Baloncesto, bici, tenis, escalada, triatlones, fútbol…no hay deporte que se le resista a la piloto de raids Margot Llobera (Andorra, 1996). «He competido en muchos deportes, de hecho, estuve en la Selección Andorrana de Fútbol, pero la moto me produce más sensaciones y vivencias«, afirma. 

Acaba de cumplir 24 años, y lo ha hecho en medio del confinamiento: «Ha sido una sensación muy rara, pero he tenido la suerte de contar con toda mi familia alrededor, así que hemos tratado de celebrarlo por todo lo alto, eso sí, sin salir de casa. Desde luego que recordaré este cumpleaños toda mi vida«. 

Aun siendo tan joven tiene un gran objetivo: Dakar 2021. «Es, sin duda, el más complicado que me he propuesto en mi vida«, señala. 

 

Margot Llobera.

«No participar en el Dakar 2020 fue la decisión más dura de toda mi carrera deportiva»

Podría parecer que lo más complejo es verse, sobre todo a su edad, en una carrera tan arriesgada como es el Rally Dakar. Pero, sorprendentemente, lo que más le cuesta a Margot es conseguir patrocinadores para tener un presupuesto que le permita llegar a la competición con las máximas garantías: «Seguimos trabajando muy fuerte y estamos convencidos de que lo conseguiremos, pero es cierto que la parte económica es brutal».

Rozó su sueño con los dedos el año pasado. Ya tenía el dorsal, el 101, para poder disfrutar de su primer Dakar, pero perdió a uno de sus principales patrocinadores. Aunque no le resultó fácil, pensó que lo mejor era retrasar un año su programa para no competir con medios limitados y arriesgarse a abandonar en su primera participación. Una decisión que recuerda como «la más dura de toda mi carrera deportiva, y quizá también de las decisiones personales que he tenido que tomar. Con todo el esfuerzo y todo el trabajo que conlleva pelear por estar allí…Fue muy difícil«, comenta.

Prefirió no arriesgar un proyecto de años, descansar unos días y después seguir preparándose para poder tener un proyecto más sólido. 

Con lo que no contaba es con que también tendría que aparcar, durante un tiempo, la moto en el garaje. «Me ha afectado mucho a la hora de entrenar, sobre todo por las competiciones que no hemos podido disputar en esta primera mitad del año. He podido entrenar muy duro en casa, pero la verdad es que he echado mucho de menos la moto«, confiesa.

Con todo lo que está pasando está claro que el lado deportivo pasa a un segundo plano. Margot sentía que, tanto ella como su familia, tenían que ayudar como pudiese en esta pandemia, así que «pensamos en cosas positivas que podíamos hacer con todo este lío delante de nosotros». 

Su padre es un entusiasta de la tecnología y ella ha estudiado Ingeniería de Diseño Industrial. Se les ocurrió colaborar haciendo mascarillas: «Tenemos una impresora 3D en casa con la que pudimos fabricarlas». 

¡Y eso no es todo! La Cruz Roja necesitaba voluntarios para asistir a personas mayores o vulnerables en el reparto de comida y ahí estaba Margot, dispuesta a todo: «No lo dudé ni por un momento. Ha sido una situación muy complicada para todos y ha tocado arrimar el hombro en lo posible. Me da mucha pena toda la gente que se ha visto afectada de cerca. Por suerte, en mi familia no hemos tenido casos graves«.

«Mi tío ha tenido mucho que ver en que yo quiera tomar el camino del Dakar»

Lo de Llobera con las motos fue un amor a primera vista. Lo cual resulta un poco extraño porque en su casa no había una tradición motera, pero sí de motor. Su tío es Albert Llovera (cambiaron la v por la b por asuntos familiares), asiduo del Dakar en coches y camiones, quien además competirá en la próxima edición con el equipo oficial de camiones IVECO Team de Rooy. Es un referente para Margot en todos los sentidos: «Ha tenido mucho que ver en que yo quiera tomar este camino del Dakar. Recuerdo perfectamente cuando llegaba de alguna de sus participaciones y nos contaba a toda la familia las mil y una aventuras que había vivido. De pequeña quería llevar aquella vida que él tenía», recuerda emocionada.

Con 18 años se fue a Barcelona a estudiar. No estaba acostumbrada a practicar deporte en la ciudad (no hay más que echar un vistazo a los paisajes y posibilidades que brinda Andorra), así que, empezó a trabajar con un entrenador personal que le recomendó que se fijara un objetivo antes de entrenar. Puede que haya algo de destino en todo esto porque, lo primero que se le pasó por la cabeza fue el Dakar. Por aquel entonces no conocía la diferencia entre el motrocross y el enduro, pero sabía que quería ir.

Empezaron a trabajar adaptándose a las distintas carreras, con sesiones de gimnasio y salidas para trabajar cardio. «Todo esto lo combinamos con la moto, de manera que tratamos de mejorar la técnica y la resistencia para aguantar muchas horas encima de ella, porque será lo que me encuentre en las etapas del Dakar», explica.

Con una situación tan excepcional como la que hemos vivido, Margot ha tratado de mantener una rutina muy estricta para seguir con los entrenamientos: «Por la mañana he estado haciendo físicos y por la tarde me dedicaba a una segunda sesión de bici, estiramientos, movilidad…También hemos trabajado equilibrio y la mecánica de la moto».

No debe de ser fácil para una motera ponerse a investigar con su moto pero no poder cogerla. Durante semanas tuvo que dejarla a un lado, mientras contaba los días para el esperado reencuentro: «Tenía muchísimo mono de moto. Nunca había estado tanto tiempo sin cogerla. Mi primera salida fue acompañada de buenos amigos, con mucha calma y retomando sensaciones. Sigo echando de menos el desierto y la arena, pero todo llegará». 

Sin embargo, Margot tenía pendiente un reencuentro mucho más deseado que el de su moto: sus abuelas. «Por fin he podido verlas. Las he echado muchísimo de menos. Todavía mantenemos las distancias, pero verlas me da mucha alegría», nos cuenta con una gran sonrisa.

 

Margot compitiendo en el raid de las 1000 dunas

«El raid de las 1000 dunas me dio la confianza que necesitaba» 

Mira impaciente el calendario para poder empezar con la preparación técnica del Dakar. Si cierra los ojos se visualiza ahí, en la arena. Hace dos años, tuvo la oportunidad de vivir el rally desde dentro, al formar parte del equipo HIMOINSA Team como prensa. «Fue una experiencia clave para tomar la decisión de participar en la carrera. Compartí todas las etapas con referentes en las motos como Gerard Farrés, Iván Cervantes, Rosa Romero, Marc Solà y Dani Oliveras. Todos son pilotos excepcionales y el equipo técnico también era increíble», recuerda ilusionada. 

Asegura que poder ver tan de cerca cómo trabajaban y cómo se sentían, prendió la mecha de un sueño que tenía desde hace tiempo. Así que fue directa a por ello.

Para poder participar en el Rally Dakar es necesario haber terminado alguna carrera de alto nivel. Su prueba de fuego fue el raid de las 1000 dunas. No solo lo completó con éxito, sino que además quedó quinta en la clasificación general aun siendo la participante más joven de la prueba. «Es igual, o incluso más complicada a nivel de navegación, que el propio Dakar. Me dio la confianza que necesitaba. Tuve la suerte de compartir esa semana de carrera con grandísimos pilotos y profesionales, lo que también me ayudó a mejorar», detalla. 

Su pasaporte rumbo a Dakar vino de la mano del Rally Merzouga, la carrera más satisfactoria para Margot: «Terminarla me facilitó el visto bueno del organizador del Dakar para participar». Convirtiéndose en la primera piloto andorrana en competir en ese raid. Una etiqueta que «no me supone presión. Si puedo animar a otras chicas a que se sumen seré muy feliz«, reflexiona. 

De momento se conforma con acabar. Al ser su primer año, considera que buscar una buena posición podría ser muy arriesgado, por posibles caídas o averías mecánicas. 

Cuando estudiaba, solía hacer ejercicios de meditación antes de los exámenes para relajarse, pero en las carreras las tornas cambian: «Me concentro un día antes sin darme cuenta. Me pongo en situación, visualizo la carrera e, inconscientemente, mi cuerpo se pone en «modo avión» para ahorrar toda la energía posible, porque no sé en qué momento la voy a necesitar».

Son carreras «muy salvajes» por eso, en los días en los que a lo mejor no le apetece entrenar siempre termina haciéndolo. «Si me salto un día por pereza no me voy a dormir tranquila. También me pongo en situación, y es que en el Dakar, después de una semana y media de 12h encima de la moto, el día siguiente me tocará hacerlo otra vez, así que es un entrenamiento mental también», concluye.

«En este tiempo he podido frenar en seco y reflexionar sobre muchas cosas»

Margot se define como una persona muy positiva. Una faceta que le sirve de gran ayuda en los rallys: «Cuando me pierdo en medio del desierto debo mantener la calma y ver lo positivo, porque si no, estaría perdida«. 

Quizás, por eso, no le ha resultado complicado ver el lado bueno de la situación que estamos viviendo: «Por fortuna, no nos ha afectado de lleno en nuestra familia. He podido frenar en seco y reflexionar sobre muchas cosas», señala. 

Ha tenido que compaginar los entrenamientos no solo con la carrera, sino también con otros trabajos. La escasez de financiación en determinados deportes femeninos es un tema que cada vez está más sobre la mesa. En ese aspecto, Margot tiene claro que lo principal es tener una buena comunicación. «La financiación llegará cuando los deportes minoritarios tengan la visibilidad que se merecen. Poco a poco, con los medios que os preocupáis por estos deportistas, como Sportfem, lo iremos consiguiendo. El patrocinador busca buena repercusión y los deportistas debemos pelear para que la obtengan. Estáis haciendo un trabajo increíble», agradece. 

Por fortuna, Margot cuenta con un «plan b». Ahora está totalmente enfocada con el Dakar, pero en un futuro le gustaría compatibilizar su pasión por las motos con su trabajo como ingeniera. «Por eso tomé la decisión de lanzar el proyecto de Dakar tan joven».

Porque, como descubríamos al principio, para Margot el deporte es su vida. «Sabía que, de una manera u otra, mi vida iba a estar siempre vinculada al deporte. Es como si me faltase algo si no lo practico todo los días«, confiesa.

En su tiempo libre, si es que le queda algo, le gusta hacer construcciones de cemento, ayudar en el huerto familiar o hacer deporte con sus amigos. Lo que más admira de una persona es la resiliencia y eso es algo que le sobra a Margot. «He descubierto que soy increíblemente perseverante. Cuando tengo un objetivo sigo adelante cueste lo que cueste, incluso renunciando a otras cosas que también me pueden gustar», reflexiona.  

Su lema de vida: confía en el proceso. Por eso, insiste: «Ten paciencia y lucha. Nadie va a llamar a tu puerta para que cumplas tu sueño«. 

Le gustaría que le recordasen como «una chica que convirtió un sueño en un objetivo y logró hacerlo realidad con gente maravillosa a su alrededor». Con más gasolina que nunca, su sueño está apunto de cumplirse. Y, desde Sportfem, estamos seguros de que el Rally Dakar será el primero de muchos, porque Margot solo tiene 24 años y toda una vida por delante. 

 

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