La triatleta internacional Camila Alonso nació en Neuquén, Argentina (1994), pero se mudó a España con tan solo 8 años, acompañada de parte de su familia. La lluviosa ciudad de Ferrol, en Galicia, fue la tierra que la acogió y se convirtió en testigo de cómo aquella niña inquieta llegaría a ser una atleta de prestigio internacional.

Su idilio con el deporte empezó muy pronto, cuando aún no había cruzado el Atlántico. Junto a su hermana mayor e inseparable compañera, Melina, practicaba todo tipo de disciplinas. “Empecé desde muy pequeña. Mis padres me apuntaron a diferentes actividades como natación, atletismo, tenis…”, explica. Cuando llegó a Ferrol, sus capacidades y potencial llamaron la atención de uno de sus profesores de educación física del colegio, Manuel Bouza. Él fue una figura clave para animarla, tanto a ella como a su hermana, a que se apuntaran a clases de duatlón, una disciplina deportiva que combina el ciclismo y el atletismo.

Más tarde, conocería el triatlón y se lanzaría a una aventura que la enamoró desde el principio: “ Me enganchó desde el primer día y, poco a poco, sin darme cuenta, empecé a practicarlo de manera profesional”, explica Camila.

Recorrer este camino fue posible gracias al apoyo incondicional de su familia, especialmente, el de sus padres y su hermana mayor, Melina. Siguiendo los pasos de esta, y con tan solo 14 años, Camila no dudó en mudarse a la ciudad de Pontevedra para continuar sus estudios y entrenar en el Centro Gallego de Tecnificación Deportiva. Allí estudiaba, competía y entrenaba duro diariamente,  nadando en la piscina, corriendo y mejorando las marcas con la bicicleta. La unión de los tres deportes supone para ella un extra de motivación: “Es un deporte muy duro, pero, a la vez, practicar tres disciplinas te va despejando y es genial”, asegura.

«El triatlón me enganchó desde el primer día y, sin darme cuenta, empecé a practicarlo de manera profesional»
Un atleta completa que combina el atletismo, el ciclismo y la natación. Fuente: Instagram @camila.alonsoaradas

En más de una ocasión ha confesado que si no hubiese sido triatleta se hubiera dedicado al atletismo, su punto fuerte de las tres disciplinas que combina el triatlón. Reconoce que la natación es su punto débil, por eso entrena más fuerte, consciente de que necesita mejorar sus marcas.

Llama la atención la relación que mantiene con su hermana Melina, también triatleta de alto nivel, y la persona con la que más ha compartido esta pasión. Ella es un apoyo fundamental, eterna compañera en los entrenamientos y aliada en las competiciones. “Es la que tira siempre del carro, ese día que estás cansada y que no tienes humor, ella siempre sabe cómo levantarte el ánimo”, explica Camila. Su muro de Instagram está repleto de imágenes de las dos disfrutando del deporte y es testigo de la relación divertida y cariñosa que mantienen: «Sos mi hermana, por eso siempre que te caigas te ayudaré a levantarte, después de haberme reído, claro», escribe en una de sus publicaciones. 

Por este motivo, la mayoría de sus recuerdos y anécdotas son en plural, dada la cantidad de vivencias que han compartido: “Tanto mi hermana como yo somos muy despistadas, nos cuesta ser puntuales”. Un día, en el que participaban en un triatlón olímpico, se quedaron dormidas y llegaron veinte minutos antes de que comenzase, sin haber desayunado: “Nos vestimos rápido y nos fuimos a la cámara de salida. Nos quedamos ahí, como diciendo, ¡ay madre! Ahora tenemos que enfrentarnos a un triatlón olímpico sin desayunar”, recuerda entre risas. Una circunstancia que, seguramente, les pasó factura en aquella ocasión y que tuvieron muy en cuenta de cara a futuras competiciones.

La relación de las hermanas Alonso les permitió vivir momentos en que el logro deportivo y vínculo familiar crean momentos de gran emoción: «Recuerdo el Campeonato de España de 2016, en el que yo quedé primera. Cuando ella llegaba al sprint final, yo la estaba viendo desde la meta, animándola para que llegase segunda, fue muy emocionante», explica Camila. «En la Copa Africana de 2016 logramos escaparnos juntas y, dándonos ánimos la una a la otra, llegamos a la meta de primera y segunda«, lo que supuso un triunfo compartido en esta competición, celebrada en Agadir.

Comparte entrenamientos y competiciones con su hermana Melina, también triatleta de alto nivel: «En la Copa Africana de 2016 logramos escaparnos juntas y, dándonos ánimos la una a la otra, llegamos a la meta de primera y segunda«
Las hermanas Alonso, un equipo dentro y fuera de la competición.
Entrenar juntas y apoyarse es una motivación extra . Fuente: Instagram @camila.alonsoaradas

Como triatletas profesionales y deportistas adultas, Camila y Melina han compartido, además, otra de sus pasiones: viajar, un requisito que viene aparejado a la práctica del triatlón profesional. Esto ha fortalecido aún más su relación: «Ella es mi media naranja», dice Camila, divertida. 

En 2016 viajaron juntas a Corea y Japón para participar en la Copa Mundial de Triatlón, pudiendo disfrutar del viaje y de buenos resultados. Sin embargo, su recuerdo más especial es el viaje que realizaron juntas a China en 2017, «el mejor de nuestras vidas», para disputar otra Copa Mundial. El resultado no las acompañó aquella vez, pero «descubrir la cultura, los lugares, la gente… Fue una experiencia increíble», recuerda sonriente.

Es amante de los viajes, el más especial lo realizó junto a su hermana para disputar la Copa Mundial en China en 2017, «el mejor de nuestras vidas»
En 2018, llegando a la meta en la Copa de Europa en Melilla, una de sus victorias preferidas. Fuente: Instagram @camila.alonsoaradas

Durante toda su carrera ha alcanzado innumerables logros deportivos, una larga lista que quiere hacer crecer año a año. Aunque son muchos pódiums, recuerda con especial cariño el primer puesto que logró en la Copa de Europa de Melilla en 2018, y las dos victorias del Campeonato Iberoamericano : “El segundo año fue en Uruguay, donde pudo ir a verme mi familia de Argentina. ¡Me hizo muy feliz poder dedicarles la victoria!”, recuerda.

Pero no todos los recuerdos son tan positivos y un deporte duro como este, sin duda, forja el carácter. Una herramienta fundamental cuando llegan los momentos difíciles, junto con la fortaleza psicológica: «Al final la cabeza es la que manda«, explica la deportista. Camila se considera, sobre todo, una mujer fuerte e independiente: “Cuando se presentan problemas o lesiones que no te permiten rendir, tengo la mente muy fría para decirme a mí misma que tengo que seguir, que al final todo pasa y que ya llegarán momento mejores. La vida es así”, reflexiona la joven.  

Fue a finales de 2018 y principios de 2019, sin embargo, cuando vivió una de las etapas más duras de su trayectoria: “Llevaba varios meses intentando que salieran las competiciones pero, por diferentes motivos, personales y motivacionales, no salían», explica.  La atleta comenzó a sentirse frustrada y a perder la confianza en sí misma. «No disfrutaba en las competiciones y llegué a pensar que, quizás, tenía que dejarlo”, sentencia. 

Entonces, decidió dar un giro a su situación. Durante toda su carrera deportiva, Camila había estado entrenando sola, sin equipo, y estaba dispuesta a probar una fórmula nueva. En agosto de 2019, se unió al grupo de entrenamiento de la Universidad de Alicante, dirigido por Roberto Cejuela. En la concentración que realizaron aquel mes en Sierra Nevada encontró el extra de energía que estaba buscando. Además, en septiembre comenzaba la carrera de Publicidad y RRPP en esta misma universidad, por lo que la motivación lograda fue doble. La mejoría se notó inmediatamente, ya que, ese mismo mes, Camila lograba un tercer puesto en el Campeonato Nacional con una marca de 2 horas, 2 minutos y 40 segundos.

Sus victorias más especiales: el primer puesto en la Copa de Europa de Melilla en 2018, y en el Campeonato Iberoamericano celebrado en Uruguay en 2017 al que pudo asistir su familia argentina
Con sus compañeros de la UA en el Centro Alto Rendimiento Deportivo Sierra Nevada. Fuente: Instagram @camila.alonsoaradas

Camila nos revela que este trabajo en equipo es especialmente valioso en los momentos más duros. Su mejor estrategia es dejarse ayudar por su entrenador y compañeros: “Esos días en los que me cuesta dar el 100% me gusta ir acompañada, para que mis compañeros me hagan sacar el máximo rendimiento. Pienso que el trabajo en equipo es lo mejor para dar tu 100%”.

Se muestra feliz con su trabajo con Roberto Cejuela y su grupo de entrenamiento: “Necesitaba un entrenador que me guiara. Hacía tiempo que había estado pensando en unirme al equipo de la UA con Roberto y creo que fue la mejor opción, estoy muy contenta”, comenta.

Como deportista y mujer, nos recuerda la importancia de que medios de comunicación como Sportfem den visibilidad al deporte femenino: «Muchas veces, parece que no se nos da la misma repercusión, cuando nuestro esfuerzo es el mismo”, aclara refiriéndose a sus compañeros triatletas. 

A pesar del largo camino ya recorrido y el palmarés alcanzado, Camila sigue siendo una joven de 26 años a la que le encanta hacer planes con sus amigos e ir a la playa para desconectar. Sus estudios son vitales en su plan de futuro y además, le ayudan a oxigenar la mente «para no estar pensando siempre en el deporte, o relacionarme con el mismo grupo de gente». Mira al futuro como es ella, en positivo, y dentro de unos años se ve compitiendo al más alto nivel, viajando por todo el mundo de la mano del triatlón. Tal vez, de nuevo junto a su hermana, de la que lleva un año y medio separada. Su reto más inmediato es “seguir mejorando día a día y poder correr con continuidad, sin dolores”, concluye.

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