Desde tiempos inmemorables, los seres humanos sienten la necesidad de aumentar su conocimiento para transformar la realidad que les rodea. La suma de estos conocimientos, así como la actividad destinada a conseguirlos, es lo que denominamos Ciencia. Este término deriva del latín scire y significa “El arte de saber”.

La ciencia, y en consecuencia la tecnología, son pilares indispensables para una sociedad que quiera desarrollarse económica, social, y culturalmente. De esta forma, es primordial fomentar la alfabetización científica en hombres y mujeres, para así garantizar el progreso de la humanidad.

Desgraciadamente, este escenario ha estado durante siglos reservado exclusivamente para los hombres, siendo apartadas de la carrera científica mentes brillantes por el hecho de ser mujeres. Gracias al sacrificio de muchas de ellas, que dedicaron su vida a luchar contra esta injusticia, este acusado desequilibro de género va remitiendo.

Pero aún queda mucho por hacer, y para ello es vital dar más visibilidad a las mujeres científicas, animar desde la infancia a las niñas en materias de STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), y trabajar para transmitir estos valores de igualdad a las próximas generaciones.

Las siguientes seis protagonistas son un ejemplo a seguir, por su determinación y coraje, pues aportaron verdaderos avances que han contribuido a mejorar el mundo en el que vivimos.

Sara Borrell: farmacéutica y bioquímica
 

Sara fue una investigadora científica, pionera en estudios relacionados con la bioquímica, que introdujo en la sociedad española multitud de técnicas y conocimientos que adquirió a lo largo de sus estancias en el extranjero.

Sara nació en Madrid en 1917, en el seno de una familia de ideología liberal, que apoyó los deseos de aprender de la pequeña. Ya en la adolescencia, la joven quiso estudiar ingeniería agrónoma, pero fue rechazada por ser mujer. Sin perder la ilusión por aprender, Sara se decantó por la carrera de farmacia, una profesión más extendida entre las mujeres de la época, de la que se graduó y doctoró con honores en 1944.

En 1949, Borrell consiguió una plaza como profesora en el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Allí realizó importantes estudios sobre las proteínas de leche, tesis que la llevó a colaborar con el investigador Norman C. Wright en el Instituto Hanna Dairy Research, en Escocia

Un año más tarde, el brillante científico y pensador, Gregorio Marañón, animó a Sara a complementar los estudios que cursaba en el extranjero sobre bioquímica y metabolismo de las hormonas, para trabajar en su recién inaugurado Instituto de Endocrinología Experimental.

En 1963, Sara pasó a dirigir la Sección de Esteroides del Instituto Gregorio Marañón. Ese mismo año, Borrell fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Española de Bioquímica. Más tarde, en 1983, se inauguró el Instituto Cajal del CISC, y nuestra protagonista pasó a formar parte de la plantilla de investigadores, hasta su jubilación en 1989.

Maryam Mirzajani: matemática y pensadora
 

Maryam redefinió la figura del genio, dejando a un lado la estereotipada imagen de un señor con gafas escribiendo fórmulas frenéticamente en la pizarra. Esta iraní desafió los límites de las matemáticas, siendo la primera mujer en recibir el Premio Felds, equivalente al Nobel de las matemáticas, en 2014.

Nacida en 1977 en Teheran (Irán), Maryam se graduó en Matemáticas en 1999 por la Universidad de Tecnología de Sharif. Tras ser la ganadora de multitud de campeonatos matemáticos, la joven emigró a Estados Unidos para poder realizar su tesis doctoral sobre geometría hiperbólica en la Universidad de Hardvard.

Más adelante, trabajó como investigadora en las universidades de Stanford y Princeton. Entre sus principales aportaciones, destaca el descubrimiento de atajos sobre superficies hiperbólicas. En un mundo hiperbólico, el camino más corto entre dos puntos no es siempre una recta, sino una curva geodésica.

Capaz de unir las piezas de cualquier rompecabezas, su creativa actitud ante los problemas matemáticos era única. La iraní comparaba esta actividad con estar perdida en la jungla e intentar salir de ella empleando nuevos trucos. Mirzakhani reconocía pasar horas en el suelo garabateando fórmulas y dibujos en largas hojas en blanco hasta que lograba dar con la solución al problema.

Esta enamorada del carácter eterno de las matemáticas, fue una revolucionaria en su forma de afrontar los misterios de la realidad. Con su temprana muerte, a los cuarenta años, se convirtió en un icono de la diversidad cultural y del empoderamiento femenino.

Valentina Tereshkova: ingeniera y astronauta
 

La aventura femenina en el espacio se inauguró con Valentina, la primera mujer en viajar a la estratosfera con 26 años en solitario en 1963. Una marca que no se ha vuelto a superar, pues aunque en los años posteriores han viajado mujeres al espacio, siempre han ido acompañadas.

Esta leyenda de la aeronáutica espacial, nacida en el seno de una familia humilde rusa en 1937, tuvo que abandonar el colegio a los ocho años para trabajar en una fábrica textil. Durante su adolescencia mostró un alto interés por el paracaidismo, uniéndose al Aeroclub local. Con 24 años pasó a trabajar como secretaria del Komsomol (Unión de Jóvenes Comunistas), pasando a formar parte del partido más adelante.

La URSS, que ya había lanzado con éxito el primer viaje espacial en 1961, buscaba una mujer para formar parte de su segunda expedición, llamada Vostok 5. Valentina reunía todos los requisitos para el cargo y fue elegida de entre 400 aspirantes.

Durante el viaje, la nave no lograba orientarse correctamente debido a un fallo técnico. Finalmente, tras 48 vueltas a la tierra y más de 70 horas de vuelo, el viaje espacial llegó a su fin en junio de 1963. Tereshkova logró culminar la expedición, descendiendo en paracaídas desde 6.000 metros de altura hasta un pueblo de Kazajistán.

Tras su viaje, Valentina se graduó en ingeniería espacial, pero decidió dedicar su vida al Partido Comunista, convirtiéndose en miembro del Soviet Supremo y del Comité Central del Partido Comunista. Tras el colapso de la URSS, se mantuvo políticamente activa, siendo una heroína para la Rusia post-soviética. En 2013, Tereshkova, con 76 años, expresó públicamente su deseo de ir a Marte, aunque el viaje fuera solo de ida. Ahora, con 81 años sigue siendo un personaje público que comparte su visión de la actualidad desde una perspectiva única.

Margarita Comas: pedagoga y bióloga
 

Durante el primer tercio del siglo XX, en España fructificaron ideas innovadoras relacionadas con la necesaria renovación de las prácticas escolares.  Famosa por sus contribuciones al mundo de la enseñanza, Margarita Comas destacó por querer introducir las Ciencias en el sistema educativo español, luchando para igualar el reconocimiento académico entre hombres y las mujeres.

Nacida en 1892 en Alahor (Islas Baleares), Margarita fue una de las primeras mujeres en licenciarse, y más tarde doctorarse en Ciencias Naturales. Seguidamente, viajó por Francia e Inglaterra empapándose de los avances educativos que habían brotado más allá de nuestras fronteras.

Su obra más reconocida es La coeducación de los sexos, cuyo fin es justificar la necesidad de terminar con las diferencias educativas entre hombres y mujeres. Desgraciadamente, su carrera fue interrumpida debido al estallido de la Guerra Civil en España (1936). Margarita tuvo que exiliarse a Inglaterra donde continuó activamente predicando la necesidad de una sociedad igualitaria hasta el final de su vida.

Katia Krafft: vulcanóloga y fotógrafa
 

Viajar visitando los lugares más peligrosos del mundo puede sonar algo descabellado para algunos, pero para Katia Krafft se trataba de una forma de vida. Junto a su marido, quiso arrojar luz inmortalizando un fenómeno poco conocido hasta la época: los volcanes.

Nacida en Francia en 1942, conoció al que sería su alma gemela y compañero de aventuras, Maurice, mientras estudiaba en la Universidad de Estrasburgo. Su primera aventura juntos tuvo lugar en el volcán Stromboli (Italia), donde lograron fotografiar su erupción. Al ver el interés de la comunidad científica en este material audiovisual, pudieron permitirse vivir de su vocación, viajando por todo el mundo.

Sin embargo, esta pasión de alto riesgo les costó la vida. En junio de 1991, mientras grababan las erupciones del monte Unzen, dónde la pareja quedó atrapada por un flujo piroclástico, que en cuestión de segundos se apoderó del valle. Katia y Maurice murieron en el acto junto a 40 periodistas que también cubrían las erupciones.

Gracias a sus reportajes gráficos, conferencias y libros, los Krafft ayudaron a las autoridades locales a convencer a la población de la necesidad de evacuar zonas de riesgo, salvando miles de vidas

Wanda Díaz: astrónoma
 

Nacida en 1983 en Puerto Rico, Wanda Díaz fue perdiendo la visión gradualmente debido a una retinopatía diabética. La joven quedó totalmente ciega mientras estudiaba la carrera de Física, una rama de la ciencia que requiere de la observación directa de la realidad. Aunque la recomendaron que abandonara su carrera, decidió seguir adelante con más fortaleza y determinación que nunca.

Continuó sus estudios doctorándose en la Universidad de Glasgow en 2013, y obteniendo una beca en el Observatorio Astronómico de Sudáfrica, en Ciudad del Cabo. Actualmente, trabaja en la Oficina de Astronomía para el Desarrollo, dirigiendo un proyecto relacionado con el estudio de los astros.

La trayectoria profesional de Wanda parte de la necesidad de buscar una forma alternativa de observar las estrellas. Gracias a la sonificación de datos astrofísicos, de la que es una precursora, Díaz pudo estudiar fenómenos astrofísicos, percibiendo su sonido y no su imagen. “Empecé a trabajar en otros medios perceptuales para poder analizar la información.”

Wanda ha demostrado que el sonido puede proporcionar información no visible al ojo humano, abriendo una nueva vía de exploración complementaria al sentido hegemónico en la ciencia: la vista.

Su historia es la de una mujer sin miedo a luchar por lo que quiere, que se ha hecho eco en conferencias internacionales hablando de la importancia de la inclusión en la sociedad: “Si a las personas con discapacidad se les permite acceder al campo científico, sucederá una enorme y titánica explosión de conocimientos”.

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