Parece difícil de creer que, en pleno siglo XXI, exista un deporte que excluya completamente a las mujeres. Esto es lo que ocurre con el sumo profesional. Frente a esta situación, grandes luchadoras como Hiyori Kon se han propuesto emplear todas sus fuerzas, que no son pocas, para acabar con esta discriminación y cumplir su sueño: dejar atrás la lucha amateur y formar parte de la liga profesional japonesa.

En la actualidad, Japón cuenta con 300 luchadoras inscritas en la Federación Internacional de Sumo, pero miles de niñas y jóvenes lo practican cada día en el colegio, en el instituto o en la universidad.  En Japón, las mujeres no solo pueden practicarlo, sino que pueden ir a la universidad con becas de este deporte. Un ejemplo es el Club de Sumo de la Nihon University. Además, se celebran torneos solo para mujeres, y un campeonato para la mejor luchadora del país. Y aun así, la Asociación de Sumo Japonesa, quien regula el sumo profesional, ni se plantea permitirles competir en la liga del deporte nacional de su país.

Ante esta situación, Hiyori Kon no puede permanecer callada: “Creo que todos mis esfuerzos servirán para que otras mujeres que practican el sumo dejen de sentirse discriminadas. Si todas alzamos nuestras voces, habrá más personas dispuestas a enfrentarse. Es el momento de que las mujeres del sumo pasemos a la acción”, asegura la joven atleta, apasionada de este deporte.

Su labor no ha caído en saco roto: la BBC incluyó a esta joven promesa del deporte nipón en la lista de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes del mundo. ¿El motivo? Enfrentarse con determinación a una tradición injusta de 1500 años de antigüedad. 

«Es el momento de que las mujeres del sumo pasemos a la acción”, asegura Kon

Seguramente la primera imagen que les viene a la cabeza al hablar de este deporte es la de un hombre de gran peso, fuerte y ligero de ropa (con un mawashi , así se llama la vestimenta que llevan) que lucha contra otro dentro de un ring redondo, el dohyo. Efectivamente, los luchadores, también llamados rikishi, son los principales protagonistas de esta práctica ancestral.

Su principal objetivo es derribar al contrario. Las normas determinan que el primero que toque el suelo con alguna parte de su cuerpo, a excepción de la planta de los pies, queda eliminado. Pisar fuera del ring es, además, motivo de expulsión. Su código de conducta no permite golpear en los ojos, tirar del pelo, puñetazos, estrangulamientos o acabar el encuentro con el mawashi fuera de su sitio. La honorabilidad es un elemento de gran importancia durante los combates.

En el sumo femenino se contempla el mismo código de conducta que en el masculino. Fuente: Little Miss Sumo (Matt Kay, 2018)

El sumo requiere mucha disciplina y sacrificio. Nada que una mujer no pueda llevar a cabo, como sabemos por otros muchos deportes con exigencias similares que cuentan con destacadas figuras femeninas. Por este motivo, cada vez son más las deportistas que se han propuesto demostrar de lo que son capaces y conseguir el lugar que les corresponde dentro del sumo japonés. Sus esfuerzos por visibilizar este problema han tenido un gran impulso gracias al documental de Netflix «Pequeña Miss Sumo» (Matt Kay, 2018) que presenta la historia de Kon y los obstáculos que encuentran las deportistas en un país liderado por la tradición y el protocolo. 

En el documental, Hiyori explica que “las japonesas no suelen luchar por cambiar las tradiciones, no quieren cambios radicales. La mujer ideal es recatada y camina tres pasos por detrás del hombre, no puede hacerse notar”. 

Para ella y sus compañeras, sin embargo, la lucha acaba de empezar. “Lo que más me gusta es que puedes ganar aunque tu contrincante sea una persona más grande que tú, incluso si hay mucha diferencia de fuerza”, asegura Hiyakuru Mizunuma, una joven luchadora de 18 años.,

Cada vez son más las deportistas que se han propuesto demostrar de lo que son capaces y conseguir el lugar que les corresponde dentro del sumo japonés

La lucha de Hiyori Kon tiene lugar dentro y fuera del ring.
Su objetivo: derribar una tradición milenaria.

Tiene veintidós años, pero su relación con el sumo empezó cuando apenas tenía cinco. “Empecé a entrenar cuando estaba en primaria. Hasta el tercer curso, nunca perdí, ¡ganaba incluso contra los chicos! Ellos pueden aspirar a ser luchadores profesionales. En cuanto a las chicas, lo dejan después de la escuela elemental”, se lamenta Kon.

Su caso fue diferente. Ella decidió seguir practicando el deporte que le apasiona y, poco a poco siguió destacando, hasta que intentó hacer de su hobby una profesión. Ahí empezaron todas las trabas, ya que en Japón “las mujeres tenemos prohibido ingresar en el dohyo, así que no hay liga profesional de sumo femenino”, explica la atleta.

El veto que suponen las tradiciones japonesas no le ha impedido seguir esforzándose cada día para cumplir su sueño: “Quiero ser la mejor del mundo. Esto de que no haya mujeres en el dohyo se puede cambiar. Ojalá más personas luchen junto a nosotras contra los problemas de género”, dice con esperanza.

“Quiero ser la mejor del mundo. Esto de que no haya mujeres en el dohyo se puede cambiar»
Hiyori está decidida a convertirse en luchadora de sumo profesional. Fuente: Little Miss Sumo (Matt Kay, 2018)

Su dedicación es absoluta. “Tengo la misma masa corporal que una foca, soy una nadadora rellenita”, dice entre risas. Hiyori sabe que su forma física es muy importante: La parte que más sufre de nuestro cuerpo son las rodillas, por el peso. Nos cuentan que nuestro mejor momento físico para competir es entre los veinte y los veinticinco años, pero lo dicen para que no sigamos peleando. Algunas compañeras siguen en el ring hasta los treinta”, explica.

Presume de haber nacido en la ciudad de Aomori, la cuna del sumo. Eso le da fuerzas para creer que cambiar las cosas es su destino. Y gracias a su perseverancia, los cambios han empezado a llegar. A pesar de la reacción de su padre, «¿Sumo para una mujer? Ni hablar, déjalo», su madre decidió apoyar su sueño y luchó para conseguir el permiso paterno: “Yo le dije que la dejara. Si sale en alguna revista, me emociono y la compro, aunque sea muy cara. No hay muchas luchadoras a las que nosotras, las chicas, podamos admirar”, comenta orgullosa.

A nivel internacional, las luchadoras se dan cita en el Campeonato Mundial de Sumo de Taiwan, una competición amateur donde participan hombres y mujeres de todo el mundo. En el documental podemos ver el certamen de 2018, al que Hiyori Kon acude para batirse con las mejores. 

La forma física y la fuerza es fundamental para las luchadoras de sumo. Fuente: Little Miss Sumo (Matt Kay, 2018)

Vemos cómo no teme enfrentarse a rivales que le sacan una cabeza, en realidad, es una de las más fuertes. Su entrenadora confía en ella y en el poder de su mente: “Has entrenado muchísimo, va a ser un gran combate. Confía en ti”.

“Cuando me subo al ring me siento sola. Mi cuerpo se mueve sin pensar en nada”, dice Kon. Va derribando a todas sus contrincantes hasta situarse en la final, con la rusa Anna Zhigalova. Expulsarla del ring no será fácil, es mucho más grande que ella. Pelean con fuerza y, por un momento, parece que Kon puede con ella, pero no es así. En apenas unos minutos, un paso incierto hace que la japonesa pierda el equilibrio y sea derribada. Hiyori Kon queda segunda en el campeonato y las lágrimas caen por su rostro, aunque sabe que no es fácil ganar y que el único camino para alcanzar el éxito es no rendirse nunca. Por eso, su lucha continúa.

A nivel internacional, las mejores luchadoras se dan cita en el Campeonato Mundial de Sumo de Taiwan

Curiosamente, fue una mujer la precursora de este deporte. En el año 642, la emperatriz Kogyoku pidió a los miembros de su guardia personal que se pelearan entre ellos para entretener a sus invitados coreanos, y así nació el sumo. 

“Lucha entre Kasugayama y Koshinoumi” de Utagawa Kunisada. Fuente: Dusokoi.fr
La emperatriz Kogyoku, monarca, consorte, poeta y escritora japonesa. Fuente: Wikipedia.

Para los japoneses no es sólo un deporte, es un ritual que enlaza el mundo mágico de sus antepasados con los dioses sintoístas y con las tradiciones sagradas. Los luchadores son guerreros legendarios, aquellos que consiguen alcanzar el estatus de yokozuna o el de sekiotori se convierten en estrellas mediáticas. Sin embargo, estas creencias son las que consideran inconcebible el sumo femenino, ya que, según su tradición, la sangre (en este caso, la menstruación femenina) es un elemento impuro que no debe ingresar en el ring, puesto que contaminaría el espacio sagrado. 

Hasta 1873, las mujeres tuvieron prohibido asistir a los combates, ya que era considerado un ritual samurai únicamente dirigido a los hombres. Sin embargo, el sumo femenino es más antiguo de lo que puede parecer. A principios del periodo Edo (1603-1868)  se celebraron combates de sumo entre mujeres, llamados onnazumō, como espectáculo erótico para los hombres, estando ligados a los prostíbulos. Poco a poco, esta práctica fue creciendo hasta organizarse en torneos, y algunas luchadoras consiguieron una enorme popularidad, convirtiéndose en verdaderas celebridades de la época.

En 1744, se censuraron por ser considerados una «actividad inmoral», sin embargo, eran tan populares que se siguieron celebrando en algunas zonas. En 1880, el sumo femenino volvió a prohibirse, esta vez oficialmente, y las luchadoras decidieron eliminar entonces cualquier resto de erotismo para hacerlo similar al sumo profesional.

El sumo femenino es más antiguo de lo que puede parecer: nace en el periodo Edo (1603 -1868)
Grupo de luchadoras de sumo y árbitros durante un torneo de exhibición en Okinawa, 1949. Fuente: www.elbuenrikishi.wordpress.com

Aún quedaba mucho camino por recorrer para estas luchadoras clandestinas, ya que, en 1926, el Gobierno prohíbe cualquier actividad relacionada con el sumo femenino. Las luchadoras, como respuesta, realizan tours y espectáculos a riesgo de ser descubiertas y castigadas. Tuvieron que transcurrir muchos años hasta que, en 1980, el sumo femenino se convirtió en un éxito en países como Brasil, la URSS o los EEUU. Desde entonces, el sumo amateur internacional cuenta con una categoría masculina y otra femenina.

Parece evidente que aún queda mucho por hacer, pero las deportistas japonesas, con Hiyori Kon a la cabeza, están decididas a seguir luchando por su pasión: “Me gustaría dar la oportunidad a los niños de todo el mundo de practicar el sumo, y convertirlo en un deporte olímpico”, dice Kon con una sonrisa.  Su espíritu, y el de sus compañeras, recoge el legado de las primeras luchadoras, que respondían a las prohibiciones con rebeldía y determinación. ¡Su fuerza y su talento les llevarán muy lejos!

 

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