Con 13 años ya tenía claro que quería dedicarse a la investigación científica y profundizar sobre cómo aplicar el ejercicio para tratar la salud. Marta González Freire (Ourense, 1983) ya entendía entonces el deporte como una medicina, un camino que le apasiona. Recuerda el día en que entró a estudiar en el Instituto Nacional de Educación Física, con 19 años, como “uno de los momentos más satisfactorios de mi vida”. Tras la carrera universitaria, se doctoró en Fisiología del Ejercicio, especializándose en el ámbito de la genética y la biología celular. Marta siempre habla con entusiasmo de su trabajo porque “es mi vida. Me encanta lo que hago y, como para mí es un hobby, no lo veo como un trabajo. Soy muy afortunada».

 El deporte es la otra gran pasión de su vida: «Desde los 12 a los 22 años competí en  bodyboard y llegué a ser campeona de Galicia y subcampeona de España. Luego me mudé a Madrid y me pasé al triatlón». Para ella, el deporte es un estilo de vida que va más allá de lo saludable. «Todo gira en torno a él. Para mí, lo más importante es disfrutar del entrenamiento, no me centro en la competición. Son disciplinas solitarias que, sin embargo, se entrenan en grupo. Y las amistades que haces son especiales, permanecen, porque hay empatía, cercanía, se comparten retos y experiencias intensas».

En medio de su aventura y trayectoria laboral desde Madrid, en 2013, recibiría una invitación que cambiaría su mundo para siempre: el prestigioso investigador Luigi Ferrucci le ofreció participar en un proyecto sobre envejecimiento celular en el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos. «La primera vez que fui a Baltimore para hacer mi entrevista fue súper bonito” recuerda con una sonrisa, “conocí a toda la gente que se convertiría en esencial en mi vida en los próximos seis años. Guardo con cariño esa primera visita»:

“Me encanta lo que hago y, como para mí es un hobby, no lo veo como un trabajo. Soy muy afortunada».
El Dr. Richard D Semba MD PhD, Johns Hopkins University (JHU) y la Dra. Marta González-Freire PhD, National Institutes of Health (NIH), Baltimore, Maryland (MD, USA). Fuente: RRSS

Marta no lo dudó y se mudó allí, donde comenzó a trabajar en un proyecto sobre los cambios que experimenta nuestro organismo a medida que envejecemos para, a partir de ahí, determinar cómo retrasar este proceso. Su nuevo puesto era exigente e incluía jornadas de 12 a 14 horas diarias: «En Baltimore me solía levantar muy temprano porque cuando estás haciendo investigación, y más en un centro tan puntero como en el que yo estaba, tienes que aprovechar el día al máximo”.

Sin duda, su preparación física le ayudó. En ningún momento se planteó renunciar al deporte, el triatlón en aquellos momentos, por lo que tuvo claro que, si quería hacerlo todo, necesitaba organizarse de la forma más eficiente: “Empecé a acostarme sobre las 21:00, y a las 05:00, como muy tarde, estaba en pie. Ese horario me iba muy bien, y luego rindes muchísimo en general», asegura. 

«Hay tiempo para todo. Me lo repite mi padre todos los días, y es verdad. Creo que hay tiempo para todo cada día, y hay que saber planificarse».

Además de su energía desbordante y sus ganas de poder con todo, Marta contaba con los consejos de su padre. «Hay tiempo para todo. Me lo repite mi padre todos los días, y es verdad. Creo que hay tiempo para todo cada día, y hay que saber planificarse».

Aplicar los consejos de un ser querido, como pudo ser en este caso los de su padre, le permitió vivir experiencias únicas en su nuevo destino, como saludar a un premio Nobel en Medicina o compartir piscina con deportistas de élite. “Me sentí muy afortunada al conocer a James Watson «– recuerda. «También conocí a Michael Phelps, entrenábamos en la misma piscina porque él es de Baltimore. Era una pasada verle entrenar. No sé cómo definirlo. Ves a Michael Phelps en el agua y parece un delfín».

En su etapa en EEUU, aun centrada e inmersa en su proyecto de investigación científica, también le quedaba tiempo para realizar rutas y carreras en mountain bike, incluso llegando a participar en algunas competiciones. «La zona de Baltimore es alucinante a nivel natural, es un placer doble,  hacer deporte en sus parques naturales y disfrutar de paisajes increíbles», nos confiesa.

Sobre este periodo profesional no tiene dudas, “fue la mejor experiencia de mi vida. Aprendí muchísimo en estos seis años que estuve trabajando con Luigi Ferrucci». Y añade: “Volvería allí con los ojos cerrados”.

Marta junto al Premio Nobel en Medicina James Watson, un encuentro emocionante. Fuente: INSTAGRAM
“Conocí a Michael Phelps, entrenábamos en la misma piscina porque él es de Baltimore. Era una pasada verle entrenar: lo ves en el agua y parece un delfín».

El momento más complicado de su vida llegó cuando volvío de Estados Unidos: «Me encontré totalmente en un limbo entre dos países y con el corazón dividido». En principio, Marta no tenía pensado volver a España. Tenía un contrato para quedarse en América pero, a su llegada a nuestro país, en una de sus visitas, se rompió la clavícula montando en bicicleta. Entre la recuperación y el desánimo que le causó la caída, decidió quedarse en España. “Pedí becas competitivas y me dieron todas”– risas- “seleccioné la MIGUEL S que es de los contratos en investigación de salud más importantes que tenemos en España».

La gallega puso en práctica uno de sus propios lemas, “hay que saber adaptarse al cambio», y se centró en su nuevo proyecto. «Se basa en descifrar los mecanismos moleculares asociados a la pérdida de masa muscular y fuerza con la edad, y también en descubrir por qué envejecemos y cómo podemos retrasar el envejecimiento».

Marta es una mujer que destaca en la ciencia, un sector profesional en el que su perfil no es el habitual: “Creo que tanto hombres como mujeres merecemos ser valorados en todos los ambientes. No me gusta el feminismo radical que hay hoy en día”. Esta mirada equilibrada se detiene, por un momento, a valorar el trabajo de Sportfem: “Está genial resaltar el deporte femenino, porque es verdad que siempre ha sido el gran olvidado».

Marta obtuvo un sexto puesto en la carrera "6h at Woodstock" en 2017. Fuente: Instagram
“Creo que tanto hombres como mujeres merecemos ser valorados en todos los ambientes. No me gusta el feminismo radical que hay hoy en día”.

Como científica, le ha tocado vivir la crisis del coronavirus desde dentro y con la presión exigida del momento. Teniendo que dejar temporalmente aparcado su proyecto para centrarse en analizar pacientes con COVID-19, trabajando largas horas e incesantes jornadas. “La sociedad pedía que sacásemos vacunas en tres semanas, y eso es imposible. Hay vacunas que se tardan años y años en desarrollarse y el problema es que, en España, a la ciencia básica no se le ha dedicado mucho dinero en los últimos años. De hecho, es uno de los sectores de la economía que más se han visto afectados, el de la investigación”. Sin embargo, la investigación requiere tiempo. “Ahora parece que ya ha pasado la crisis, y ya nos olvidamos otra vez de la ciencia, de los médicos y de todo», se lamenta Marta González.

En el plano personal, su familia combatió la pandemia desde primera línea, con la preocupación lógica que eso conlleva: “Mi padre es ginecólogo y estaba yendo todos los días al hospital, y mi hermana, psicóloga. Tenían la posibilidad de traer el virus a casa mientras estábamos en plena pandemia». 

El trabajo supuso un refugio durante el confinamiento para esta ourensana, de carácter cariñoso y afable, a quien le encanta juntarse con los suyos a charlar de las cosas de la vida.

En cualquier caso, Marta mantiene la mirada positiva a pesar de todo: «Al final siempre sale el sol, en cualquier caso en la vida. Nos hemos dado cuenta de que la ciencia es necesaria y que el esfuerzo colectivo como población es necesario para superar crisis sanitarias o medioambientales». El optimismo es fundamental en su vida, por eso procura rodearse de “la gente que transmite positividad todo el rato. Que ven el vaso medio lleno, no medio vacío».

“Nos hemos dado cuenta de que la ciencia es necesaria y que el esfuerzo colectivo como población es necesario para superar crisis sanitarias o medioambientales».
Amante de los viajes y la naturaleza, Marta disfruta haciendo ejercicio en Moab, Utah (EEUU). Fuente: Instagram

Y de esta manera mira hacia su futuro, deseando una carrera profesional estable o volver, quién sabe, a Estados Unidos. 

Tal vez son sus genes gallegos o su curiosidad innata la que le impulsa a seguir viajando y descubriendo nuevas realidades. “Me encantaría viajar a todas las partes del mundo que me quedan por visitar”. Si pide un deseo, es el amor de los suyos y salud, mucha salud: “al final puedes tener mucho dinero pero, sin salud, da igual todo el dinero que tengas». En lo deportivo, no hay límites. Desde hace dos años, ha añadido las carreras de montaña a su lista de retos: «Me encanta la sensación de libertad que me aportan».

Marta es una luchadora sobresaliente, tanto en la ciencia como en el deporte, sus campos de acción, pero a quien no le gusta estar en primera fila. Su trabajo le ha llevado a investigar sobre cómo retrasar el envejecimiento, pero su espíritu aventurero no necesita esa receta. Para ella, lo importante es vivir intensamente, disfrutando de sus pasiones, sin olvidarse de una buena dosis de generosidad. Como la de ella y la que tienen grandes hombres y mujeres de la ciencia como ella, que aportan su talento para ayudar a hacer nuestro mundo un poco mejor.

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