siempre en la historia del ciclismo.

Fue la única mujer que logró participar en el famoso Giro de Italia, en 1924. Con el dorsal 72, acabó todas las etapas y se convirtió en una estrella del ciclismo
La prensa de la época recoge la participación de Alfonsina en el Giro. Fuente: IG

Aquel año, el Giro atravesaba Italia a lo largo de 3.613 kilómetros, distribuidos en 12 etapas, en medio de las cuales había 11 jornadas de descanso. Un total de 108 ciclistas estaban inscritos, aunque solo 90 fueron los que compitieron, entre ellos, Alfonsina. A pesar de su excelente preparación física, para ella fue muy difícil mantener el mismo ritmo que los competidores masculinos, pero nunca se rindió y alcanzó la meta en todas las etapas. En aquel momento ya empezaba a ser conocida en el país por sus hazañas deportivas y entre el público del Giro había personas que la reconocían y le pedían autógrafos.  

En la séptima etapa sufrió varias caídas. En una de ellas, se hizo daño en la rodilla y se le estropeó el manillar. Cuentan las crónicas de la época que un campesino (en otras versiones un espectador del Giro) le sustituyó el manillar roto por un trozo del palo de una escoba para que pudiera continuar. Estos contratiempos le hicieron superar el tiempo máximo permitido y, aunque inicialmente tuvieron en cuenta que había tenido una caída y varios pinchazos, finalmente la excluyeron de la clasificación general. No estaba muy bien visto que una mujer desafiase a los hombres en un deporte como aquel, ligado a la fortaleza y la virilidad. Un patrocinador del Giro se ofreció a patrocinarla para que siguiera en la carrera aunque fuera de forma extraoficial. La organización le permitió seguir participando aunque no se la tuvo en cuenta en la clasificación. Consciente de la extraordinaria oportunidad que tenía, Alfonsina siguió luchando como si estuviera dentro de la competición. Solo treinta ciclistas terminaron la carrera: ella fue una de esos ciclistas. Cuando llegó a la meta en Milán, fue aclamada por el público. Había nacido una estrella del deporte. A pesar de estar fuera de la clasificación, lo que había conseguido moralmente era importantísimo para la historia de la mujer en el ciclismo y en el deporte. A pesar del buen resultado, o tal vez debido a él, la organización del Giro modificó sus normas para que no se permitiera participar a ninguna mujer a partir de aquel momento. De nuevo, Alfonsina no se rindió: siguió compitiendo y ganó unas 36 carreras de otro tipo contra otros ciclistas reconocidos de la época.

Adquirió tal fama que el mismísimo Benito Mussolini quiso conocerla para saber quién era aquella mujer que había desafiado y vencido a tantos hombres dentro del ciclismo.

Solo treinta ciclistas terminaron el Giro: Alfonsina, excluida de la clasificación general, fue una de ellos. Al llegar, fue aclamada por el público. ¡Había nacido una estrella del deporte!
Alfonsina pudo medirse con los ciclistas más destacados de su época gracias a su fortaleza y su confianza en sí misma. Fuente: IG

Aprovechando su merecida fama, Alfonsina también se dedicó a organizar carreras de exhibición por distintos países de Europa. En 1938, haciendo gala de un espíritu incansable de superación, estableció un nuevo récord de la hora que, en esta ocasión, estuvo vigente durante 18 años. En 1946, enviudó de Luigi Strada y, unos años después, se casó con Carlo Messori, aquel deportista que, años atrás, había confiado en ella y la había animado a participar en la carrera de San Petersburgo. Juntos montaron una tienda de bicicletas en la Vía Varesina, en Milán. Siete años después, Carlo murió dejando incompletas las memorias de su mujer, que había comenzado a escribir un tiempo antes. Solo dos años después, en 1959, Alfonsina falleció al sufrir un ataque al corazón después de que su moto Guzzi se le cayera encima, tras un accidente.

Con los años, Alfonsina Strada se ha convertido en una leyenda y un personaje mítico del ciclismo italiano y mundial. Se la ha homenajeado en distintos libros, como Más rápida que el viento de Tommaso Percivale (2016 Edizioni EL), pero también en obras de teatro, canciones… Es un referente más de la lucha por la igualdad de género. Recientemente, se ha publicado un hermoso libro del ilustrador Joan Negrescolor llamado Yo, Alfonsina  (2021, Thule Ediciones SL) donde se recogen su vida y sus hazañas.

Alfonsina es una leyenda del ciclismo mundial y un emblema de la libertad de las deportistas: “Os demostraré si las mujeres pueden montar en bicicleta igual que los hombres”, decía
Alfonsina sale de su tienda en Milán su bicicleta en los años 50, cuando ya era una leyenda del ciclismo. Fuente: IG

Ya en 1896, Susan Anthony, líder estadounidense por los derechos civiles, opinaba que la bicicleta era el objeto que más había contribuido a la emancipación de la mujer: «Le proporciona sensación de libertad y seguridad en sí misma. Cada vez que veo una mujer sobre una bicicleta me alegro, porque es la imagen de la libertad». 

A su vez, Alfonsina se convirtió, no solo en una leyenda de la historia del deporte, sino en un inspirador emblema de la libertad de las mujeres, rompiendo límites y estereotipos, superando barreras que situaron a las mujeres más cerca de poder medirse con los demás en igualdad de derechos. Gracias a su valentía, talento, fuerza y determinación, hoy nuestro camino y el de todas las mujeres que llegamos detrás es más amable, seguro y libre de lo que fue.

Comments

  1. Excelente Nota que reconoce y recorre la historia de vida de una mujer que dejó en evidencia la desigualdad de derechos , marcando el inicio de una lucha que continúa en el tiempo.

  2. Mujer maravillosa.
    La belga Hélène Dutrieu (1877-1961), campeón de ciclismo y aviadora, fue otro ejemplo de determinación feminina.

    1. Muchas gracias Jean-Pierre por escribirnos. Realmente nos ha interesado muchísimo tu aportación. Vamos a investigar y desde ya nos propondremos un artículo sobre ella. ¡Mil gracias!

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