Si hay un sinónimo claro del patinaje artístico sobre hielo en nuestro país es Sara Hurtado (Madrid, 1992). Con apenas ocho años, su madre le apuntó en la escuela de patinaje de Majadahonda, Madrid. Lo suyo con el hielo fue un amor a primera vista: «Era algo que llevaba dentro, y casi sin darme cuenta, despertó algo en mí que se volvió una necesidad. Los días que iba a patinar eran los mejores de la semana».

Por aquel entonces la danza sobre hielo no era una modalidad muy famosa en España. Fue gracias a la insistencia de varios patinadores por lo que la Federación Española de Deportes de Hielo contrató en 2008 a un entrenador de danza, el británico John Dunn, el primer mentor de Sara. 

Aunque primero comenzó en la categoría individual, fue su etapa con el patinador Adrià Díaz, al año de empezar, en 2009, la que impulsaría su carrera. Juntos, ganaron cuatro medallas internacionales sénior, se convirtieron en el primer equipo de baile sobre hielo en representar a España en una competición de la Unión Internacional de Patinaje sobre Hielo, y también en clasificarse para los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en 2014, donde acabaron en decimotercera posición

Un dúo con el palmarés lleno de éxitos (llegaron incluso a alcanzar el quinto puesto en el Europeo de Patinaje), que complicó la decisión de Sara de separarse en 2015 y abandonar los entrenamientos con Adrià en Montreal: «Fue muy difícil y un cambio muy importante al que enfrentarme, pero lo hice tomando las riendas de esa decisión. Tenía claro que ese camino me había llevado muy lejos y también que era el máximo que me podía dar y era hora de cambiar de vida. Ya no me aportaba felicidad», confiesa.

 

«Me enfrenté a mis segundos Juegos Olímpicos como si fuesen un regalo»

Adrià encontró rápidamente un reemplazo gracias a la británica Olivia Smart, pero Sara no lo tuvo tan fácil. Recibió muchos correos de patinadores interesados en ser su pareja, pero ninguno le convencía. En febrero de 2016 perdió la motivación hasta el punto de pensar en retirarse, pero Kirill Khalyavin, subcampeón de Rusia, apareció a modo de salvavidas. También acababa de quedarse sin pareja (y actual esposa), Ksenia Monko, debido a una lesión. 

Sara recuerda su elección como dura y emocionante a partes iguales. No sabía si se volvería a encontrar cómoda patinando con alguien, y estaba el añadido de mudarse a Rusia, pero fue a por todas, decidida: «Hice una apuesta por un nuevo equipo con las cosas muy claras. El camino de vuelta ya sabía hacerlo. Aposté por volver a competir, volver a patinar, volver a enamorarme de este deporte y recuperar esa ilusión por mejorar».

Kirill resultó ser baza ganadora: en su primera temporada juntos ganaron el Campeonato de España y acabaron decimoterceros en el Europeo. De hecho, el momento más satisfactorio de la carrera de Hurtado fue junto a Kirill en sus segundos Juegos Olímpicos en Pyeongchang en 2018. «Llegamos después de dos temporadas juntos, tuvimos muy poco tiempo, por lo que trabajamos inmensamente. Me enfrenté a esos juegos como si fuesen un regalo, después de haber pasado una temporada en la que pensaba que mi carrera deportiva había llegado a su fin. Me reafirmó como deportista y me demostré a mí misma de lo que soy capaz», afirma. 

Sara y Kirill están muy unidos. Fuente: @irishwinter

«Estar separada de Kirill es como si me quitasen un brazo»

Como a muchos, la pandemia por la COVID-19 le pilló por sorpresa; el nueve de marzo de 2020 volvió a Moscú para retomar sus entrenamientos. Tan solo cuatro días antes, se habían reforzado las medidas de seguridad: «Me enteré nada más aterrizar: todo el que llegase de un vuelo internacional de un país afectado tenía que guardar 14 días de aislamiento. No había demasiados casos, pero de todas formas me tuve que aislar; me sirvió de preparación para lo que llegaría después: el aislamiento de toda Rusia y la cuarentena en Moscú«.

Pasaron las dos semanas reglamentarias y pudo salir a dar un paseo, o a hacer la compra, pero esa libertad le duró poco porque el 30 de marzo Moscú decretó el confinamiento para todos sus habitantes, rompiendo por completo sus esquemas: «Esos días, estábamos con la construcción de los programas para la temporada que viene. Ha destrozado todo el plan de preparación de la temporada. Verte separada de tu compañero, y del hielo y no saber cuándo vas a volver, es una situación muy difícil», explica la patinadora.

Su disciplina requiere una gran confianza en la pareja, para ello es necesario que pasen el mayor tiempo posible para que se puedan entender y complementar mejor en la pista. Por eso, Sara está notando mucho la separación de Kirill: «Pasar de ocho horas diarias con tu compañero a nada es como que te falta un órgano vital, como si de repente te quitan un brazo«.

Sin embargo, ambos se las están ingeniando para poder estar en contacto lo máximo posible, incluso Kirill ha aprovechado estos días para aprender español. «Hablamos bastante a menudo, ya no es solo porque tenemos que ir avanzando o por ver cómo andamos físicamente, sino porque nos echamos bastante de menos y así nos hacemos compañía. Aunque él lo está pasando con su mujer y su gato, entonces tiene más compañía que yo«, comenta entre risas.

 

Sara durante una exhibición en Madrid. Fuente: @el_fotografo_del_ayun

«Intentamos mantener la forma física lo máximo posible, pero es muy difícil estar al mismo nivel que antes»

Cuando se dieron cuenta de que la situación iba para largo, tocó redefinir la temporada y preparase de una manera diferente. 

Antes del parón, Hurtado dedicaba una media de ocho horas diarias al patinaje: «Cuatro horas de hielo de lunes a viernes. Los lunes, miércoles y viernes teníamos una hora de ballet; los martes y jueves una hora de elevaciones fuera del hielo. Por las tardes el físico y entre medias alguna clase de baile de salón para complementar el trabajo de baile». Todo eso con alguna hora extra de hielo, especialmente en temporada, para que la coreografía esté preparada al milímetro. 

Ahora se prepara desde casa, donde, como muchos, su salón se ha convertido en un gimnasio improvisado. «Nuestro preparador físico nos manda series de circuitos todos los días. Intentamos mantener la forma física lo máximo posible, pero es muy difícil estar al mismo nivel, porque esas ocho horas de ejercicio físico al día se han reducido a dos, como mucho tres, (si puedes sacar una segunda sesión) y es un cambio bastante importante», relata. 

Toda moneda tiene dos caras, y esta situación no iba a ser menos: Hurtado tiene más tiempo para pensar en coreografías y descubrir música nueva, pero con la limitación de no conocer el reglamento de la próxima temporada. Una sensación que describe como agridulce: «Nos ha venido muy bien para retomar ese research creativo, pero al no saber qué tiempo vas a tener para preparar nuevas coreografías, a lo mejor no vamos a poder preparar algo muy diferente de lo que teníamos», explica preocupada.

Cada país tiene diferentes normativas, y el calendario de las competiciones se presenta como una incógnita más, sin embargo, Sara ha conseguido encontrar una aliada en todo este proceso de cambios: la meditación. «Dedico unos minutos a respirar y centrarme en lo que quiero sacar de ese día. Intento prestar atención a cómo me siento, a las emociones y a los pensamientos que se van cruzando, porque están siendo días muy complicados, de altos y bajos, de vivir todo súper intenso, de estar muy sensible a las noticias…», asegura que ese ejercicio consigue que el día tenga una intención diferente. 

También está conociendo más a fondo la disciplina del yoga y está aprovechando para leer todos esos libros que tenía pendientes, o actualizar las playlist de música. Como todos, ha creado una rutina para intentar mantener un poco de orden durante el confinamiento: «Organizo y planifico los días. Intento mantener esa rutina, no al mismo nivel que cuando estamos en activo, pero sí dedicarme un tiempo al ejercicio físico, un tiempo a hablar con mis amigos, un tiempo a cocinar y alimentarme bien…mantener esa rutina consigue levantarme un poco el ánimo«, afirma.

Durante estos dos meses le ha pasado casi de todo: «He tenido que salir corriendo a las 11 de la noche de mi edificio por una alarma de incendio. Estaba nevando, hacía frío, me acordé de coger el pasaporte de puro milagro y, mientras, llamaba a Kirill para que me tradujera lo que se estaba diciendo por megafonía. Luego supimos que fue un fallo de una de las puertas de entrada de un portal y se quedó en una anécdota graciosa que recordar», comenta aliviada. 

 

Sara está pasando el confinamiento en su piso de Moscú. Fuente: @sarasobrehielo

«Si no volvemos a competir pronto, a lo mejor nos toca colgar los patines»

Confiesa que nunca había estado tanto tiempo separada del hielo: «Desde los ocho años no había parado de patinar más de un mes como mucho, que fue cuando volví de Montreal para tomarme un tiempo de descanso. Y sí que lo estoy notando; es algo que nunca había vivido y creo que jamás volveré a vivir, o espero no hacerlo porque echo el hielo muchísimo de menos», de hecho, se sigue calzando los patines de vez en cuando para evitar que el pie se desacostumbre y se resienta a la vuelta. 

Una vuelta que ve bastante difusa: «No sabemos cuándo vamos a volver a competir. Todo corre riesgo porque el deporte es muy vulnerable y nuestra situación también. No estamos en posición de poder aguantar así durante mucho tiempo; si no volvemos a la práctica y a competir pronto, a lo mejor nos toca colgar los patines. Son cosas que dan mucho miedo, pero que están ahí».

Aun así, Sara está convencida de que saldremos más fuertes. Para ella, es en los momentos difíciles cuando más se aprende: «Podemos aprender a valorar lo que tenemos y apreciar las cosas de una manera diferente, ver el mundo con otros ojos, saber dar importancia a otras cosas que a lo mejor antes no valorábamos de la misma manera y que ahora al no tenerlas nos ha abierto los ojos y nos ha hecho recapacitar».

Asegura que el saber perder es algo que los deportistas aprenden desde pequeños, pero que a su vez, son muchos los que se están enfrentando a esa sensación por primera vez y que precisamente es eso lo que ayudará a ver las cosas desde otro prisma: «Me lo tomo como una apertura de corazón y de ver cómo puedo crecer como persona para que cuando salgamos de esto valore más la oportunidad que tengo de seguir practicando mi deporte y de seguir compartiendo momentos y experiencias con los míos». 

Momentos que, admite, tuvo que sacrificar por el hielo. Para Hurtado, el sacrificio más importante que ha hecho en su vida es el tiempo con los suyos: «El tiempo con mi familia, con mis amigos, con mi gente…ese tiempo que he tenido que invertir en prepararme, en competir, en trabajar y en luchar por este sueño», pero asegura que lo volvería a hacer.

Resulta irónico, pero cuando más separados tenemos que estar, es cuando más unidos nos hemos visto, y el caso de Sara no es una excepción: «Nos hemos vuelto expertos en Skype y Zoom porque hemos visto esa necesidad de no dejar de lado a la gente que queremos. Me he visto hablando con mis amigas de España mucho más de lo que hubiese hablado en una situación normal estando en Moscú. Esto me ha venido bien para tener ese acercamiento con ellas».

Sara ve la vida bajo unas gafas de positivismo, para los suyos siempre está sonriendo y hasta de los momentos más difíciles sabe sacar algo bueno. Sin embargo, cree que está viviendo la situación más dura a la que se ha enfrentado nunca, tanto como deportista como persona: «Creo que mayores dificultades que esta no me he encontrado; mayor incertidumbre que la que estamos viviendo ahora no he pasado en mi vida».

Quizás ahora cueste más que nunca echar un vistazo al futuro. Dentro de la incertidumbre, la madrileña tiene un objetivo fijado: «No sé dónde me veo pero espero que habiendo pasado unos terceros Juegos Olímpicos en el 2022.  No sé dónde voy a estar, si en Moscú en Madrid, o en Honolulu, de un día a otro la vida puede cambiar».

Llegue donde llegue, ahí estará Sportfem para contarlo, un medio que para Hurtado, sigue haciendo mucha falta: «Ojalá en un futuro no fuese necesario distinguir entre deporte femenino y masculino. El deporte es deporte, no tiene género«.

Después de esta «radiografía» de Sara, hemos descubierto a una joven con mucho talento e ilusión, a la que simplemente le gustaría ser recordada como una buena persona. «Es lo máximo a lo que puedo aspirar», confiesa.

Una mujer que tuvo un sueño: dedicarse al patinaje. Y lo persiguió hasta cumplirlo. Mientras, sigue soñando con volar alto, alcanzar nuevas metas, regalándonos su arte y dejando huella en lo que mejor sabe hacer: patinar.

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