La preocupación global por la deslocalización industrial, el maltrato animal, la explotación de los trabajadores y la degradación del medio ambiente aumenta cada día. El “consumismo ético” propone basar las compras en decisiones éticas, sostenibles, críticas y responsables.

El antiguo paradigma basaba la adquisición de un bien en tres criterios: que el producto satisfaga las necesidades, que la calidad-precio sea buena, y que su uso proporcione felicidad. Ahora se suma un cuarto estadio ético relacionado con el impacto del producto en el planeta.

Se está viviendo un cambio de conciencia a nivel mundial, que también ha repercutido en el sector millonario de la cosmética. La cosmética ética tiene como objetivo respetar el medio ambiente a través de la sostenibilidad, fabricando productos eco-friendly hechos de ingredientes naturales, biodegradables y reutilizables, que sean producidos de forma respetuosa, y distribuidos mediante comercio justo.

La información es poder

Ser conscientes de lo que consumimos supone un cambio sustancial en la forma de relacionarnos con nuestro entorno. Para ello, es necesario cuestionarse el origen de todo lo que adquirimos, principalmente de los productos cosméticos, alimenticios y textiles.

Podemos aproximarnos al origen y características de la cosmética ética desde diferentes prismas, que puestos en común nos proporcionarán una foto general del sector con la que podremos tomar de forma consciente decisiones que antes tomábamos de manera automática.

En rasgos generales, la cosmética orgánica y ecológica están fuertemente relacionadas, ya que ambas contribuyen de una forma u otra a la protección del planeta y de los seres vivos.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO): “la agricultura orgánica es un sistema global de gestión de la producción que fomenta y realza la salud de los agro-ecosistemas, inclusive la diversidad biológica, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo.”

Pero existe una diferencia determinante entre cosmética orgánica y cosmética ecológica, la primera está formulada con ingredientes naturales, mientras que la segunda además cuida activamente del medio ambiente.

Para saber si un producto es orgánico debemos fijarnos en la etiqueta, su composición debe tener más de un 95% de ingredientes naturales. De momento no existe una legislación concreta que establezca los requisitos que debe cumplir una marca para ser considerada ecológica, pero existen varios términos determinantes a la hora de señalar la “ética” de un producto:

Cruelty-free y vegano: Hace referencia a que el producto no ha sido testado en animales y además en su composición no hay ingredientes de origen animal.

Ingredientes naturales procedentes de agricultura ecológica: La agricultura ecológica tiene como objetivo la obtención de productos naturales de óptima calidad, libres de residuos, minimizando el impacto humano en el medio ambiente. Además, la selección de componentes naturales aumenta la eficacia de los principios activos del producto.

Packaging sostenible: La mayor parte de los residuos que generamos son envases. En la lucha contra la contaminación de los plásticos en nuestro ecosistema, cada vez son más las marcas que presentan sus productos mediante packaging sostenible. Los clientes ya no solo valoran que el packaging sea atractivo y novedoso, sino que prefieren que sea sostenible, biodegradable y reutilizable.

Comercio justo: Esto afecta a toda la red de distribuidores, empleados y diferentes involucrados en el proceso de producción, garantizando que los vínculos contractuales sean legítimos y justos.

Marcas eco
APoEM, la poesia hecha cosmética.

APoEM es una marca fundada por Paula Gugliotta y la visión de unir mediante sus conocimientos de botánica la aromaterapia (aceites esenciales con propiedades terapéuticas) con la fitoterapia (extractos vegetales), para formular productos que transmiten una experiencia sensorial única.

Otro gran titán de la cosmética ecológica es Freshly Cosmetics. Mireia Trepat, Miquel Antolín y Joan Miralles son tres ingenieros químicos de Tarragona, que decidieron unir sus fuerzas para levantar una marca aspiracional única.

Los productos están elaborados sin fenoxietanol, sulfatos, siliconas, ni ningún derivado del petróleo o perfumes sintéticos. Freshly es una empresa focalizada en la experiencia de compra que, al más puro estilo millenial, usa como canales de comunicación las redes sociales, vendiendo online sin necesidad de levantar tiendas físicas.

En palabras de Mireia Trepat, socia de Freshly: “Los primeros laboratorios que visitamos se reían de nosotros, por nuestra edad (25 años) y por el desconocimiento total del sector. Pero éramos como una esponja y en cada negativa, mejorábamos. El último laboratorio que visitamos en Barcelona creyó en nuestra fórmula y, por fin, lanzamos el proyecto”

Freshly Cosmetics ha plantado 45.000 árboles en tres años en zonas deforestadas de Brasil y Zambia.

Otra marca nacional tener en cuenta es SAIGU, una empresa que nace del trabajo del químico menorquín, Gerard Prats, quien quiso introducir en el sector de maquillaje alternativas sostenibles que además tuvieran una calidad excelente. La identidad de SAIGU es única y transmite coherencia desde los valores que defiende hasta los productos que ofrece.

Según su fundador: «Queríamos crear una empresa desde la empatía y demostrar que no se tiene que explotar a nada ni a nadie para hacer un buen producto y ser rentable” Con este modelo de negocio, 100% online, Gerard ha dado respuesta a miles de consumidores que buscaban un maquillaje de calidad sostenible.

Diana Burillo se adentró en 2012 en el mundo de la cosmética con HandMade Beauty (HMB), una marca pionera en tratamientos terapéuticos sostenibles, que demuestra que un tratamiento puede ser eficaz y además respetuoso con el medio ambiente.  HMB es responsable, cruelty free, utiliza ingredientes bio certificados, orgánicos y fácilmente reconocibles en espacios pensados para el cuidado del cuerpo y la mente.

Centro HandMade Beauty, Conde de Xiquena, 17

Salad Code es una marca creada por Sonia Bernal, cuyos productos están formulados con ingredientes ecológicos y packaging reciclable. La marca está orientada a calmar las pieles más sensibles, que requieren de cuidados especiales para mantenerse equilibradas.

Lush en inglés significa fresco, verde, frondoso, delicioso.  Adjetivos que describen a la perfección la experiencia de esta marca inglesa que cotiza anualmente más de 36 millones de euros. El diseño de los puntos de venta de Lush está inspirado en la famosa tienda de quesos Neal’s Yard, muy famosa en Covent Garden, Londres.

La mayoría de los productos en stock son ecológicos y se presentan “desnudos”, sin envoltorios. Además, el entusiasmo de sus empleados es contagioso, logrando transmitir en el trato al cliente la pasión que sienten por esta brillante filosofía de marca.

“Los beneficios y la ética no tienen por qué ir por separado” (Mark Constantine, cofundador y presidente de Lush)
Cuidando la piel y el planeta

Esta imparable tendencia está respaldada con cifras que aseguran aún más el éxito de este cambio de paradigma en la cosmética. La consultora Grand View Research prevé un crecimiento de 25.110 millones de dólares para la cosmética natural y ecológica a nivel mundial en 2025.

Pero más allá del plano económico, apostando por los cosméticos ecológicos no solo cuidaremos de nuestra piel sino también del planeta. Una forma holística de consumir, que tiene en cuenta todos los engranajes que giran para que un producto es consumido.

En definitiva, los ingredientes ecológicos evitan el uso de químicos que pueden afectar a la tierra, elegir proveedores y colaboradores cercanos es la mejor manera de impulsar las economías locales, y disminuir la huella de carbono. Por tanto, la cosmética orgánica, desarrollada bajo criterios de sostenibilidad, contribuye a preservar la biodiversidad y es un pilar esencial para el cuidado de la salud.

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