Emilie Flöge pasó a la historia como compañera y musa del famoso artista austríaco Gustav Klimt. El gran público, sin embargo, desconoce que esta mujer, de carácter alegre y aspecto bohemio, fue una diseñadora de moda vanguardista cuyos diseños triunfaron en su propio tiempo entre los amantes del atrevido Art Nouveau y las clases altas vienesas, que acudían a su salón a sorprenderse con las últimas tendencias de la alta costura.

Pocos saben que la musa de obras pictóricas mundialmente conocidas, como «El beso», fue también diseñadora, modista, empresaria de éxito y colaboradora de Klimt, llegando, por ejemplo, a vestir a algunas de sus modelos con creaciones que serían reinterpretadas luego por el pintor, dando como resultado los coloridos mosaicos que caracterizan la obra pictórica del vienés.

Frida Kahlo dijo: «Yo soy mi propia musa». Emilie podría haber dicho lo mismo, ya que no solamente inspiró a otros, sino que fue todo un talento creador, con una visión propia del arte, que se adelantó a su tiempo y realizó valiosas aportaciones al mundo de la moda. ¡Esta es su historia!

La musa de cuadros mundialmente conocidos, como «El beso», fue también diseñadora, modista, empresaria de éxito y colaboradora de Klimt
Glamurosa, atrevida, elegante y sofisticada. Fuente: Instagram

Emilie Louise Flöge era una dama de la alta sociedad de Viena, ciudad en la que nació, en 1874. Su padre era maestro ebanista y fabricante de pipas talladas en un mineral llamado espuma de mar (sepiolita). Tenía cuatro hijos: tres mujeres y un varón. Su hermana Helena se casó con Ernest Klimt, hermano del famoso artista Gustav Klimt, aunque quedó viuda en pocos años, quedándose sola con una hija. El pintor, entonces, se convirtió en tutor de su sobrina, entrando a formar parte de la vida familiar de Emilie, aproximadamente en 1891, cuando la joven contaba con 17 años.

Aunque la causa del encuentro de Emilie y Gustav pudo ser azarosa, debido a las relaciones familiares, sus personalidades parecían combinarse a la perfección. Su relación fue misteriosa y no está confirmado que fuera de naturaleza amorosa, aunque todo parece apuntar en esa dirección y muchos estudiosos asumen que así fue. Klimt era una persona liberal, conocido por tener muchas amantes, algunas de ellas sus propias modelos y llegó a tener 18 hijos ilegítimos, de los cuales sólo 4 fueron reconocidos. Esto encaja con la temática sexual y el absoluto protagonismo del desnudo femenino de su obra, marcado por una estética sensual y provocadora que causaba un gran escándalo en su época. Sin embargo, los historiadores parecen coincidir en que Klimt amaba a Emilie, ya que la convirtió en su compañera habitual y no se separó de ella durante 32 años, hasta la muerte del pintor. Precisamente, se cree que no se casó con ella para no atormentarla con una vida marital llena de infidelidades.

Flöge fue la compañera inseparable de Klimt durante 32 años, hasta la muerte del pintor
Flöge y Klimt, dos talentos que se complementaban a la perfección. Fuente: Instagram

DISEÑADORA DE MODA

A los 21 años, Emilie se inició en la costura, una profesión típicamente femenina en aquella época. Su elección resultaba lógica, ya que su hermana Pauline tenía una escuela de moda, donde las tres hermanas trabajaban codo a codo. 

Con la experiencia y la visión que les dio llevar a cabo estos talleres, se adentraron en una aventura empresarial sin precedentes y crearon el salón de alta costura Schewestern Flöge (Hermanas Flöge), que fue todo un éxito entre las clases altas vienesas y de todo el país.

En el salón, se reveló el gran talento creativo de Emilie como diseñadora de vanguardia. Sus creaciones tenían un estilo muy personal, sorprendían y destacaban por sus llamativos estampados, grandes volúmenes y originales prendas sueltas. Las nuevas tendencias del momento, influidas por los ideales feministas, apostaban por desterrar el corsé y adaptar la moda a todos los cuerpos, incluso los más voluptuosos, dotándolos de libertad de movimientos.

Flöge creó el estilo que hoy conocemos como “vestido reformado”: parecían diseños simples, de cortes sencillos, pero el estilo era rebelde y radical. Algunas de sus piezas se inspiraban en túnicas del norte de África.

Sus creaciones eran vanguardistas: sorprendían por sus llamativos estampados, grandes volúmenes y originales prendas sueltas
Frente al corsé, Emilie proponía tejidos vaporosos y siluetas amplias y fluidas. Fuente: Instagram

EMPRESARIA DE ÉXITO

De esta forma, Emilie se convirtió no sólo en una brillante diseñadora, símbolo de la moda de vanguardia en Austria, también en una gran empresaria, luchadora y valiente, que no tenía miedo de salirse del camino establecido en su época para una mujer o para una modista.  Gracias a Klimt, estaba en contacto con el mundo del arte y con la sociedad más selecta de su país. Realizaba viajes constantes a París y a Londres, donde entraba en contacto con las vanguardias de las grandes capitales. Allí seguía de cerca a los grandes de la época, como Coco Chanel o Christian Dior, mientras asistía a desfiles, compraba accesorios, nuevos tejidos y sobre todo, volvía a Viena cargada de inspiración y nuevas ideas.

A inicios del siglo XX, la burguesía mostraba una gran inclinación por el arte en general, por lo que sus creaciones fueron recibidas con interés, y se considera que llegaron a influir en el estilo modernista, imperante en la época.

Si bien es cierto que en muchas ocasiones se arriesgó y no convenció al público, no por ello renunció a su verdadero estilo. Solo al final de su carrera tuvo que adaptarse a lo que pedía el mercado, para poder mantener el negocio, abriendo una línea más clásica que atendiera los pedidos de las damas vienesas más convencionales. En sus años de bonanza, el prestigioso salón de las hermanas Flöge empleó a más de 80 costureras.

Estaba en contacto con el mundo del arte y las vanguardias, viajaba a Londres y París para inspirarse y seguía de cerca a los grandes de la época, como Coco Chanel o Christian Dior
Las modernas creaciones de Emilie se enmarcan dentro del Art Nouveau. Fuente: Instagram

MUSA Y ARTISTA

No cabe duda de que la relación entre Flöge y Klimt estimuló el talento creativo de ambos. En sus innovadores diseños, Emilie utilizaba estampados atrevidos,  geométricos, magnéticos. Muchos de ellos fueron reinterpretados por el propio Klimt en sus cuadros. De hecho, se dice que el propio pintor llegó a crear algunos de ellos. 

A pesar de sus valiosas aportaciones a la moda y al Art Nouveau por parte de la diseñadora, fue su presencia en la obra del pintor lo que le dio más visibilidad y le valió el título de «musa» del artista. Así, pasaba a la historia únicamente por esto, quedando en el olvido sus aportaciones como creadora. Klimt pintó varios retratos suyos a lo largo de los años, algunos tan conocidos como «Secesión» (1902), en el que aparece con un vestido azul adornado con elementos modernistas. Pero el más renombrado sería el que aparece en su famosa obra «El beso» (1907), ya que muchos estudiosos identifican a Klimt y Flöge en la figura de los amantes rodeados de coloridos mosaicos y pan de oro.

Los dos artistas se complementaban y su arte se unió para crear diseños y obras que se retroalimentaban mutuamente
Los vestidos de Flöge en los cuadros de Klimt: una de las primeras asociaciones que reunieron el arte y la moda de forma directa y consciente. Fuente: Instagram

Los dos artistas se complementaban como nadie, tanto en el plano personal, como en el artístico. En muchos sentidos, su arte se unió para crear diseños y obras que se retroalimentaban mutuamente. Ejemplo de ello, son las obras de Klimt en las que las modelos vestían creaciones de la diseñadora vienesa, como ocurre en “Retrato de Adele Bloch-Bauer I”, una obra también conocida como “La dama de oro” (1907). 

"La dama dorada", un retrato de Adele Bloch-Bauer vestida por Flöge. Fuente: Wikipedia.
Sus estampados geométricos son muy reconocibles en distintos diseños. Fuente: Instagram

En su lecho de muerte, Klimt pidió ver a Flöge. “Ve a buscar a Emilie” fueron las últimas palabras de Gustav, antes de morir de un infarto en 1918. Tras la muerte de su compañero y con la llegada del Tercer Reich a Austria, las ventas del Salón de las hermanas cayeron en picado y, en 1938, tuvieron que cerrar sus puertas. Durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos aliados en la Viena nazi destruyeron su apartamento, situado en el 39 de la Ungargasse. En él se perdieron para siempre una amplia colección de sus diseños, así como parte de los cuadros y objetos que había heredado de Klimt. 

Emilie Flöge volvió a Viena después de la guerra. Allí pasó los últimos años de su vida y murió en 1952, a los 77 años de edad. Su legado está formado por diseños transgresores que rompieron los estándares de la moda de su época. Su reconocimiento tardó en llegar, pero 63 años después de su muerte, en 2015, Valentino le dedicó su colección de Otoño/ Invierno, «Valentino FW 2015 x Emilie Louise Flöge», inspirada en los diseños más reconocibles de esta modista vienesa.  Un año más tarde, Josep Font la citaba como una de sus principales inspiraciones para la colección Primavera-Verano de 2016 de Delpozo.

Estas iniciativas rescataron del olvido la figura de esta mujer fascinante y supuso, para muchos amantes de la moda, un descubrimiento maravilloso.

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