Cada vez queremos ser más conscientes del origen de los productos que compramos, ya sea por los ingredientes que llevan los alimentos de nuestra dieta, la trazabilidad de las prendas que vestimos y, en este caso, la formulación de los cosméticos que nos ponemos en la piel. Esta imparable tendencia, cada vez más comercial, es lo que se conoce como wellness o bienestar, nicho de mercado en el que la cosmética coreana lleva la voz cantante. 

¿Qué es el El K-Beauty?
 

La piel de las coreanas es la prueba irrefutable de los excelentes resultados que tiene su cosmética. Ésta se ha convertido en toda una leyenda en el mundo de la belleza, un sector en el que la categoría skincare o cuidado facial retribuye la mayoría de los ingresos anuales y que, según los expertos, crecerá 379 billones de dólares en los próximos cuatro años.

Skin First (“La piel primero”) es la filosofía coreana que parte de la idea de que la base de la belleza es la salud de la piel, antes de cubrirla con maquillaje debe ser tratada con diferentes productos, según la edad y las necesidades de cada persona.

La rutina de cuidados más extendida cuenta con 10 pasos, que pueden ser completados en aproximadamente 45 minutos. Lejos de ver esta extensa rutina como una obligación, las coreanas reservan una parte de su jornada para cuidarse sin prisas, dedicando tiempo cada día a su salud y amor propio.

Rutina coreana de 10 pasos.
 
Una tradición milenaria
 

La cosmética coreana se remonta al año 8000 a.C, del 918 d.C datan un sinfín de cremas y serums formulados a partir de extractos vegetales y aceites. El uso de cosméticos naturales o veganos, que son ahora tendencia en el mundo occidental, forman parte de esta rutina de cuidados desde hace milenios. Entre los ingredientes estrella de los productos coreanos destacan la vitamina C, la soja, el extracto de veneno de abeja, el aloe vera, el agua de arroz, el ginseng, las algas, o la flor de loto.

 

En los años 70, Corea se encontraba bajo una dictadura en la que se prohibió la importación de productos cosméticos. Debido a esta escasez comercial, en los años 80 los coreanos comenzaron a producir ellos mismos lo que necesitaban, incorporando a la mujer al mundo laboral, y logrando remontar su precaria situación en lo que se conoce como “El milagro económico”. 

 

Durante los 90, los surcoreanos fabricaban productos para otras empresas como marca blanca. Fue a principios del 2000, durante una profunda crisis económica en Corea del Sur, cuando comenzaron a exportar a nivel global en lo que se conoce como ola coreana o “Hallyu”, debido al descenso de la demanda interna.

 

Esta ola surcoreana engloba el K-Drama: series de televisión coreanas que se han viralizado por todo el mundo; el K-Pop: género musical muy popular en Corea; y el K-Beauty: término general para referirse a la cosmética coreana. Estos tres pilares constituyen una marca paraguas cuyo objetivo es ganar influencia global haciendo deseable la cultura de Corea del Sur.

 

Las principales claves del éxito global del K-Beauty son: la alta rotación e innovación de productos, su excelente relación calidad-precio, la amplia red comercial que garantiza la distribución internacional y el diseño de productos con una presentación muy atractiva. De entre las marcas de referencia del K-Beauty destacan empresas como Missha, Dr. Jart, TonyMoly o SkinFood.

Ejemplo de presentación de la marca Peripera.

En definitiva, el K-Beauty es una herramienta de confort e influencia global, que se sirve de la tecnología para ofrecer productos con unas características excelentes. Durante los últimos años, la continua innovación del mercado surcoreano en el sector de la cosmética ha aportado un soplo de aire fresco al mundo occidental, siendo hoy un referente internacional de éxito que no deja de crecer.

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