Hace algo más de un año, Jessi Combs (1980, Rapid City, EEUU), una piloto de coches luchadora y valiente, murió en un accidente mientras intentaba convertirse en la mujer más rápida del mundo conduciendo a 885 km/h. Aquel 27 de agosto de 2019, las ruedas de su vehículo colapsaron fatídicamente con un objeto y el automóvil se convirtió en llamas, aunque ella falleció a causa del traumatismo. La corredora profesional de 39 años nunca pudo saber que, efectivamente, en ese momento estaba superando el récord Guiness absoluto, que hasta entonces estaba en manos de Kitty O’Neil, desde 1976, cuando, en ese mismo escenario (Alvort Desert, Oregón, EEUU), había conseguido alcanzar una media de 825,13 km/h. 

Su novio, Terry Madden, cuenta que aquel día, Jessi se había despertado con su alarma del móvil y en la pantalla ponía: «Hagamos historia». Y así fue: su logro pasó a la historia del motor y Jessi se convirtió en un mito de la velocidad. 

Para establecer un récord como el que ella perseguía, es necesario hacer dos pasadas y sacar la media entre ambas velocidades. Aquella mañana, ella ya había batido todos sus récords, solo le faltaba conseguirlo de nuevo en la pasada de por la tarde. Sin embargo, cuando hicieron la revisión del vehículo al terminar la mañana, ambos tuvieron un mal presentimiento. Terry le dijo que la apoyaría hasta el final en lo que decidiese. Jessi le confesó en ese momento que la pasada de la tarde sería su último intento para conseguir el récord y luego se olvidaría de todo, siguiendo adelante con su vida.

Jessi y Terry luchaban por conseguir un récord Guiness.
Una mujer llena de energía y optimismo que soñaba a lo grande. Fuente: Instagram @jerry_madden y @thejessicombs
Jessi Combs murió en un accidente mientras intentaba convertirse en la mujer más rápida del mundo conduciendo a 885 km/h

Los que no se olvidaron de ella fueron los miembros de su equipo quienes, a pesar de la consternación por tan trágico accidente, recogieron todos los datos y vídeos para verificar el récord y consiguieron demostrar a las autoridades de Guiness que Jessi Combs merecía entrar en el Libro Guiness de los Récords como la mujer más rápida del mundo. Su récord fue reconocido de manera póstuma a mediados de este año. Nadie podía devolverle ya la vida, pero sí hacer que su hazaña quedase registrada y homologada para siempre: Jessi había alcanzado los 841, 338 km por hora, la mayor velocidad hasta la fecha alcanzada por una mujer. En un comunicado publicado tras su muerte, su familia declaró:  «El sueño más notable de Jessi era convertirse en la mujer más rápida de la tierra, un sueño que había estado persiguiendo desde 2012». Y un sueño que, finalmente, consiguió.

Era un ejemplo de superación y lucha constante. En 2008 sufrió un accidente que casi le costó la vida: una estructura metálica le cayó encima y le fracturó la vértebra L3 de la columna. El accidente debería haberla dejado en silla de ruedas pero, tras más de un año de operaciones y rehabilitación, consiguió volver a caminar, con mucho esfuerzo por su parte y por la de todo el equipo médico. Así, la estadounidense demostraba al mundo que, para ella, rendirse no era una opción y que siempre quería llegar más lejos.

Su personalidad y carisma la convirtieron, además, en una estrella mediática de la televisión que cosechó cientos de miles de seguidores en Instagram, donde, unos días antes de morir, publicó una fotografía en la que salía de espaldas caminando hacia su nave, la North American Eagle. Una fotografía acompañada de un texto que, leído ahora, resulta estremecedor : «Los que están predispuestos para ello logran grandes cosas. La gente me llama loca. Yo les digo: Gracias ».

Su personalidad y carisma la convirtieron, además, en una estrella mediática de la televisión con cientos de miles de seguidores
Una mujer que arriesgó todo por alcanzar su sueño.
Jessi disfrutaba de su pasión por la velocidad. Fuente: Instagram @thejessicombs y @motorhead.digital

Nació en Black Hills de Rapid City, Dakota del Sur (EEUU). Siempre quiso convertirse en piloto de carreras y descubrió el amor por la velocidad a una edad muy temprana. Curiosamente, en una publicación local de su ciudad natal, aparece una noticia en la que su bisabuela, Nina DeBow, estaba compitiendo con los automóviles de vapor Stanley Steamers, unos automóviles de principios del siglo XX. Así que, probablemente, heredó este amor por la velocidad de su bisabuela Nina. 

Además de su pasión por la automoción, Jessi era una artista que pasaba gran parte de su tiempo creando con sus propias manos. Le encantaba trabajar con el metal, la artesanía en cuero y la fotografía, y creaba cualquier cosa que pudiera imaginar. Era un espíritu independiente y aventurero, por eso ingresó en la WyoTech (Wyoming Technical Institute), una escuela técnica dedicada al diseño y construcción de automóviles. Allí se especializó en cursos para la reconstrucción de automóviles accidentados, construcción de street rods (vehículos anteriores a 1949 modificados con acabados de lujo muy llamativos), la fabricación de vehículos a medida y la mejora del rendimiento de motores y transmisiones.

Se graduó con excelentes calificaciones y el propio departamento de marketing de la escuela la contrató para construir un automóvil en sólo seis meses y debutar así en el SEMA, una exposición de automóviles personalizados que se realiza en el oeste de los Estados Unidos desde el año 1967.

Jessi era una reconocida constructora de automóviles especializada en street rods, vehículos de motor anteriores a 1949 modificados con acabados de lujo que llegan a ser verdaderas obras de arte
Las creaciones favoritas de Jessi se realizaban sobre coches clásicos para competición o coleccionismo. Fuentes: Instagram @thejessicombs

Poco después, puso en marcha su propio negocio de fabricación en metal en el que construía hot rods, automóviles estadounidenses antiguos modificados con grandes motores para obtener más velocidad y aceleración. Además, también construía motocicletas, camionetas personalizadas y vehículos de carreras. ¡No había un reto imposible para ella!

En esa época, se dio cuenta de una necesidad no cubierta que había en el mercado y desarrolló una línea de equipos de soldadura para mujeres. Jessi quería crear oportunidades para las mujeres y ayudarlas para que pudiesen lograr sus objetivos. Además, como profesional obtuvo mucho reconocimiento en un sector muy masculinizado, como es la automoción, un logro personal no sólo para ella, también para todas las mujeres.

Una vez que ya conocía los automóviles por dentro y por fuera como la palma de su mano, empezó a interesarse por las competiciones. Aunque ya había pilotado en algunas carreras, comenzó a hacerlo de manera mucho más seria, sin dejar de lado su profesión de constructora. ¡Las victorias no tardaron en llegar! En 2011 acabó segunda en la Baja 1000 (una carrera que se realiza cada año en el desierto de Baja California) y solo dos años después consiguió su primer récord de velocidad.

El 9 de octubre de 2013 en la Supersonic Speed Challenger, en el desierto de Alvord, alcanzó una velocidad máxima de 632 km/h y, con ello, el récord de velocidad en tierra para mujeres sobre un vehículo de cuatro ruedas.

El 7 de septiembre de 2016, Jessi Combs superaba su propio récord y establecía una nueva marca de 768,61 km/h. Ya era la mujer más rápida de la tierra sobre cuatro ruedas, así que su siguiente desafío no podía ser otro: tenía que conseguir el récord absoluto femenino. Lo alcanzó finalmente el día de su muerte y, a pesar de la tragedia de su pérdida, será recordada siempre por haber realizado esta hazaña.

«Los que están predispuestos para ello logran grandes cosas. 
La gente me llama loca. Yo les digo: Gracias»
Jessi nunca perdía la sonrisa porque veía en cada desafío una oportunidad de crecer. Fuente: Instagram @thejessicombs

Quedan para el recuerdo las innumerables intervenciones que tuvo en televisión, como presentadora o participante en programas como Cazadores de mitos, un conocido espacio en el que se desmontan leyendas urbanas u Overhaulin, un programa de automovilismo. Jessi reconoció en alguna ocasión que siempre estuvo relegada al papel de copresentadora, algo habitual siendo una mujer en el mundo del motor. Tal vez por ello, siempre luchó por demostrar que la mecánica no era un mundo exclusivo de hombres y afirmaba que «en nuestro deporte las mujeres ya somos aceptadas y las cosas están cambiando». Y seguro que la consecución de su récord mundial, su gran sueño, ha contribuido a afianzar la presencia y relevancia de las mujeres en el automovilismo. 

Tras el fatídico accidente, su familia decidió recoger el legado de Jessi y su lucha por la igualdad de oportunidades para las mujeres, fundando, un mes después de su muerte, la Jessi Combs Foundation.

Esta fundación quiere educar, inspirar y empoderar a las próximas generaciones de mujeres para que rompan con los estereotipos y se atrevan a ser pioneras en las profesiones que les apasionen. Sólo así podrán honrar los deseos de Jessi: “Os pido a todos que celebréis mi vida y todo lo que representa. Os pido que hagáis todo lo que esté a vuestro alcance para compartir mi misión, por la que arriesgué mi vida. Revelad al mundo de lo que sois capaces, y mostrad la confianza y las habilidades que ya poseéis”.

Su historia nos habla de perseverancia, pasión y valentía.  Con sus ganas de cambiar el mundo, Jessi consiguió lo que se proponía y su logro deja una huella imborrable en la historia del motor, sentando un ejemplo inspirador para todos y, en especial, para las mujeres.

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