A priori, puede parecer que coger una o dos cuerdas por sus extremos y evitar que se enreden en los pies mientras se salta, es solo una manera que tienen las niñas de entretenerse en el patio del colegio.  Y así ha sido durante mucho tiempo. Lo que no es tan conocido, al menos en nuestro país, es que ya hay equipos que compiten a nivel mundial, y que estos saltos se han perfeccionado tanto, que han llegado a convertirse en espectaculares acrobacias.

Hablamos del double dutch  o salto de comba, un deporte que, si bien recibe a los hombres con los brazos abiertos, nació como una modalidad estrictamente femenina, y han sido ellas las que le han dado fama a nivel mundial.

Jóvenes practicando en la calle. Fuente: Wikipedia. Autor: GoToVan
Lo importante es que las combas giren a un ritmo vertiginoso, casi hipnótico, mientras las participantes, entran, saltan y hacen coreografías acrobáticas

¿En qué consiste exactamente?  Para empezar, no es un deporte individual: se necesitan a varias personas saltando de manera coordinada. Además se puede practicar con una cuerda o con varias. Lo importante es que las combas giren a un ritmo vertiginoso, casi hipnótico, mientras los participantes, entran, saltan, hacen coreografías (a ser posible acrobáticas) y salen de la cuerda, siempre al son de alguna canción, normalmente rap o hip hop. Un verdadero espectáculo que requiere coordinación, concentración, cierta forma física y amplias aptitudes para el baile.

Para entender lo que los saltadores hacen, hay que grabarlo y reproducirlo a cámara lenta”, explica Ulysses Williams, uno de los creadores de las normas del double dutch, en el documental “Pick up your feet».

Nació como una modalidad estrictamente femenina y han sido ellas las que le han dado fama a nivel mundial

La imagen clásica que lleva asociada este juego evolucionado en deporte es la de un grupo de niñas afroamericanas jugando en la calle y turnándose para mostrar su habilidad unas a otras. Es allí donde se abrió paso el double dutch, en la comunidad negra de EEUU, allá por los años setenta y ochenta.

Niñas jugando al double dutch frente a las casas Ida B. Wells Homes en Chicago, 1973. Fuente: Wikipedia

Fueron estas jóvenes, con su agilidad y destreza con la comba, las que inventaron esta modalidad deportiva.

Nació en los setenta, aunque fue en los ochenta cuando al pasear por las calles de Nueva York costaba encontrar un rincón sin niñas mostrando su arte y soltura con las cuerdas. Para entonces, el double dutch ya se había convertido en parte de la cultura callejera de todo un país.

La idea de que este juego pasara a considerarse un deporte fue de dos policías neoyorquinos, Ulysses Williams y David Walker, quienes inventaron las reglas. Su intención era profesionalizar esta práctica, cada vez más extendida entre las chicas que habitaban en aquellos años la gran manzana.

En 1974 tuvo lugar la primera competición oficial, sin embargo, fue en 1981 cuando se produjo un verdadero hito en la historia de este deporte: nacieron las «Cuatro fantásticas»,  un equipo formado por cuatro niñas que superó todo tipo de expectativas y desató la locura. Había nacido un auténtico fenómeno de masas.

Cuatro niñas que saltaron a la fama gracias al double dutch. Fuente: fantastic4doubledutch.com
Sus exhibiciones eran un gran espectáculo acrobático. Fuente: @fantasticfourdoubledutch Instagram
De’Shone Goodson: “ Uno de los valores que transmitíamos era y sigue siendo el del trabajo en equipo, eso hace que el sueño funcione”

Ellas situaron este deporte en el mapa mundial e hicieron una gran labor de empoderamiento femenino, sin apenas darse cuenta. Una de estas cuatro fantásticas es Nikki Adams Howell: “Para mí significó ser importante, ser alguien para las chicas de mi comunidad”.

Otra de las integrantes es De’Shone Adams Goodson: “ Uno de los valores que transmitíamos era y sigue siendo el del trabajo en equipo: eso hace que el sueño funcione”. También Delores Brown Finlayson formó parte de este grupo: “Un deporte callejero llevó a cuatro jóvenes de color a presentarse ante el mundo”.

Junto a la cuarta integrante, Robin Oakes Watterson, llegaron a lo más alto y rompieron todo tipo de barreras. Su fama les llevó, por ejemplo a ser las estrellas protagonistas de varios anuncios nacionales de la marca McDonalds, que causaba furor en aquellos años, dando así una gran visibilidad a la mujer afroamericana, algo que no era tan frecuente en aquel momento. Las «Cuatro fantásticas» dejaron un modelo a seguir y grandes enseñanzas para las más pequeñas del país.

Por aquel entonces, todas las niñas afroamericanas estaban enamoradas de este nuevo entretenimiento. Era barato, se podía hacer en cualquier sitio y solo se necesitaba espíritu de competición y compañeras que quisieran estar todo el día en el aire.

La fiebre por saltar llegó a Europa en 1982, gracias a las giras internacionales que se lanzaron desde América

Lo que las cuatro fantásticas no sabían por aquel entonces es que también estaban contribuyendo a mejorar la salud de su país. “Las mujeres negras tenemos las mayores tasas de obesidad de EEUU y estamos recuperando este deporte como juego para transmitir a nuestras hijas”, asegura Kyra Gaunt, autora del libro The Games Black Girls Play: Learning the roces from double-dutch to hip-hop.

La fiebre por estos saltos coordinados llegó a Europa en 1982, gracias a las giras internacionales que se lanzaron desde América. Así se expandió esta práctica por países como Dinamarca, Hungría, Países Bajos o Suecia.

Cuando el salto de comba estaba en su nivel más álgido y parecía que podía convertirse en deporte olímpico, a mediados de los ochenta, empezó a perder fuerza de manera vertiginosa, cayendo casi en el olvido. Nunca lograron grandes patrocinadores, y en 1984 dejaron de celebrarse todos los campeonatos. El double dutch había desaparecido del mundo de la competición pero, sorprendentemente, también de las calles.

Fue en el año 2009 cuando algunos colegios americanos lo recuperaron como deporte opcional. Y hace 3 años aproximadamente, como por arte de magia, volvió a coger fuerza y salió de nuevo a las calles a lucir sus prodigiosos y ágiles saltos.

En España hay, actualmente, dos clubes profesionales de salto de comba: el veterano de Montilla y el otro de Cheste, Valencia.

Quizás el futuro de la comba recorra un camino similar al que realizó el hockey sobre patines, la pelota vasca o el taekwondo, que en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 consiguieron entrar como deportes de exhibición.

¿Pueden varias niñas jugando en la calle crear un deporte olímpico? Parece ser que sí, y es lo que podría estar a punto de ocurrir. Al menos este es el objetivo por el que están luchando los hombres y mujeres que se dedican profesionalmente al salto de comba. Su meta es seguir saltando más alto, mejor, de nuevas formas, cada vez más espectaculares. Todo lo que sea necesario para mostrar al mundo que sí, merecen formar parte de la familia olímpica

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