Todo parece imposible hasta que se consigue. Es el lema de vida de la regatista Blanca Manchón (Sevilla, 1987): «Me lo aplico a muchos ámbitos de mi vida, no solo al deportivo». 

Lleva desde los 12 años luchando por conseguir becas, patrocinadores y, en definitiva, una oportunidad para poder vivir del mar. De conseguir grandes cosas a base de esfuerzo sabe, y mucho, esta sevillana. Con solo 17 años, consiguió quedar octava en la clase Mistral de los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004. «Ir a los primeros juegos fue un regalo. Era como estar dentro de una película donde ves a todos los deportistas más famosos del mundo que no paran de ganar medallas y tú estás en la Villa Olímpica con ellos», recuerda. 

 

Blanca Manchón

«Me han dado el regalo de sumar un año más a mi carrera deportiva»

Su sueño olímpico volvía 15 años después: Blanca se clasificaba para representar a España en la clase RS:X en Tokio 2020. Esta nueva oportunidad la vive de una manera totalmente distinta. «Sabes lo que cuesta estar allí, lo aprecias y te lo planteas como una gran oportunidad de visibilidad mediática. Es lo único por lo que entreno cada día y lo que realmente me mantiene viva dentro del mundo competitivo: poder optar a una medalla olímpica», confiesa. 

Sin embargo, a causa de la pandemia, tendrá que esperar un año para poder volver a defender nuestros colores. Una noticia que, si bien para muchos ha sido toda una desilusión, Manchón ha recibido con mucho positivismo: «Me han dado el regalo de sumar un año más a mi carrera deportiva«. 

Para Blanca fue un alivio que aplazaran los juegos porque durante los últimos meses no había podido competir ni entrenar: «Aunque al principio se te viene el mundo encima, sobre todo porque piensas que es una temporada perdida, después empiezas a encontrar cosas positivas. Ahora veo que fue la mejor decisión«. 

Acababa de aterrizar de Australia cuando empezó el confinamiento y le costó un poco «asimilar todo lo que estaba pasando. Pero como a todo el mundo, supongo. Fueron, y son, tiempos de incertidumbre constante respecto a lo personal, laboral y deportivo», comenta.

Pasar de tener prácticamente todos los meses competiciones, y estar horas y horas en el mar, además de largas sesiones de gimnasio, a no poder salir de casa, y con la incertidumbre de si cancelarían o no los Juegos Olímpicos, Blanca tuvo que ingeniárselas para seguir entrenando en el agua. Así que, agarró su tabla y fue directa a la piscina. Unas imágenes que rápidamente se hicieron virales: «Necesitaba no perder los callos de las manos y mantener activa la musculatura específica que usamos los windsurfistas encima de la tabla», asegura que cuando cambiaron la fecha de los juegos, no se metió más. 

Pasar tantas horas dentro de casa pasa factura de muchas maneras y, como a muchos, le ha costado no hacer viajes a la nevera. En ese aspecto, Blanca incide en que ha intentado cuidar lo máximo posible su alimentación: «Me temía lo peor; sobre todo con el frigorífico siempre tan cerca. Hice mucho trabajo de fuerza durante la cuarentena y he ganado masa muscular, pero de peso me he quedado igual, así que estoy contenta». 

El mar es el elemento de Blanca

Volver al mar

Después de más de 70 días, el pasado cuatro de mayo llegó el reencuentro más esperado: el mar. De momento, Blanca vuelve a los entrenamientos de manera progresiva. Sin un calendario deportivo detrás, prefiere tomárselo con calma. Una toma de contacto con su tabla, pero no con su entrenador, Federico Expósito. Al ser italiano, ambos tendrán que esperar hasta la apertura de fronteras. 

Si todo va bien, su primera concentración será en casa, en Cádiz. Ya tiene en mente todas las cosas que quiere hacer cuando todo se calme: «Me encantaría volver a mi base de invierno en Lanzarote a partir de octubre y luego competir en todos los eventos que haya. Echo muchísimo de menos la competición y la adrenalina», confiesa.

La primera prueba será el Europeo de Atenas, si no hay ningún cambio. La fecha está fijada a finales de noviembre, pero al no existir una confirmación oficial todo puede desmoronarse. Así que mientras, como otros tantos deportistas, vive la incertidumbre de no saber si competirá o si tendrá presupuesto para hacerlo

El tema económico se ha presentado en más de una ocasión como un quebradero de cabeza para la windsurfista. Hace cuatro años, después de haber sido olímpica y haber ganado varios títulos mundiales, se quedó embarazada. Empezó a ver cómo, uno a uno, sus patrocinadores fueron retirándole el respaldo: «Fue triste y decepcionante, un golpe de realidad tremenda«, recuerda.

Argumentaron que su actividad simplemente ya no les encajaba. Blanca incluso acudió a la Real Federación de Vela, pero tampoco le ayudaron. Entonces decidió que su pasión era mucho más fuerte que todos los obstáculos, y buscó la manera de seguir, costara lo que costara: «Me sirvió como motivación, me dio una fuerza que pensé que no tenía. Ahora estoy con un patrocinio privado que me permite dedicarme al deporte al 100%, además de contratos de imagen y charlas», apunta.

Una motivación que consiguió transformar en éxito: Siete meses después de haber sido mamá, y de que le cerraran la puerta por eso, se proclamaba en 2017 Campeona del Mundo de la clase Raceboard en Salou, Tarragona. 

Blanca y su hijo Noah

«Me transformo cuando estoy dentro del agua»

Blanca tiene por costumbre ponerse objetivos a corto plazo. Un método que, ahora más que nunca, le ha resultado muy beneficioso: «Al ver cerca la meta siempre estoy motivada. Porque si no, me cuesta darlo todo sabiendo que la prueba puede ser en ocho meses, por ejemplo».

Aun así, en los días en los que se encuentra más saturada, intenta cambiar su rutina para desconectar. Hace años tuvo una lesión que le afectó mucho psicológicamente: «Me creó mucha inseguridad. Me daba miedo no poder estar al 100% cuando quería», explica. Por eso trabaja diferentes técnicas de relajación y concentración, a través de la respiración; sobre todo de cara a entrenamientos o competiciones: «Antes de salir al agua tengo mi protocolo para centrarme al 100%, porque en los últimos años he tenido muchos problemas de concentración en plena competición. Trabajar estos aspectos me ha ayudado mucho en la temporada pasada», comenta. 

Se define a sí misma como una persona muy tranquila y algo tímida, pero asegura que cuando está en contacto con el mar, algo cambia dentro de ella: «Me transformo cuando estoy dentro del agua«. 

Tiene claro que la confianza es la clave del éxito, quizás por eso se ha proclamado campeona del mundo hasta en seis ocasiones. ¡Una casi ni la cuenta! Cuando ganó su primer Campeonato Absoluto en la clase Mistral en 2005, su entrenador de entonces se equivocó con los puntos y le dijo que había quedado segunda: «Menos mal que se acercó una de prensa y me dio la enhorabuena por el título mundial», comenta entre risas.

Las matemáticas casi le cuestan el título, pero galardones es precisamente lo que no le falta a Blanca. Recuerda con especial ilusión el Premio Rolex a Mejor Navegante del Mundo en 2011. «Es como el Balón de Oro del Windsurf», apunta. 

En 2010, fue nombrada Regatista Mundial del Año por la Federación Internacional de Vela, convirtiéndose en la segunda española que ha recibido esa distinción, después de Theresa Zabell en 1994. 

 

«Insistir, trabajar, sacrificarse, no existe un camino fácil para conseguir grandes cosas»

En sus ratos libres a Manchón le gusta cocinar, ir al cine, o diseñar para su firma de ropa de baño femenino, Triboo Swims. También es la dueña del centro de entrenamiento personal Training For Gold en Sevilla. 

Por eso, aunque no sabe muy bien qué hará de aquí a unos años, Blanca tiene claro que siempre estará vinculada al deporte. «Es mi estilo de vida, mi complemento, es lo que me mantiene viva para afrontar la vida en general«.

Echando la vista atrás, está segura de que se puede sacar algo positivo de los últimos meses que nos ha tocado vivir. Para la sevillana, le ha servido como una oportunidad de valorar las cosas desde otra perspectiva: «He aprendido a vivir con menos y a gestionar mis emociones de una forma en la que yo decido qué es lo que me afecta y lo que no». 

Considera que iniciativas como Sportfem sirven de altavoz para todas las deportistas profesionales y consiguen que sus experiencias sirvan de motivación para más gente: «Ayuda a que la sociedad empiece a normalizar otras realidades como ser madre, deportista, y empresaria a la vez». 

Ese triángulo de maternidad, deporte de alto rendimiento y trabajo, le ha costado más de un disgusto y muchos sacrificios. «Insistir, trabajar, sacrificarse, no existe un camino fácil para conseguir grandes cosas«, argumenta.

Perseverancia. Una palabra que Blanca siempre tiene en mente, y un estilo de vida que le llevará directa al podio de los próximos Juegos Olímpicos. 

 

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