«No hay objetivos militares aquí; es una completa mentira que solo estén atacando a grupos terroristas. Disparan artillería, llevan a cabo bombardeos…El Ejército sirio está atacando una ciudad de civiles, muertos de hambre y de frío». Esas fueron las últimas palabras de la reportera de guerra, Marie Colvin (Estados Unidos, 1956), horas antes de su muerte, durante una conexión para el canal de televisión estadounidense, CNN. Quería abrir los ojos a un mundo que pensaba que el presidente sirio solo dirigía sus armas contra los terroristas del Estado Islámico. 

En su afán por contar la verdad, tras varias semanas de bombardeos y ataques, el edificio donde se encontraba, convertido en un improvisado centro de prensa, fue alcanzado por artillería del Ejército sirio, acabando con la vida de Marie y un fotógrafo francés, e hiriendo a dos periodistas y a un traductor local. 

Tres décadas de una carrera periodística brillante acabaron entre las ruinas de un país sumido en la miseria. 

«El coraje consiste en no tener miedo a decir que tienes miedo»

Marie estudió Periodismo en la Universidad de Yale y dio sus primeros pasos en la agencia de prensa United Press International, donde llegó a ser jefa de la delegación en París. Sin embargo, nunca fue una periodista de redacción, por eso, en 1986, firmó con The Sunday Times y se convirtió en su corresponsal en Oriente Medio. Un periódico que la hizo tremendamente popular en Reino Unido, mucho más que en su país natal, y con el que colaboró hasta el día de su muerte. 

Como enviada especial, Marie cubrió conflictos a lo largo y ancho del globo. Era (y es) todo un referente de la cara más dura de un periodismo nada agradecido, como es el de conflictos bélicos.

Siempre aferrada a su libreta, Colvin, ofrecía una visión más personal de las guerras. No se limitaba a dar cifras, se recreaba en los escenarios, presentaba a personas reales. Su afán por contar la verdad le llevó por todo tipo de escenarios bélicos, como Chechenia, Sierra Leona, Timor Oriental, Iraq, Afganistán o Sri Lanka. 

De hecho, Marie fue la primera periodista extranjera en acceder a las regiones del grupo Tamil en Sri Lanka en seis años, y la primera reportera occidental en entrevistar al dictador libio, Muamar el Gadafi, quien, se dice, se enamoró de ella

Fue precisamente en Sri Lanka, en 2001, cuando su leyenda comenzó a forjarse: perdió la visión de un ojo tras ser alcanzada por una granada. Como la princesa de Éboli, su parche se convirtió en toda una seña de identidad. Tenía el periodismo tan metido en las venas, que incluso siguió escribiendo sus crónicas desde la cama del hospital. Nada conseguía acobardarla. «El coraje consiste en no tener miedo a decir que tienes miedo», solía decir.

 

Marie Colvin en 'The Sunday Times'. Fuente: Associated Press.

Siria, el principio del fin

Los que trabajaban con ella decían que no le temía a nada y que tenía un carácter muy fuerte. Marie se divorció hasta en tres ocasiones y tuvo varias relaciones que no llegaron a ningún puerto; siempre se echaba la culpa de sus fracasos amorosos: «Quizá no sirva para llevar una vida normal». 

No fue hasta 2012 cuando conoció al fotógrafo británico Paul Conroy. Conectaron de inmediato; Conroy se convirtió en el mejor confidente de la reportera. Juntos decidieron poner rumbo a Siria, el país con la contienda más cruel a ojos de Colvin. Un viaje del que solo regresaría uno de ellos. 

En su último artículo para el The Sunday Times, retrató la situación en Siria como dantesca: civiles atrapados, bombardeos, ataques de artillería, hambre, miseria…Denunció cómo había visto con sus propios ojos la muerte de un bebé por los bombardeos de las tropas de Bashar al-Ásad en Homs.  Marie no dejó de pedir, durante ni un solo día, la ayuda de otras naciones del mundo: «En Siria nadie entiende cómo la comunidad internacional permite que esto ocurra«. 

Hasta que el 22 de febrero de 2012, la metralla le alcanzó. Su muerte no fue una sorpresa para su familia; temían desde hace tiempo que el Gobierno sirio quisiera silenciar a periodistas extranjeros como Marie. «No fueron bombardeos esporádicos, fueron continuos y con un patrón de objetivos. Así que lo sabíamos desde el principio», lamentaba su hermana, Cathleen. 

Pasaron diez días hasta que la Media Luna Roja entregó el cuerpo de Marie Colvin a la Embajada de Polonia en Damasco. Y un mes después, en marzo de 2012, su familia pudo celebrar su funeral en Nueva York. 

Cuatro años después, en 2016, su familia se armó de coraje y denunció al régimen de Bashar al-Ásad por la muerte de Marie. La demanda civil llegó a un tribunal en Estados Unidos y, a principios del año pasado, el juez dictaminó que el Gobierno sirio había cometido un acto de asesinato extrajudicial, y lo condenó con más de 260 millones de euros de indemnización.

 

Cartel del documental de Chris Martin

A pesar de tener miedo, pasaba siempre por encima de él

Como Colvin, más de 220 reporteros han muerto en Siria desde el inicio del conflicto en 2011.

Los que la conocían o habían oído hablar de ella, creían que Marie era una mujer que no conocía el miedo, porque regresaba al frente una y otra vez, a sabiendas de que se jugaba la vida. Sin embargo, su hermana Cathleen no opinaba así: «Se preocupaba más por defender a los inocentes que por su propia seguridad, pero tenía miedo. Creía que lo importante era superar ese miedo y volver«. 

Allí donde se gestaban las mayores atrocidades iba ella. Una vocación incomprendida por muchos que le trajo grandes consecuencias más allá de la propia muerte: Colvin sufría ataques de pánico, ansiedad, insomnio…Asumía su labor de informar, pero a un precio demasiado alto.

Su gran trabajo y su heroica entrega le llevaron a recibir diversos premios y reconocimientos: ganó dos veces el Premio de la Prensa Británica a la Mejor Corresponsal, además del galardón a la Valentía en el Periodismo de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios, y el de Mejor Periodista del Año, de la Foreign Press Association

Lo cierto es que su figura siempre despertó mucho interés. Su vida ha sido adaptada al cine con la película La Corresponsal, protagonizada por Rosamund Pike y Jaime Dornan, que interpretan a Marie y Paul. El director Chris Martin tampoco quiso perderse la oportunidad de filmar un documental sobre Colvin, titulado, Misión Mortal (Under the Wire); una adaptación de la novela autobiográfica de Paul Conroy, que lleva el mismo nombre.   

Marie Colvin fue una mujer fuerte convertida en leyenda, que murió demasiado pronto, a los 56 años. Informó sobre los horrores de mil guerras, dio voz a los que no la tenían y llegó a sitios que parecían no existir a ojos de la opinión pública.

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