Sara Cantalapiedra (Málaga, 1984) no supo hasta los 24 años que quería ser bombera porque no tenía referentes de otras mujeres que lo hubieran sido antes que ella.  No fue un camino fácil: tuvo que dedicar diez años de esfuerzo, trabajo y sacrificio para conseguir su casco de bombera. A día de hoy, ha encontrado su segunda familia en esta profesión y lo que es más importante aún: su lugar en el mundo. Su historia no acapara grandes titulares, pero es un emocionante relato de superación, ruptura de estereotipos y lucha por conseguir dedicarse a su pasión, más allá de lo que está socialmente aceptado.  

Esta malagueña de gran sonrisa es la más pequeña de tres hermanas. Con una su gemela, Larisa, tiene un vínculo muy especial y ha sido uno de sus mayores apoyos en todo este tiempo. Sara, una mujer de gran fortaleza, siempre mostró interés por el deporte y disfrutaba ayudando a los demás. De niña pensaba en ser publicista o fisioterapeuta, pero al final se decidió por estudiar Administracion y Finanzas. Consiguió un trabajo bonito, fijo y estable que le aportaba todas las comodidades, era lo que cualquier chica de su edad habría deseado. Sin embargo, se dio cuenta de que algo no funcionaba para ella, no soportaba estar todo el día pegada a una mesa sin moverse. No era feliz, ¡necesitaba averiguar qué quería hacer realmente con su vida! Sus aptitudes, sus gustos y sus ganas de ayudar le ayudaron a resolver la ecuación: Sara quería ser bombera.

«Si es complicado para un hombre, para una mujer es mucho más complicado, pero todo es posible, ¡con determinación y constancia, todo llega!»
Sara es amante de los deportes desde niña: practica buceo, atletismo, crossfit, ciclismo... Fuente: Instagram @sarabombera

Luchadora, disciplinada y constante, Sara cumplía todos los requisitos imprescindibles para lograr su sueño. En un principio, su familia se preocupó porque creyeron que su personalidad, valiente e intrépida, podría llevarla a asumir demasiados riesgos y poner su vida en peligro. Con el tiempo, sin embargo, entendieron que Sara había encontrado su pasión, que ser bombera era su sueño, algo que aprendieron a respetar. Su pareja le ayudó a tomar la decisión y fue su gran apoyo en ese momento, junto a su hermana Larisa. Esta le regaló un amuleto para que la acompañase durante todo el proceso y le diese suerte en el camino lleno de dificultades que iba a iniciar.

Sara bautizó aquel camino como “la gran aventura de ser bombera”. Suele decirse que la oposición a bombero es una de las más duras que existen en España, junto a la de notario y la de juez. Sara pudo comprobar que esto es totalmente cierto: ¡le llevó diez años aprobarlas! Enseguida se dio cuenta de que, por el hecho de ser una mujer opositando a bombera, tenía que ganarse el respeto de los demás. «Si es complicado para un hombre, para una mujer es mucho más complicado, pero todo es posible, ¡con determinación y constancia, todo llega!» , explica.  Para ella, es triste que en pleno siglo XXI aún sorprenda que una mujer quiera ser bombera, o se considere que es solo un deseo pasajero, pero así ocurrió en su caso. «Nos han inculcado en la educación que tenemos que demostrar algo y no tenemos que demostrar nada, porque podemos hacer lo mismo que ellos«, sentencia.

Para ella, está muy claro: la palabra «profesional» no tiene género. «No hay trabajos de hombres y de mujeres; es cuestión de ser profesionales”, explica. “Yo soy bombera y realizo el mismo trabajo que mis compañeros, soy una más”.  Como ella misma dice, “que no haya muchas mujeres en una profesión no significa que no sea posible”.  Sí lo ha sido para algunas profesionales, aunque no muchas, ya que la representación de bomberas supone menos del 1% de los bomberos en España. Un porcentaje extremadamente pequeño que, con ejemplos inspiradores como el de Sara, seguramente empezará a crecer.

«La palabra profesional no tiene géneroNo hay trabajos de hombres y de mujeres; es cuestión de ser profesionales”
"¡Estrenando uniforme!", una imagen feliz que Sara compartía en su IG. Fuente: Instagram @sarabombera

Hoy, la chica que tardó tanto en darse cuenta de cuál era su vocación por falta de referentes, se ha convertido en ejemplo e inspiración para futuras generaciones. Consciente de la importancia de dar visibilidad a las bomberas y su perfil profesional, Sara creó su cuenta de Instagram @sarabombera, donde recibe habitualmente dudas e inquietudes de jóvenes que acuden a ella buscando una guía, un consejo. “Quería que las niñas me viesen y pensasen que hay otras posibilidades profesionales para las mujeres, las mismas que para los hombres”, explica. Con esta idea, se apuntó como voluntaria en la Fundación Inspiring  Girls para dar charlas en colegios. «El año pasado, esta fundación, junto con Evax, pusieron en marcha Inspiring Stories, un proyecto en el que participé junto con otras 4 mujeres que también están en profesiones con poca representación femenina», cuenta la malagueña.

Ser bombera es posible, pero no por ello deja de ser una profesión muy complicada, por muchos factores. Para empezar, los requisitos mínimos son haber completado los estudios de Educación Secundaria y tener licencia para conducir camiones. Pero la verdadera complicación consiste en que, para acceder, cada administración pide un temario, pruebas físicas y pruebas complementarias diferentes. A esto se suma que es necesaria una condición física excelente, “casi de deportista de élite” porque las pruebas son muy exigentes. Tienen que serlo, ya que el desempeño de la profesión requiere estar muy en forma para superar las difíciles situaciones a las que se tienen que enfrentar. En el caso de Sara, le encanta el deporte desde que era una niña y practica todos los que puede: buceo (un deporte que le apasiona y del que es instructora) escalada, surf, yoga, crossfit, atletismo, ciclismo… Aun así, hubo alguna prueba que se le resistió y que le costó superar, por ejemplo, la «trepa de cuerda», una prueba muy exigente y que le resultó “complicadísima”. Además, los bomberos cuidan mucho su alimentación para perder peso y ganar masa muscular, lo que aumenta su potencia física y les permite superar esas pruebas tan duras.

Con este ritmo de vida, para Sara fue difícil mantener su vida social. «En el camino se quedaron muchas personas que no entendían el sacrificio que es necesario hacer para conseguir el casco de bombera», recuerda. Por todo esto, un amigo de su padre, al enterarse de cómo era su día a día, se echó las manos a la cabeza y le dijo: “¡Llevas una vida espartana!”. Una frase que resume una vida llena de renuncias que no todo el mundo está capacitado para hacer. Sara tuvo determinación y constancia desde el primer día, se lo tomó como si fuera un trabajo no remunerado a jornada completa durante los diez años que tardó en conseguir su sueño: formar parte del cuerpo de Bomberos.

La primera vida que ayudó a salvar fue la de una anciana en el incendio de su casa: “Nunca olvidaré su cara llena de hollín y cómo sus ojos inquietos buscaban consuelo en los míos. Se llamaba María”
"Colgada en las alturas pero con los pies en la tierra", explica Sara en su IG. Fuente: Instagram @sarabombera

El momento más gratificante de su vida fue «el día que firmé mi contrato de bombera interina y me dieron mi uniforme». Sin duda, todo aquel esfuerzo que había realizado quedó recompensado en su primer día en el Parque de Bomberos de Algeciras, «un día inolvidable”. Cada detalle de aquella jornada quedó grabado en su memoria: “Había temporal en el Estrecho y, desde que llegué, no paramos de tener salidas: achique de agua, ramas partidas, antenas caídas por viento… ¡Incluso el desbordamiento de un río! El día fue tan movidito que incluso tuve que prolongar horas. También hubo tiempo para convivir con mis compañeros, que ese día me prepararon una paella riquísima”. Sin duda, un momento increíble cargado de emociones positivas.

Guarda también, como un tesoro, el recuerdo del día que, junto a sus compañeros, salvó la vida de una persona por primera vez. Fue en el incendio de una vivienda en el que rescataron a una señora mayor con párkinson, que yacía inconsciente en su cuarto de baño. Cuando pudieron sacarla de la vivienda, Sara se quedó con ella, ayudando a los sanitarios a reanimarla. “Nunca olvidaré su cara llena de hollín y cómo sus ojos inquietos buscaban consuelo en los míos. Se llamaba María”, cuenta emocionada. Esta profesión le ha permitido mostrar la gran humanidad de su carácter, pero es también un trabajo en el que debe intervenir en situaciones de emergencia en las que arriesga su propia vida.  “En el momento en el que suena la sirena que indica que tenemos un servicio, te activas y te sube la adrenalina, pero es una activación positiva en la que, en todo momento, estamos concentrados en la situación”, explica.

Para alcanzar esta concentración, un estado fundamental en situaciones difíciles, la bombera malagueña practica yoga, que le ayuda a saber cómo respirar adecuadamente bajo tensión, calmar su mente, centrarse en el momento presente y actuar. Además, los bomberos cuentan con una formación muy específica y los equipos de seguridad necesarios para evitar riesgos al máximo. «Una buena forma física es un factor importante en la seguridad de nuestro trabajo, por eso dedicamos un tiempo a entrenar», explica. Los días de guardia, además, realizan prácticas con sus equipos y herramientas simulando posibles intervenciones, para tener mayor dominio y formación. “Aparte de los incendios, tenemos rescates y excarcelaciones en accidentes de tráfico, aperturas de viviendas, achiques de aguas… ¡Y no podía faltar el rescate de gato!”, comenta divertida. Por eso es fundamental ser una profesional versátil y saber un poco de todo, en caso de intervenciones con electricidad, química, herramientas, construcción, fontanería, motor…

“Quería que las niñas me viesen y pensasen que hay otras posibilidades profesionales para las mujeres, las mismas que para los hombres”
El casco de bombera simboliza el sueño que alcanzó tras 10 años de sacrificio. Fuente: Instagram @sarabombera

Sin duda, la suya es una profesión única, en la que hay que estar siempre preparada psicológicamente para afrontar momentos duros, como el fallecimiento de una persona. Las intervenciones en las que esto ocurre “te hacen darte cuenta de lo frágil que es la vida y que hay que valorar cada día que tenemos”, reflexiona. A pesar de su optimismo y su resiliencia, hay días en los que no es fácil estar al 100%. Sara lo soluciona con un “café solo, sin azúcar, buena actitud y recordarme lo mucho que me ha costado llegar hasta aquí, para así valorar lo que he conseguido y cuidarlo”. Una maravillosa fórmula que todos podríamos aplicar en nuestro día a día, especialmente en medio de la pandemia mundial por COVID-19.  Sobre esta crisis mundial, nos cuenta que también ha afectado a su trabajo y ha abierto un nuevo abanico de intervenciones que se pueden presentar, por ejemplo, la desinfección de residencias de ancianos. Como es lógico, en el parque de bomberos también han de mantener en todo momento las medidas de higiene y protección: mascarillas, distancias de seguridad y desinfección constante. 

Con sus ganas de ayudar a los demás, Sara convierte las causas individuales en grandes proyectos con más visibilidad para intentar generar grandes cambios, como cuando una de las personas más importantes de su vida, su tía Begoña, fue diagnosticada de cáncer de mama. No lo dudó ni un momento y organizó una recogida de fondos para la Asociación Española contra el Cáncer (consulta más información aquí) para apoyarles económicamente, pero también para recordar la importancia de realizarse revisiones para la detección temprana de la enfermedad, demostrando que es una mujer que aprovecha su fortaleza física y mental para hacer lo que haga falta allí donde se la necesite.

“En el momento en el que suena la sirena que indica que tenemos un servicio, te activas y te sube la adrenalina, es una activación positiva porque en todo momento estamos concentrados en la situación”
Los bomberos se preparan para realizar excarcelaciones en accidentes de tráfico. Fuente: Instagram @sarabombera

Su mayor ambición es conseguir su plaza fija. «Por eso continúo estudiando y entrenando cada día. El ser bombera es una carrera de fondo«, subraya. Cuando mira al futuro, Sara no tiene otras grandes ambiciones porque ya ha llegado donde quería estar, ayudando a salvar vidas. ¡Qué más podría pedir! Su ilusión es quedarse en su Tarifa querida: “mi paraíso, porque tiene todo lo que me gusta: playa, montaña, es ideal para practicar deporte, la gente es genial y me pilla cerca del Parque de Bomberos de Algeciras”, explica. Y además, en sus ratos libres, hace deporte, cocina, lee, escucha buena música y, cuando se puede, viaja. Pequeños placeres cotidianos que contrarrestan lo trepidante y arriesgado de su profesión.

Le gustaría ser recordada “como una profesional a la que le apasiona su trabajo y una buena compañera”. Después de conocerla mejor, ¡parece fácil que lo consiga! Uno de sus lemas es: ”No será fácil, pero merecerá la pena”. Y, efectivamente, para ella no lo fue. Se enfrentó a todo tipo de obstáculos con determinación y firmeza. Nunca se rindió, no dejó que las miradas prejuiciosas la intimidasen. Por eso, ahora, con su preciado casco de bombera en la mano, puede decir con total convicción: “Sí, ha merecido la pena”.

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