En ocasiones la historia y quienes la escriben pueden equivocarse y cometer terribles injusticias. Esto fue lo que le ocurrió a Alice Guy- Blaché (Saint-Mandé, Francia, 1873), la primera directora de cine de la historia y la primera persona en concebir la ficción cinematográfica como la conocemos hoy en día. Con solo 23 años, Alice escribió, dirigió, protagonizó y produjo la primera película de ficción de la historia, en 1896, tan solo un año después de la invención del cinematógrafo, que hasta entonces solo había sido empleado para grabar escenas documentales.  

Su visión, adelantada a la época, le valió grandes éxitos durante sus veinte años de carrera profesional, en los que llegó a dirigir centenares de películas mudas, sonoras, musicales, coloreadas… Alice fue una de las figuras principales en aquellos primeros años, cultivó todos los géneros y adivinó el gran futuro que tenía la industria del entretenimiento, llegando a firmar obras maestras que demostraban el dominio que alcanzó de la técnica y la narrativa del séptimo arte.

Guionista, directora, productora y empresaria de éxito, la mente brillante de Alice no veía impedimentos para que una mujer llegase tan alto como mereciese en su profesión. Sin embargo, los historiadores de cine han ignorado su figura y la importancia de sus aportaciones, atribuyendo sus obras a los hombres con los que trabajaba. Solo en los últimos años de su vida logró hacer valer algunas de sus reclamaciones y la autoría de sus obras le fue tímidamente devuelta de forma progresiva.  

Hoy conocemos los detalles de su historia gracias al fantástico documental La pionera. La historia desconocida de Alice Guy-Blaché (2018) de Pamela B. Green,  un increíble trabajo de investigación con el objetivo de restituir la memoria de esta visionaria pionera. ¿Cómo es posible que una figura tan importante del cine, a la altura de celebridades como Méliès o los Lumière, fuese olvidada de forma tan rotunda? Todas las respuestas posibles a esta pregunta se esconden en la apasionante vida de Alice Guy-Blaché, la madre del cine.

Sonido, cámara… ¡Acción!

Fue la primera directora de cine de la historia y la primera persona en dirigir una película de ficción en 1896
Alice tiene una educación cuidada y escribe historias desde pequeña. Fuente: IG @efemeridefotografica

Alice pasó su infancia en Francia, Suiza y Chile. Su padre, editor, tenía un negocio de publicación y venta de libros y su madre le ayudaba en estas tareas, por lo que le inculcaron la pasión por la cultura, sobre todo por la narrativa. De hecho, de pequeña devoraba los libros y escribía sus propias historias. Así fue como empezó a comprender los mecanismos de la ficción.  En 1891, muere su padre, por lo que ella y su madre se ven obligadas a buscar una fuente de ingresos. Alice aprende taquigrafía, una nueva especialidad que permitía a las mujeres incorporarse al mundo laboral, especialmente a las de clase media y alta, dándoles acceso a trabajar en oficinas.

Alice consigue trabajo como secretaria en la empresa Le Comptoir Général de la Photographie donde trabaja Léon Gaumont, un ingeniero e inventor que más adelante compra la compañía y le da una gran proyección. En esta época, los inventores luchan por crear un sistema de captura de imágenes en movimiento que sea viable a nivel comercial. Gaumont está inmerso en esa carrera cuando los Lumiere le invitan, en 1895, a la mítica proyección del Salón Indio del Gran Café París en la que presentan su nuevo invento, el cinematógrafo. Aquel es el nacimiento del cine. Alice le acompaña a aquel evento como su asistente y queda muy impresionada, al igual  que todas las personas que asisten. Están viendo algo maravilloso y absolutamente nuevo: imágenes en movimiento en una pantalla. La joven secretaria piensa que con aquel cinematógrafo puede hacerse algo mejor que documentar la vida diaria. ¿Por qué no contar historias? A pesar de no tener conocimientos previos de fotografía, la joven cree que tiene delante un posible negocio de producción de películas.  Así que decide proponerle a su jefe, Gaumont, que le deje rodar una escena. Él necesita algunas para mostrar a los clientes interesados en sus cámaras, por lo que accede, a condición de que su asistente «no descuide la correspondencia».

El estudio del fotógrafo está a punto de dar un paso histórico, ya que alberga la que es considerada la primera película narrativa o de ficción de la historia: El hada de las coles (1896), protagonizada, escrita, dirigida y producida por la joven cineasta.

Alice acude a la presentación del cinematógrafo y piensa que puede hacerse algo mejor con él que documentar la vida diaria. ¿Por qué no contar historias?

Aquella cinta tiene una duración de apenas un minuto y está basada en un cuento tradicional según el cual los niños nacen de los repollos. Contra todo pronóstico, lo que parecía el entretenimiento de una joven secretaria, tiene un enorme éxito, por lo que Alice continúa escribiendo y dirigiendo otras películas. Es nombrada jefa de producción de la compañía, supervisando las películas empleadas para vender las cámaras de Gaumont.

Como el cine aún no tiene ninguna regla, los primeros cineastas no se ponen límites y experimentaban sin sospechar la relevancia que llegará a adquirir aquella incipiente tecnología. Con esa primera generación de cámaras, que dan todo tipo de problemas, las empresas envían a sus operadores a grabar  atracciones, lugares lejanos y exóticos que fascinan a los espectadores. Pero la apuesta de Alice va más allá: contar historias. Esto supone una revolución, y París es el lugar perfecto para que suceda, como capital de la modernidad. En su puesto, Alice tiene una gran responsabilidad pero no le dan importancia porque, en el fondo, todos creen que el cine será una moda pasajera y que el interés por él acabará decayendo. Alice crea el estilo de la empresa. Sus películas son sofisticadas, mágicas y emocionales. Gaumont las distribuye de forma nacional e internacional, en blanco y negro, y en versiones coloreadas. Alice lo ha conseguido. Su prolífica carrera no ha hecho más que empezar. 

Las grabaciones y películas poco a poco van mejorando. En 1902, aparece el cronófono, un invento de Gaumont y Laudet para añadir sonido sincronizado a las películas.  Alice dirige unas 140 películas sonoras llamadas films parlantes o fonoescenas, los primeros vídeos musicales de la historia. Hoy en día se considera que ella y Thomas Edison, que idea un sistema para recoger el sonido en la propia escena, son los creadores del cine sonoro.

El hada de las coles supone una revolución y da paso a una prolífica carrera con centenares de películas

La productora de Gaumont va creciendo hasta crear su propio estudio de cine, en el parque de Buttes-Chaumont. Es el escenario más grande del mundo en aquella época, y simboliza la sistematización del cine. Allí Alice dirige películas, compra guiones, organiza la producción y contrata escritores, escenógrafos y directoresEn 1905, es nombrada supervisora del resto de directores de la compañía. Al año siguiente, rueda La vida de Cristo, la primera superproducción de la historia. Se trata de una pieza extraordinaria para la época: dura 30 minutos, cuenta con 25 decorados y efectos especiales e intervienen en ella unos 300 extras. Es, sin duda, una demostración de la maestría que ha alcanzado Guy-Blaché y todo un éxito comercial. En su presentación en la Sociedad de Fotografía, Alice es presentada como directora. La audiencia ovaciona de forma entusiasta cada una de las escenas de la cinta a medida que se van sucediendo.

Más allá de la innovación y la calidad, el cine de Alice es distinto al resto. Su mirada es femenina, muy alejada de la que se impondrá más tarde en la industria de Hollywood. Sus temáticas son la moda, los niños, la paternidad, los roles hombre y mujer, las comedias de seducción y de persecuciones. Muchas de sus historias cuentan con protagonistas femeninas en papeles empoderantes, que llevan la acción o están al mando. Además, Alice es la única en dar papeles protagónicos a niños o embarazadas con espectaculares resultados. Su visión del mundo es moderna, crítica, atrevida, divertida. Usa distintas técnicas como los planos cortos, la perspectiva, la reproducción inversa y los coloreados a mano, entre otros. Cultiva todo tipo de géneros y se la considera la primera gran directora cómica, que ya entonces domina los ritmos de este género tan difícil. En Consecuencias del feminismo (1906), una crítica satírica sobre el miedo de los hombres al feminismo, muestra un mundo absurdo en el que hombres y mujeres se intercambian los roles, logrando un resultado sorprendente y una película moderna y atemporal.

Su cine es distinto al resto, dando papeles protagonistas a niños y mujeres empoderadas. Su visión es moderna, crítica, atrevida, divertida
Alice dirigiendo el rodaje de una ópera con el cronófono en el estudio de Gaumont (1906). Fuente: Artforum

En 1906, conoce al que sería su marido y padre de sus dos hijos, Hebert Blaché, un operador de cámara recién llegado desde la sede británica de la empresa.  La cineasta francesa entabla una relación con él pero retrasa la boda cuanto puede: «Realmente no quería irme de Francia. De hecho, realmente no quería casarme con un inglés: no son muy simpáticos», bromea en el documental La pionera. Tras unos meses, se despide de Gaumont para acompañar a su marido a los EEUU. Al llegar, se queda embarazada de su hija Simone y dirige algunas películas, coincidiendo con la actriz Lois Weber que llegará a ser, bajo la supervisión de Alice, la primera directora de cine estadounidense.

«Soy una mujer de actividad. Aún quiero trabajar y creo que puedo ganar dinero», escribe a un antiguo asistente. En 1910, funda su propia empresa: SOLAX Company,  en la que dirige y supervisa todos los aspectos de la producción de sus películas. Su éxito internacional le lleva a contratar más directores y un elenco fijo de actores: los Solax Players. En sus inmensos estudios de Fort Lee cuentan con cinco sets de rodaje, departamento de ventas, publicidad, laboratorio, zona de guion, sala de proyecciones…. Hebert y Alice lanzan una segunda productora. Ella da a luz su segundo hijo mientras producen todos los géneros de la época: western, drama, bélicas, ciencia ficción, comedias… Su estudio se convierte en uno de los cinco más poderosos del momento. 

Con la llegada de la primera guerra mundial, empieza a cambiar la forma de hacer películas, siguiendo un modelo menos artístico, más orientado a la rentabilidad y los negocios. En los años 20, los grandes inversores entran de lleno en la industria cambiando el modelo de producción y desterrando la presencia femenina de los equipos de trabajo. El modelo hollywoodiense estaba tomando forma. 

En 1910 funda su propia empresa: SOLAX Company,  en la que dirige y supervisa todos los aspectos de la producción con un gran éxito internacional
Domina la narrativa, la técnica y los detalles de la producción: es una cineasta 360º. Fuente: IG @micagroove

En 1917, su matrimonio se rompe y Hebert decide dejar a su familia para trabajar en Hollywood como director. Alice se ve asediada por las deudas, por lo que vende su estudio y vuelve a Francia con sus hijos en 1922. Para su sorpresa, todas las puertas se le cierran en Europa, donde no conciben dar puestos de responsabilidad a una mujer. «La gente no contrata mujeres con el pelo blanco. Tras vivir en América, he sido olvidada», se lamenta. La familia sobrevive vendiendo sus joyas y muebles. Alice da conferencias sobre cine y escribe novelas a partir de guiones, hasta que Simone tiene edad de trabajar y empieza a ingresar dinero. Lo más doloroso es que el cine francés no quiere reconocer su figura entre los pioneros del séptimo arte. Sus compañeros de gremio han eliminado su autoría de todos los registros existentes. 

Gaumont planea publicar la historia de su compañía, pero decide hacerlo comenzando el relato en 1906, poco antes de la marcha de Alice, obviando los trabajos realizados por ella durante los primeros 12 años de producción.  El empresario le pide una revisión del texto final y ella, decidida a hacer valer la verdad, le contesta: «Me ha sorprendido ver que las películas que he dirigido se atribuyen a Feuillade». Gaumont sugiere que sus correcciones sean incluidas en la segunda edición del libro, pero el empresario muere antes de que esta llegue a ver la luz. De esta forma, desaparece del registro oficial la indispensable labor que Alice ha llevado a cabo, como si nunca hubiera sucedido.

A partir de este momento, distintos críticos e historiadores del cine francés niegan a lo largo de las décadas siguientes la autoría de las películas de Alice y sus aportaciones, atribuyéndolas a su marido, compañeros, asistentes, actores… Al parecer, su figura les resulta incómoda e inverosímil. No quieren creer lo que la propia cineasta escribe años antes en el periódico The Moving Picture World: «No hay nada de la puesta en escena de una película que una mujer no pueda hacer tan fácilmente como un hombre y no hay motivos por los que no pueda dominar los tecnicismos del arte».

En 1922 vuelve a Francia pero le resulta imposible volver a dirigir: «La gente no contrata mujeres con el pelo blanco. Tras vivir en América, he sido olvidada»
Solo se ha podido recuperar una pequeña parte de los cientos de películas que dirigió y produjo. Fuente: IG @ihavenothingtowatch

A este injusto olvido contribuye que el 75% de las películas del cine mudo se pierde o destruye tras la primera guerra mundial. Además, el material con el que se fabricaban se degrada con el uso continuado y es altamente tóxico e inflamable. Muchas de estas cintas están guardadas en archivos cinematográficos en distintos países, pero no resulta posible reproducirlas debido a su antiguo formato y su restauración sería demasiado costosa. Por este motivo, el legado de Alice permanece oculto para el gran público, lo que impide que sea valorado y apreciado.

Alice dedica el resto de su vida a viajar con su hija Simone tratando de encontrar sus películas. Tras años en su búsqueda entre archivos oficiales y coleccionistas privados, logra recuperar dos de ellas y un fragmento de una tercera. También se encarga de hablar con historiadores para realizar correcciones de sus trabajos, aportando las películas que ha dirigido: «Solo reclamo el título de primera mujer directora de cine, al que solo yo tuve derecho durante 17 años«, explica. Finalmente, decide escribir su biografía. Sin embargo, no logra encontrar una editorial interesada en publicarla, tal vez porque hacerlo implica sacar a la luz el tratamiento injusto que ha recibido.

Al menos, en 1953, es reconocida con la Legión de Honor, aunque los medios apenas se hacen eco de la noticia. Alice Guy muere en New Jersey, donde vive con su hija Simone, en 1968. Ocho años después, sus memorias son publicadas en Francia

«No hay nada de la puesta en escena de una película que una mujer no pueda hacer tan fácilmente como un hombre y no hay motivos por los que no pueda dominar los tecnicismos del arte»
La cineasta en uno de los reconocimientos que recibió durante sus últimos años. Fuente: IG @efemeridefotografica

Hoy, su nombre se estudia en las escuelas de cine, se hacen exposiciones sobre su obra, se proyectan sus cortometrajes… Sin embargo, muchos cineastas que llevan toda su vida en la industria no han oído hablar de ella, a pesar de que su obra influyó a grandes nombres del séptimo arte, como Sergei Eisenstein o Alfred Hitchcock.

Por desgracia, Alice es la primera de una larga serie de mujeres cineastas que no adquieren relevancia porque son ignoradas por la crítica y la historia oficial. Debido al gran valor de su figura y aportaciones, resulta vital hacer lo posible por devolverle el lugar que merece y reconocer que, sin ella, los inicios del cine no hubieran sido iguales. Era una mujer auténtica, segura de sí misma, que se dejaba guiar por su instinto y desafiaba el rol que debían asumir las mujeres en aquel momento.  

En su magnífico estudio de cine en EEUU, Alice coloca un gran letrero con una leyenda: «Be natural». Un recordatorio para que los actores de sus películas transmitan toda la verdad que les sea posible. En una época en la que todos los directores piden «posar para la foto», ser natural es una indicación revolucionaria en sí misma. El resultado son escenas vibrantes y películas inolvidables que, 125 años después, siguen emocionando al público.

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