Cipriana, Josefa y María fueron las brillantes heroínas de una historia que muchos llamaron «El hundimiento del Titanic gallego», ocurrida en 1921 en las costas de la Isla de Sálvora, en Galicia. Estas tres mujeres del rural, sin educación, sin grandes expectativas en la vida, dieron una lección de valentía, grandeza y generosidad que asombró a todos en su tiempo. Sin embargo, pronto fueron olvidadas.

En la historia de la humanidad siempre ha habido mujeres como ellas, cuyas historias, hazañas y legado no llegaron a trascender. Esta invisibilidad que, muy poco a poco, comienza a corregirse, es aún mayor en el caso de las mujeres rurales. En este medio, al que no se suele prestar atención, vivieron y lucharon mujeres fuertes, capaces, que pudieron ser ejemplo e inspiración por su lucha diaria, de extrema dureza, para sobrevivir y alcanzar sus metas. Algunas de ellas no han sido conocidas más allá de las fronteras de sus localidades o pueblos y otras, incluso, fallecieron sin que nadie, ni siquiera sus propios vecinos, conocieran sus grandes conquistas.

Hoy hablamos de una historia extraordinaria, épica, protagonizada por mujeres rurales. Una historia «de película», que rescató recientemente la directora gallega Paula Cons en su película La isla de las mentiras. Una cinta que se convierte, de alguna forma, en un reconocimiento y homenaje a aquellas mujeres rurales que, a pesar de merecerlo, no lograron un hueco en la historia.

Portada del periódico La Voz de Galicia, días después del hundimiento del buque de vapor Santa Isabel. Fuente: https://www.espaciosub.es/

Este es un gran suceso que apenas se conoce. Tal vez, porque ocurrió en un lugar sin importancia, una pequeña isla al borde del océano Atlántico en la costa gallega: la Isla de Sálvora. Situada en la boca de la ría de Arousa, a tres kilómetros de tierra firme, este fragmento de tierra, roca y vegetación agreste que hoy en día no está habitado, contaba en 1921 con unos 60 habitantes, cuya vida, dedicada a la agricultura y a la pesca, bastante dura ya de por sí, se hacía más compleja todavía por el aislamiento geográfico y el difícil acceso a la isla, debido al perímetro rocoso que la rodea casi en su totalidad. A causa de esto, las mujeres de Sálvora eran conocidas por navegar con la habilidad de los marineros más experimentados, ya que salían a diario en sus pequeñas embarcaciones, incluso con temporal, hasta el cercano puerto de Ribeira.   

El faro que domina el paisaje de Sálvora fue utilizado por la Marina como observatorio de tráfico marítimo durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que era un lugar estratégico para la navegación, y también peligroso, como lo es la costa norte de Galicia, la Costa da Morte, donde, en noches de temporal, se perdieron miles de vidas en incontables naufragios. 

Aquel 30 de diciembre de 1921, mientras las familias preparaban su cena de nochevieja, el buque correo Santa Isabel había zarpado del puerto de Bilbao con rumbo a Cádiz. Iba a hacer conexión con el trasatlántico Reina Victoria Eugenia, que partiría el 7 de enero rumbo a Buenos Aires. El Santa Isabel fue construido para cubrir la línea marítima postal entre Bilbao, Cádiz, Canarias y Guinea Ecuatorial pero, en aquella época, había muchísimas personas que deseaban emigrar a Argentina buscando oportunidades de mejorar sus condiciones de vida. Por este motivo, este buque correo pasó a convertirse en un vapor de pasajeros que los recogía y llevaba a los puertos de salida de los trasatlánticos que cruzaban el océano. Tenía una eslora total de 88 metros, podía albergar hasta 460 pasajeros y fue construido en Matagorda, Cádiz. Como en una terrible premonición, su diseño se vio influenciado por el hundimiento del Titanic, que había naufragado solo dos años antes. Para evitar una catástrofe similar, incluyeron 8 botes de evacuación y más de 400 chalecos salvavidas, casi como si pudieran intuir la tragedia que se iba a producir. 

El día 1 de enero, el Santa Isabel hizo escala en A Coruña, desde donde partió rumbo a Vilagarcía pero, al alcanzar Fisterra unas horas después, se encontró con una gran tormenta que hizo que perdiera visibilidad.

El buque Santa Isabel a su paso por la costa gallega. Fuente: https://vadebarcos.net/

Los habitantes de la Isla de Sálvora nunca olvidarían la madrugada del 2 de enero. Aquella noche, muchos de ellos no estaban en sus casas porque acababa de ser Año Nuevo y se habían desplazado a otros lugares para compartir la llegada del año con sus familias. Otros, unos 25 vecinos, permanecieron en la isla.

Nada hacía presagiar lo que ocurriría. Hacia las 01.30 de la madrugada, con 268 pasajeros a bordo, el Santa Isabel chocó con los Baixos de Meixide, una zona rocosa situada a la entrada de la ría de Arousa, a poco menos de 200 metros de las Isla de Sálvora. El agua comenzó a entrar a raudales en el interior del buque a través de la brecha que se había originado en el impacto. El horror y la muerte se precipitaron sin que nadie pudiera evitarlo. Casi todos los pasajeros de tercera clase murieron ahogados mientras dormían en sus literas. De aquellos ocho botes que se habían construido para emplear en caso de hundimiento, solo pudieron usarse tres. De ellos, los dos primeros, al ser arrojados al mar, fueron arrastrados violentamente contra las rocas por el fuerte oleaje, lo que supuso un destino fatal para sus ocupantes.

La X indica el lugar del hundimiento del llamado "Titanic gallego". Fuente: https://www.espanaexterior.com/

Mientras tanto, en la isla, el farero había descubierto el barco encallado, y corrió a alertar a los habitantes de la aldea. Cipriana Oujo, Josefa Parada y María Fernández, de 24, 16 y 14 años, salieron corriendo de sus casas, junto a otros vecinos, para socorrer a las personas que se estaban ahogando frente a su costa. Las jóvenes no lo dudaron ni un segundo y se subieron en una de las tres dornas (pequeñas embarcaciones típicas de la zona) que surcaron el mar al rescate de los pasajeros del Santa Isabel, que desaparecían sin remedio entre las olas de seis metros y la espesa niebla. Otra dorna llevaba a tres marineros expertos y la tercera salió hacia la cercana población de Ribeira a dar aviso del naufragio. El barco de vapor se había quedado sin electricidad tras lanzar un primer aviso de socorro, que fue recibido en la estación radiográfica de Fisterra. Desde allí trataron de contestarlo pero la comunicación ya se había perdido definitivamente. 

Las tres jóvenes inmortalizadas en un cuadro de Seijo Rojizo. Fuente: www.animosa.es

En la playa, escuchando aquel horror de gritos en la oscuridad, una cuarta mujer, Cipriana Crujeiras, esperaba en tierra a los supervivientes, les daba mantas, ropa seca, comida y consuelo ante lo que estaban viviendo. El coraje y la valentía que demostraron estas cuatro mujeres fue mayúsculo. Hicieron tres viajes entre la playa y el vapor siniestrado que, con aquel temporal, requerían una voluntad y fuerza física fuera de lo habitual. Sin duda, la dureza de sus tareas en el campo les había dado una gran resistencia física y su destreza como navegantes, típica de las mujeres de Sálvora, fue vital en el momento. La escasa visibilidad suponía arriesgar su propia vida en cada tramo, en los que fueron recogiendo náufragos a pulso y remando de vuelta entre la tempestad. Las jóvenes lograron salvar a la mitad de los 55 supervivientes del naufragio, aunque otras fuentes dicen que ellas solas llegaron a salvar a 48 personas, de un pasaje de 268. Por su increíble hazaña y heroicidad, fueron condecoradas como «Heroínas de Sálvora» y recibieron la Cruz de Tercera Clase con Distintivo Negro y Blanco del Consejo de Estado y la Medalla de Salvamento Marítimo. 

Recibieron varios homenajes en ciudades como Vigo, Vilagarcía, A Coruña y, aunque parezca increíble, su gesta no tardó en caer en el más absoluto de los olvidos. Ellas volvieron a sus tareas cotidianas, a la labranza de las tierras, a la dureza de su vida en el entorno rural de la isla. Prácticamente, nunca volvieron a hablar de ello. Lo guardaron como un profundo secreto, posiblemente porque el horror que vivieron dejó en ellas una impronta difícil de borrar. Se dice que, en algunos momentos del rescate, se vieron obligadas a golpear con los remos a algunos náufragos que, en su desesperación, intentaban subir a la barca, repleta ya de supervivientes. Una de nuestras protagonistas, al parecer, le rompió la mano a un hombre intentando evitar que volcase la embarcación. Aquella terrible situación debió de volver a sus mentes una y otra vez durante el resto de sus vidas.

Sin duda, el hundimiento del Santa Isabel fue una de las mayores tragedias marítimas que se recuerdan en Galicia, con 213 fallecidos. El ayuntamiento de Ribeira tuvo que habilitar un antiguo cementerio para poder dar sepultura a muchas de las víctimas. Los vecinos se volcaron tras la tragedia, acogiendo a los supervivientes en sus casas. Aún así, de no haber sido por la inmensa valentía de aquellas mujeres, la tragedia podría haber sido mayor. Para contribuir a acabar con este injusto olvido, la directora de cine coruñesa Paula Cons, que conoció la historia de estas mujeres en una exposición, les rindió un merecido homenaje en su película La isla de las mentiras, un relato de ficción basado en la historia de estas heroínas, que se estrenó en octubre de 2020. Al principio, la directora pensó que la historia no debía de ser real, porque no podía creer que algo tan extraordinario hubiese ocurrido y que nadie hubiera hablado de ello durante tantos años. A partir de ahora, su historia quedará inmortalizada en forma de película, una suerte de justicia poética para mantener vivo su recuerdo.

Otra forma de honrar la figura de las mujeres rurales es la que ha encontrado el artista gallego Joseba Muruzábal, más conocido como Yoseba MP. Al igual que la cineasta, este pintor de Cambre, en A Coruña, quiere dar un lugar visible a mujeres dignas de ocuparlo por su fortaleza, tenacidad y espíritu de lucha. Mujeres que siempre han estado ahí, pero invisibles por su edad, por dedicarse a tareas no reconocidas, por su nivel cultural o clase social. Abuelas humildes, cuyo valor nunca se ha puesto sobre la mesa. 

Desde hace años, las retrata en enormes murales, donde aparecen como súper heroínas de grandes dimensiones, invencibles, todopoderosas, en pinturas realistas y coloridas, humanas, divertidas, llenas de humor y vitalidad. Con ello, ha conseguido dotarlas de una fama e inmortalidad sin precedentes. Cuenta que las observaba desde niño y, ahora, las ha convertido en arte. Algunos ya lo llaman “el pintor de las súper abuelas gallegas”.

Joseba pintando su mural "Las cazafuegos. Brigada do Machado". Un homenaje a las mujeres que defienden los bosques de Galicia. Fuente: Instagram @yoseba_mp

Parece como si quisiera construir una cosmogonía de Galicia a través de sus longevas mujeres, a través de sus gestas cotidianas y sus peculiares «poderes», que se transmiten de generación en generación. Siempre las pinta con un mandil porque, para él, es el disfraz tras el que se esconden las heroínas, su uniforme de trabajo.

Las ha reunido a todas en la serie «Fenómenas del rural». Un conjunto de retratos vitalistas y llenos de significado, donde cada una de ellas se muestra en su individualidad, con su personalidad propia y su historia. Una a la que pocas veces se presta atención. El primer retrato fue «La greleira de 50 pies», que pintó para el festival internacional de arte urbano DesOrdes Creativas, en la localidad coruñesa de Ordes. Representa a Lola, una de tantas mujeres que se ponen al borde de la carretera a vender grelos, la verdura gallega por excelencia, cosechados por ellas mismas en sus huertas. Con un gran sentido del humor, Yoseba MP presenta a una greleira gigante, haciendo una especie de homenaje a la película de 1958 «El ataque de la mujer de 50 pies».

"Soledad, la Poppins de Sar", un retrato de la abuela del artista. Fuente: Instagram @yoseba_mp
"La greleira de 50 pies", una de tantas referencias cinematográficas. Fuente: Instagram @yoseba_mp

De la misma manera y con igual acierto, Yoseba MP va reinterpretando diversas obras y personajes, utilizando el lenguaje del anime, del cómic… Son muchas las influencias que mezcla para convertir a sus mujeres rurales en súper abuelas pop y lo hace con una gran dosis de originalidad artística. Sus abuelas rompen los estereotipos femeninos: son grandes, vigorosas, forzudas, equilibristas, luchadoras contra el mar, ninjas, mujeres que ríen, sueñan, imaginan y vuelan. Ha extraído las historias de cada una de estas mujeres y las ha dotado de un lenguaje pictórico único, las ha sintetizado en estos retratos que condensan sus vidas.

Así podemos conocer a Balbina, «la mujer microondas», que cocina emitiendo ondas por los ojos como Superman; Fina de Carballo, retratada con una gigantesca patata a cuestas, como si fuera el menhir de Obélix; Soledad, «la Poppings de Sar», su propia abuela, que gracias a su paraguas caminaba con su compra bajo la lluvia y siempre llegaba seca; María y Lelucha, dos mujeres que cantaban y bailaban en la iglesia, retratadas volando sobre sus «aeropanderetas» como Marty McFly, de Regreso al Futuro y también Claudina, «la ninja de las olas», que recoge percebes esquivando el peligro desde los 15 años.

Mural de Joseba con Claudina, la percebeira, como protagonista en la lonja de Muxía. Fuente: Pinterest

De esta manera, el artista ha acercado todas estas mujeres al gran público y, como logró Paula Cons en su película, las ha humanizado contando su historia, les ha dado un lugar en las fachadas, en lugares donde pueden verse desde muchos sitios para dejar atrás la invisibilidad y el ostracismo. Su obra ha aparecido en los medios y redes sociales, nos ha sorprendido, invitándonos a reflexionar sobre la valía de estas mujeres y devolviéndoles el lugar que, sin duda, merecen en la historia. 

Comments

  1. En el naufragio del Santa Isabel perecieron cuatro miembros de mi familia: mi bisabuela, Salustiana Bañuelos, sus dos hijos, Rosario del Barrio Bañuelos y Jesus del Barrio Bañuelos de tan solo 4 años y la hermana de Salustiana, Sofia Bañuelos que viajaban a Cadiz para subirse al barco que los llevaría a Argentina. Solo se rescato el cuerpo de Salustiana.

    1. Muchísimas gracias por tu comentario Esther, es realmente emocionante para nosotros leerlo. Hemos trabajado mucho en este artículo para que no quedase en el olvido, pensar que íbamos a recibir un comentario como este no lo imaginábamos.

      Una vez más, muchísimas gracias.

  2. Yo perdí en este naufragio,a dos tíos (hnos.de mí madre) tenían aprox.8 y 10 años,embarcaron en A Coruña con un pariente (que se salvó) e iban para Argentina donde estaban sus padres y más hermanos. La película no me gustó, pensé que se ajustaría más a la historia que me contaba mi abuela.

    1. Muchas gracias por tu comentario María Luisa, imagina la ilusión que nos hace que personas que son parte de la historia de este artículo en el que hemos trabajado tanto, nos leáis y dejéis vuestros comentarios. ¡Millones de gracias!

Responder a carmen Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *