Fue la guerrera al frente de la portería de la selección nacional en la época dorada del waterpolo español. Patricia Herrera (Coslada, 1993) además, vuelca toda su experiencia y buen hacer en su trabajo como entrenadora del equipo femenino de División de Honor del CDN Boadilla. Admiradora de los deportistas Rafael Nadal y Jesús Royán, hace suyo el famoso lema de Steve Jobs: “Stay hungry, stay foolish”, es decir, no te conformes, ve más allá, no pierdas la ilusión, ni el hambre de conocimiento. Aquellos que están suficientemente locos como para creer que se puede cambiar el mundo, son los que acaban cambiándolo. 

Empezó a los tres años en la natación, tal vez guiada por el ejemplo de su padre, nadador profesional, y a los 12 la invitaron a jugar su primer partido de waterpolo en un torneo, “¡y desde entonces no he salido de debajo de la portería!». Esta incombustible jugadora fue campeona del mundo en Barcelona 2013, campeona de Europa en Budapest 2014 y olímpica en Río 2016 con la selección absoluta. Con la junior también alcanzó el título de campeona del mundo, subcampeona del mundo y de Europa. ¡Un palmarés impresionante para esta deportista apasionada por el polo acuático!

Trabajando con espíritu inconformista, esfuerzo y perseverancia fueron llegando cada uno de los triunfos de Patricia, Patri para sus amigos y para todos en el mundo del waterpolo, que es, como ella misma dice «una gran familia de enfermos por el balón amarillo». Aunque no siempre ha tenido las cosas fáciles, ella misma reconoce que “soy muy guerrera y dura de cabeza, por lo que no me he rendido”. Su pasión y saber trabajar en equipo han sido las claves de su éxito. Entre ellas, también encontramos una sonrisa imborrable que evidencia su carácter alegre y un fantástico sentido del humor, que le ayuda a encajar con un punto cómico todos los reveses que le han surgido en el camino.

Fue campeona del mundo en Barcelona 2013, campeona de Europa en Budapest 2014 y olímpica en Río 2016 con la selección española de waterpolo
Un palmarés impresionante para una guerrera del waterpolo español. Fuente: Patri Herrera.

El deporte ha estado siempre presente en su día a día, desde que tiene memoria. Los probó «casi todos» hasta llegar al que lleva practicando media vida, uno de los más completos, más exigentes y que requieren un gran estado físico: el waterpolo. Su puesto en el equipo es uno de los más delicados, ser portera es «importante y complicado a la vez», ya que muchas veces están solos en momentos decisivos y sus fallos se hacen mucho más evidentes que los del resto del equipo: “cualquier error se convierte en un gol”. Admite, entre risas, que “los porteros de waterpolo estamos un poco locos, por no decir mucho”. Más allá de esa locura, convertida en arrojo para defender la portería de su equipo contra viento y marea, destaca que, sobre todo, una portera ha de tener “seguridad y confianza”.

Nunca sospechó que su carrera deportiva llegaría tan lejos. Esa andadura empezó a tomar forma en su primer club, el A.R Concepción Ciudad Lineal, que estaba al lado de su colegio y de su casa, y le permitía entrenar sin abandonar otras actividades, como el tenis o las clases de inglés. No dejar de lado esas otras inquietudes responde a una forma previsora de entender la vida: “Siempre he tenido claro que el mundo del deporte no llegaría a darme de comer en un futuro, por eso he compaginado de la mejor manera posible estudios y deporte, e incluso trabajo en los últimos años”. Así, Patricia ha construido con solidez su presente y su futuro, tanto deportivo como laboral, algo que no siempre es fácil para los deportistas.  

Después de su primer año entrenando, le ofrecieron entrar en el Centro de Tecnificación de Natación y aceptó. Aquello le permitió compaginar, por el momento, sus estudios con doble sesión de entrenamiento. Aquel mismo año, entró, por primera vez, en una convocatoria de la selección española juvenil. A los 15 años la llamaron del Club Natación Moscardó para ofrecerle jugar en División de Honor (la máxima categoría en waterpolo). Dar ese paso fue lo que le permitió crecer como deportista y empezar a competir internacionalmente, con el club y con la selección.

«Después de mi primer año entrenando me ofrecieron entrar en el Centro de Tecnificación de Natación. Aquel mismo año entré, por primera vez, en la convocatoria de la selección española juvenil» 
Antes de jugar en la absoluta, Patricia logró ser campeona del mundo junior con la selección española juvenil en 2011. Fuente: Patri Herrera.

Uno de los grandes problemas que se encontró en el camino fue la dificultad de compaginar sus estudios universitarios de ADE-Turismo con su vida deportiva: “Las universidades españolas no han interiorizado aún lo que significa tener en sus aulas a deportistas de alto nivel, por lo que no se hacen cargo de lo que eso supone y no ponen facilidades a la hora de flexibilizar las fechas en el caso de que coincidan con competiciones u otros compromisos relacionados con el deporte”, sentencia. Ella pudo comprobarlo, e incluso tiene alguna anécdota que muestra no solo la falta de apoyo, sino la incomprensión a la que tuvo que hacer frente en determinados momentos: “Me llegaron a decir una vez que «ya era mayorcita» para decidir entre mis estudios y el deporte«, explica, aludiendo a un intenso periodo de entrenamientos para un Campeonato de Europa. Sin embargo, nunca pensó en dejar de lado ninguna de sus dos facetas: sabía que con sacrificio y constancia podía encontrar el hueco para cada uno de los proyectos que quería acometer. De esta forma, logró terminar sus estudios y alcanzar muchas de sus metas deportivas más ambiciosas. Sin renunciar, soñando a lo grande.

Muchas de estas aspiraciones se hicieron realidad, como la victoria del Mundial de Barcelona 2013 cuando Patricia pudo subir al pódium, y gritó muy alto junto a sus compañeras que “eran las campeonas del mundo”. Si se para a recordar sus momentos estelares, recuerda también con cariño cuando paró aquel penalti decisivo en las semifinales del Mundial Junior, que les dio el pase a la final en el último minuto. 

Como es lógico,  los deportistas siempre aspiran a más: “Cuando estás en la cima te crees capaz de ganar cualquier competición que se ponga por delante”, explica. A partir de ahí los Juegos Olímpicos se perfilaron como el gran objetivo a alcanzar: “Es la competición en la que todo deportista sueña con participar algún día. Es algo que hay que vivir, por mucho que te lo cuenten no es lo mismo», afirma. Quizá por eso, uno de los momentos más difíciles de su carrera fue recibir la noticia de que no iría a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. No fue fácil asumir, después de tantas horas de entrenamiento, de sacrificio y esfuerzo, que, finalmente, no iban a contar con ella. Sobre todo, recordando que, aquel año, sus compañeras consiguieron subirse al pódium con la medalla de plata. Aunque se desanimó, siguió trabajando con fuerza y, cuatro años después, pudo quitarse aquella espinita, cuando finalmente fue convocada para acudir a los JJOO de Río 2016. Alcanzaba así su gran sueño, que disfrutó con intensidad: «Todo era impresionante: sentarte al lado de “los de baloncesto” o pasear cerca de Rafa Nadal”, recuerda sonriente. Aunque en aquella ocasión no pudieron colgarse una medalla olímpica, Patricia se muestra feliz con todo lo que ha logrado y, sobre todo, con todo lo que ha disfrutado.  No olvida el consejo que siempre le daban sus padres: “me decían que disfrutara y que no merecía la pena pasarlo mal por algo que me gustaba tanto”, afirma.

Su gran sueño era participar en los JJOO, que alcanzó en Río 2016: “Cuando estás en la cima te crees capaz de ganar cualquier competición que se ponga por delante”
Los Juegos Olímpicos, el sueño de todos los deportistas profesionales. Fuente: Patri Herrera.

A pesar de su increíble palmarés, considera que, en realidad, no se ha dedicado al waterpolo profesionalmente, ya que no ha podido vivir exclusivamente de este deporte minoritario, ni recibir un sueldo de su club, sino dinero de becas o premios económicos por el rendimiento o los resultados obtenidos. Sin embargo, a pesar de esto, no se ha planteado dejar el deporte que tantas alegrías, deportivas y personales, le ha dado. Su gran recompensa son las personas que ha conocido a lo largo de su trayectoria: compañeras, entrenadores, aficionados, que forman su segunda familia: “Ese vínculo y la gran cantidad de horas que dedicamos a este deporte hace que le tengamos amor infinito”, explica. Por este motivo, casi todo su círculo social más próximo está ligado al waterpolo. Conserva la amistad de muchas compañeras con las que empezó, con ellas ha compartido infinidad de momentos, buenos y malos. Esta es otra particularidad que le encanta del waterpolo y que hace que “una vez que entras, nunca quieras salir del todo”, afirma con total convicción.

Sabe que todas esas victorias de equipo no hubieran sido posibles sin una figura vital, la del entrenador: “Todos los entrenadores nos aportan mucho más de lo que pensamos. Algunos son referentes, otros “medio padres” y algunos se convierten hasta en amigos”. Patricia se queda con lo bueno que le han aportado y muestra su agradecimiento, porque tiene la convicción de que son los que le han hecho llegar a lo más alto y, lo más importante, la han ayudado a mantenerse ahí. Tiene claro cuál ha sido, para ella, el mejor consejo recibido: “Hay que disfrutar de esto todo lo que dure, porque lo bueno siempre se acaba”.E

Para Patri, uno de los grandes atractivos del waterpolo son las personas que ha conocido a lo largo de su trayectoria: compañeras, entrenadores, aficionados, que forman su segunda familia
El trabajo en equipo y la humildad fueron decisivos en las victorias de la sección nacional de waterpolo. Fuente: Instagram @patriherrera1

Seguramente, la voluntad de seguir disfrutando del waterpolo y su admiración por los entrenadores son las culpables de que se haya convertido en una de ellos. Actualmente, entrena al equipo femenino de División de Honor del CDN Boadilla y, anteriormente, fue coach de Real Canoe NC. Esta es su manera de intentar “devolverle al waterpolo todo lo que me ha dado, aportar mi granito de arena a las generaciones que vienen, disfrutar con ellas y seguir aprendiendo”, explica. Es una labor difícil que exige una gran responsabilidad, ya que requiere tomar muchas decisiones, valorar bien cada paso y gestionar un equipo humano. Como entrenadora, ha descubierto que desde este otro lado, también es hermoso ganar y duro perder. 

Recuerda con cariño que ella “era de las últimas en meterme en el agua, siempre remoloneaba antes de la natación y ahora como entrenadora estoy todo el rato encima de mis jugadoras para que eso no pase. Muchas veces me veo reflejada en ellas e, interiormente, no puedo evitar reírme”. Estar al otro lado le permite ver las cosas con una nueva perspectiva. Desde ahí puede seguir aprendiendo y compartir su valioso bagaje con las nuevas generaciones.

A sus equipos no deja de repetirles la importancia de «hacer piña», fundamental para cualquier conjunto, y que disfruten de los triunfos, pero que de las derrotas también se aprende. Responde sin dudarlo que lo más importante en su nuevo puesto es tener «pasión y paciencia», dos virtudes clave en cualquier deporte y también en la vida. “La pasión, para transmitirles todo lo que llevas dentro y hacer que se enganchen, y la paciencia porque el trabajo muchas veces es duro, los resultados tardan en llegar, las cosas no salen como queremos y hay que saber sobreponerse”, sentencia.

Como entrenadora, quiere “devolverle al waterpolo todo lo que me ha dado, aportar mi granito de arena a las generaciones que vienen, disfrutar con ellas y seguir aprendiendo”
Una imagen del instagram de Patricia: "Working with the future". Fuente: Instagram @patriherrera1

La pandemia ha puesto en stand by sus proyectos deportivos y los de todos los deportistas a nivel mundial. A pesar de ello, cree que “de esto, solo podemos salir más fuertes, con más ganas de aprovechar el tiempo al máximo”, reflexiona. En su caso, ha mantenido la serenidad gracias al deporte, su trabajo y estudiar un máster. Y, como siempre, la gran familia waterpolista está ahí como apoyo y pilar, pase lo que pase.

Patricia confía en que, una mayor visibilidad y el conocimiento más amplio del deporte femenino, especialmente los minoritarios, conseguirán mejorar la situación de las deportistas profesionales y hacer que, poco a poco, la afición crezca. 

Si mira hacia delante, sus deseos son contundentes: “Ojalá pueda llegar a ser una buena entrenadora y disfrutar mucho del waterpolo durante unos cuantos años”. Si mira hacia atrás, siente mucho agradecimiento a este deporte por todo lo que ha conseguido como deportista y como persona: «Sigo con la misma pasión y ganas del día en que empecé y parte de mi vida sigue rodando al lado de ese pequeño balón amarillo”, concluye sonriente.

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