Psicologa, filósofa, inventora, médica, pedagoga, psiquiatra, conferenciante, matemática… Si hubiera que resumir la vida de María Montessori con solo una palabra, esta podría ser «BRILLANTE». No sólo por la admiración que despertó en su momento, sino también por el magnífico legado que ha dejado tras su muerte.

Aunque, hoy en día, todos la conocen por haber creado el modelo pedagógico que lleva su nombre, se le atribuyen muchos más méritos en el ámbito de la biología, la filosofía o la psicología.

Las enseñanzas de esta luchadora incansable, obsesionada con la justicia social, siguen muy vivas, ya que el método Montessori guía el aprendizaje de miles de niños y jóvenes por todo el mundo. 

¿Quieres descubrir su fascinante historia? Todo empezó gracias a la determinación de una jovencita italiana que, a finales del siglo XIX, no aceptó que le cerraran las puertas a la mejor educación de su tiempo, solo por el hecho de ser mujer. 

La joven María no aceptó que le cerraran las puertas a la mejor educación de su tiempo, solo por el hecho de ser mujer
Su madre, filósofa, investigadora y mujer de ciencia, fue un referente para María. Fuente: Instagram @thewaldenschool
PRIMEROS AÑOS

María nació en una familia acomodada en Ancona (Italia), en 1870. Su padre era un estricto militar, descendiente de la nobleza de Bologna, que luchó por la independencia de su país. Su madre, una mujer liberal, católica e intelectual, destacó en el mundo de la filosofía, la ciencia y la investigación, siendo un referente para María. 

Era la única hija del matrimonio y, desde muy joven, dio muestras de saber lo que quería y tener el carácter adecuado para conseguirlo.  Así, con solo doce años, empezó a mostrar mucho interés por el mundo de las matemáticas.  Su padre quería que fuera maestra, y veía con buenos  ojos que la niña recibiese «cierta» educación, pero al llegar a secundaria, María eligió la opción de ingeniería, en lugar de estudiar los clásicos, como era usual entre las mujeres de esta época.

Con la idea de convertirse en ingeniera, logró inscribirse en la Escuela Técnica de Ingeniería. Sin embargo, pronto descubrió que su verdadera vocación era la medicina. ¿El problema? En Italia no había mujeres médicas.

Desde muy joven, dio muestras de saber lo que quería y tener el carácter adecuado para conseguirlo
María consiguió lo que, para muchos, era impensable en una mujer: ser médica. Fuente: Instagram @villamontesca
UNA MUJER… ¿MÉDICA?

Con 22 años, se presentó ante el director de la Universidad de Roma para una entrevista de acceso a la carrera de Medicina, una especialidad que no aceptaba mujeres. Este la rechazó como alumna, pero ella le replicó: «Sé que voy a ser médica», dijo. Como era de esperar, su familia y entorno social no la apoyaban, pero María no cambió de opinión.  Su estrategia consistió en realizar otros estudios de ciencias como aval de su capacidad. En la misma universidad, cursó estudios de Física y Matemáticas (1890) y, después, de Ciencias Naturales (1892). Además, consiguió la intercesión del mismísimo papa León XIII, que había solicitado y, finalmente, logró ingresar en la Facultad de Medicina. Se costeó la mayor parte de estos estudios ella misma, obteniendo becas con sus buenas calificaciones.

Y así, con valentía y tenacidad,  fue derribando cientos de barreras, en una época en la que el mundo ofrecía menos oportunidades a las mujeres. 

A los 26 años, María Montessori se convirtió en la primer médica de la Universidad de Roma y una de las primeras de Italia, graduándose con un promedio de 100 puntos sobre 105. Comenzó a trabajar inmediatamente en el Hospital San Giovanni, adscrito a la Universidad.

Ese mismo año, la eligieron como representante de su país en un congreso feminista celebrado en Berlín, donde acudió para defender sus ideas sobre la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres.

María siempre tuvo especial sensibilidad por las causas sociales y, a pesar de venir de una familia acomodada, se preocupaba por los más desfavorecidos, buscando la forma de mejorar sus vidas. Con este objetivo, trabajó en clínicas psiquiátricas y en colegios, donde asistían, principalmente, a discapacitados, en condiciones muy precarias. Además, en cuanto consiguió un poco de popularidad, se sumó a la lucha contra la explotación laboral infantil, un problema de su tiempo, ya que muchos niños trabajaban, en condiciones infrahumanas, en las minas de Sicilia.

A los 26 años, Montessori se convirtió en la primer médica de la Universidad de Roma y una de las primeras de Italia
Montessori se graduó con un un fantástico expediente. Fuente: httpscienzaa2voci.unibo.it
DE MÉDICA A PEDAGOGA

Durante sus años como médica, se centró en encontrar remedio a problemas como la sordera, la parálisis o la discapacidad intelectual. Pero, durante sus experiencias trabajando con niños, entendió que lo que realmente podía mejorar la vida de estas personas no era la medicina, sino la pedagogía. Educar a los niños era la llave del futuro.

Incansable, Montessori trazó, entonces, un proyecto para transformar el método educativo. Lo primero que hizo por sus alumnos fue intentar construir ambientes agradables. Estaba convencida de que desarrollar unas u otras habilidades intelectuales tenía mucho que ver con las condiciones del espacio donde pasaban tiempo los niños. Para ella, era primordial que estuvieran cómodos y entretenidos. A partir de entonces, todas sus fuerzas se centraron ya en la enseñanza, y empezó a formar a profesores para expandir sus teorías por todo el país.

La Escuela de Ortofrenia de Italia, un instituto dedicado a potenciar las habilidades de las personas con alguna discapacidad, fue el primer centro educativo que consiguió dirigir para poner en práctica sus teorías. 

Trabajando con niños, entendió que lo que realmente podía mejorar el futuro de la gente no era la medicina, sino la pedagogía
"Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo del niño", decía la pedagoga. Fuente: Instagram
LA CASA DE LOS NIÑOS

En 1907, por fin, abrió su primer centro educativo. Lo llamó “La casa de los niños”. Una de sus primeras medidas fue hacer muebles en miniatura para los más pequeños y material pedagógico adecuado a las distintas edades, acciones totalmente innovadoras en aquel momento. “¡Las cosas de su tamaño!”, decía. 

Empezó trabajando con 50 niños y, así, poco a poco, se convirtió en maestra, como quería su padre, pero fue la más atípica de su época, revolucionando los métodos de enseñanza conocidos hasta entonces. Montessori entendió que dando libertad a los más pequeños y sin obligarles a avanzar al mismo ritmo, aprendían más rápido y les costaba menos esfuerzo.

Llamó a su primer centro «La casa de los niños», e hizo para ellos muebles en miniatura: «¡Las cosas de su tamaño!», decía
Mobiliario a su medida en el aula. Fuente: Instagram
Autonomía e iniciativa. Fuente: Instagram
MÉTODO MONTESSORI

Su método se contruye, principalmente, sobre el respeto y la observación. Autonomía, independencia, iniciativa, capacidad de elegir, desarrollo de la voluntad y autodisciplina son los principios en los que se basa.  La idea de que el niño sea su propio maestro fue revolucionaria en aquel momento, en el que el educador era una figura de gran autoridad y reconocimiento. 

«El niño, guiado por un maestro interior, trabaja infatigablemente, con alegría, para construirse a sí mismo. Los educadores solo podemos ayudar», argumentaba María. Sus teorías generaban escepticismo¿Cómo podría un niño, que no tiene conocimientos, ser su propio maestro? María replicaba: «La mayor señal de éxito de los profesores es poder decir: ahora los niños trabajan como si yo no existiera». ¿Podría un sistema educativo así producir alumnos destacados?  

Montessori, sin embargo, no estaba interesada en crear genios, sino en «dar a cada persona la oportunidad de poder desarrollar sus propias capacidades por sí misma”.  De esta manera, los pequeños alumnos aprenden a ser más humanos, equilibrados e independientes.

“El niño abandona todos los comportamientos negativos y adquiere comportamientos positivos de una manera espontánea y sin esfuerzo”, escribió en su obra «La mente absorbente».  “Nuestros alumnos quieren hacer todo lo que hacen, pero no hacen todo lo que quieren”, explicaba.

«La mayor señal de éxito de los profesores es poder decir: ahora los niños trabajan como si yo no existiera»
Su gran vocación fue ayudar a los niños a desarrollar todo su potencial. Fuente : Instagram @madresdesterradas
AÑOS COMPLICADOS

Para María, fue muy difícil instaurar esta filosofía en las aulas de Italia durante el fascismo. Su experiencia educativa chocaba frontalmente con el sistema totalitario, que pretendía adoctrinar a los jóvenes y, de hecho, quemaba los ejemplares de sus obras.

Por este motivo, la joven pedagoga tuvo que exiliarse varios años en España, Holanda e India. Allí, siguió muy de cerca los programas de formación para docentes que había comenzado en Italia. A pesar de las dificultades, nunca se rindió. Sabía que cambiar el modelo educativo era fundamental para el futuro de los más pequeños.

La gran maestra llegó a la conclusión de que “la educación es el único camino para construir la paz”. Humanista, feminista y católica, consiguió tres nominaciones al Premio Nobel de la Paz, por los trabajos que desarrolló en aquella etapa.

LEGADO INTERNACIONAL

María Montessori murió en 1952, en Holanda. Así concluyó una vida extraordinaria dedicada a la defensa del mundo infantil. Hace 68 años que nos dejó y, sin embargo, su maravilloso legado ha permanecido vigente y moderno hasta nuestros días. Tras la muerte de su madre, su único hijo, Mario, ha visto crecer su popularidad y reconocimiento, ya que, actualmente, muchos valoran su modelo como el más eficaz para desarrollar capacidades ocultas en los niños.

María Montessori fue un auténtico genio, con una filosofía única, que dio una alternativa creativa al método tradicional de aprendizaje, para que familias de todo el mundo puedan elegir cómo quieren educar a sus hijos. 

En 2020, existen más de veinte mil escuelas Montessori en el mundo y algunas cuentan, incluso, con financiación pública. 

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